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La vida es un viaje de despedidas y bienvenidas

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Me pasé todo el tiempo en el avión pensando en las despedidas. Este viaje me hace pensar mucho en la vida. Hay algo que particularmente nos cuesta aceptar: todo se va. La vida involucra el cambio constante. Incluso la gente a tu alrededor cambia. El estar tanto tiempo en movimiento me enseñó, de a poco, a tomarme este hecho con calma.

Mi host en Singapur me dijo “no me gustan las despedidas, no soy bueno para esto”. Mi respuesta fue simple: generalmente no es una despedida definitiva a menos que lo quieras así. Si sentís ganas de pasar tiempo conmigo de nuevo podés tomarte un avión y visitarme o ver la forma de que eso ocurra.

La vida también trata sobre decisiones. Siempre al decidir algo estás dejando cosas de lado (costo de oportunidad). Por ende si verme es más importante que utilizar el tiempo para otro asunto, el dinero que gastás en el ticket y el esfuerzo, entre otras cosas, lo vas a hacer. Y sino es que elegiste hacer algo que te hace más feliz. A disfrutar del resultado final. No tiene sentido quedarse llorando por lo que dejaste de lado. Todo tiene consecuencias y beneficios. Vos decidís si querés ser de las personas felices con lo que tienen o las que lloran por lo que dejaron detrás. Otra lección del viaje.

Sacando mis minutos de cansancio, sonrío ante la vida por elección y no necesariamente porque la vida me sonría todo el tiempo. Ser feliz es una actitud ante la vida.

Me propongo gozar de lo que tengo en el presente, porque todo se va. No es sabio vivir con miedo porque podés perder lo que tenés. Que lo vas a perder es algo seguro. O en vida o por muerte. Por ello, a disfrutar de las personas cuando están a tu lado, de las cosas que te rodean y hasta de lo más banal: acariciar la textura suave de la billetera nueva y en un entrecerrar de ojos, sonreír ante el placer que te genera al tacto.

Volviendo al tema, ahora cuando me voy o se van ahora estoy más relajada. Sé que puede ser un “hasta luego” o un “hasta nunca”. Depende de mí y del otro, no del destino.

Lo que aún no puedo procesar es la muerte. No la propia, la ajena. En esa situación no tengo poder de decisión. Miro el teléfono y no tengo la sensación de que esa persona está del otro lado vulnerable al sonido de la llamada. En cambio, el silencio me invade y, de a poco, mi garganta se llena de dolor como si algo muy grande quisiera pasar a través de ella sin lograrlo. El dolor de no tener la libertad de decidir hablar con alguien cuando lo extraño. El dolor del adiós definitivo sin haber tenido cartas en el asunto.

Un dolor completamente egoísta. No importa dónde está el otro sino el hueco que dejó al irse. Sé que es una parte necesaria del ciclo. Puedo pensarlo, procesarlo conscientemente pero mi cuerpo reacciona de otra manera. Este será un aprendizaje más largo para mi ser. Algo me dice que India va a ayudarme mucho.

Si abrís tu alma, cada viaje del cuerpo contiene cientos viajes espirituales interconectados que te van cambiando. Vas mutando, como todo lo que te rodea. Ahora, a cargar la mochila de nuevo sin expectativas ni atisbos del futuro cercano. Sólo sé que será distinto al presente, como yo seré distinta a la que escribe estas palabras.

Sentada en un café del aeropuerto de Bali (Indonesia), me quedan 14 horas de espera para el vuelo a Flores. Viendo a la gente pasar mientras, por una vez, me quedo quieta. Así, me despido una vez más. Esta vez de  un lugar. Hasta luego, hasta siempre, quién sabe.

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6 comments

  1. Un post a corazón abierto! muy muy lindo!

  2. Muy bueno, Guada. Pienso igual: por más que miles de factores intenten -y muchas veces logren- condicionar nuestra libertad; somos libres, lo fundamental es la voluntad, y que a esa decisión la acompañe un cachitín la suerte. Te voy siguiendo a través de tus subidas a facebook y es muy lindo ver cómo el viaje te va dejando este tipo de cosas: ese «este viaje me hace pensar mucho en la vida» es un regalo invaluable (me acuerdo cuando contaste lo de tu pierna, aunque sean momentos de sabores agrios, el modo en el que le ganaste a todo ese lío -todo un ejemplo viajero- es obvio que también te enriqueció un montón). Un beso y buenos vientos.

    • Hola Fede!!!! Cuando me escriben mensajes así me dan ganas de conocerlos a todos y me pregunto cómo serán los que están del otro lado. 🙂 Me encantó. Viajar te enseña a disfrutar de cada cosa en el presente, o por lo menos a mi. Pero también un montón de cosas más como bajar la velocidad, paciencia, no enojarme cuando intentan engañarme y sonreír siempre. Sonreír va conmigo, pero lo de la calma me costó un par de meses en Asia entender cómo funciona :). Le ganamos al lío, en plural porque los mensajes de todos me ayudaron mucho. Gracias de nuevo y un beso grande viajero!!!!

  3. Uf! Dejar ir, dejarse ir y que sea un hasta luego, un hasta siempre, un quién sabe! Quién sabe no!? Pero si, es eso «quién sabe…»

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