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Cuba: un mundo dentro de una isla

Cuba es un mundo dentro de una isla tan pequeña que en uno o dos meses puedes recorrerla a gusto. Es como entrar dentro del cosmos de “El gran pez”, fantástico y abrumador.

Estuve un par de días pensando cómo encarar el material. Y creo que la mejor forma es contarles mis impresiones sin intentar caer bien a nadie. Lo que vi y lo que me produjo, en un estado crudo.

Voy a hablarles de la Cuba de febrero de 2008, cuando Fidel renunció unos días antes de nuestro regreso a Buenos Aires. Es posible que haya cambiado mucho desde esa fecha así que escribiré en pasado, como si hubiera viajado bastante tiempo atrás.

Contar sobre Cuba y no hablar un poco de política es casi imposible. No pude evitar, al volver, sentir que, independientemente de las opiniones, las personas que me hablaban del tema no tenían mucha idea de la vida cotidiana allá. Incluso los que fueron. Mucha gente se recluye en Varadero, la Habana o Santiago. Y también ven la realidad que quieren ver, porque los cubanos no van a decirte lo que piensan a menos que confíen en vos.

Viajé con un compañero de viaje y juntos recorrimos la isla en auto, hospedándonos en dormitorios rentados en casas de cubanos y viviendo a peso cubano. Había dos tipos de monedas: el CUC y el peso del país. El CUC estaba casi a la par con el dólar  y servía para pagar cualquier cosa relacionada al turismo. Los usaba sobre todo en los mini mercados que vendían artículos de mayor calidad para los turistas. Los cubanos podían acceder a sus productos pero solo si contaban con el dinero necesario.

El peso cubano era la moneda corriente entre los locales y con lo que se pagaba todo lo subvencionado. Por ejemplo, un día quisimos ir al teatro de la Habana y nos dimos cuenta que había dos precios diferentes, uno en CUC para turistas y otro en pesos para los locales. Un amigo del día nos compro las entradas en pesos a cambio de otra para él y pasamos rapidito y sin hablar (no habíamos llevado tanto dinero para darnos ese tipo de lujos). Así y todo salió mucho más barato.

Mototaxis en Santiago de Cuba, Cuba
Mototaxis en Santiago.
Guagua transporte, Cuba
Una forma de viajar en transporte público.

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bicitaxi transporte, Cuba
Viajando en Bicitaxi.
peluquería / barbería, Cuba
Típica peluquería / barbería.
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Cobraba por una foto con los pollitos, pero su mirada me impactó más.
autos antiguos La habana, Cuba
Los autos eran de colección.
La farmacia más antigua La habana, Cuba
La farmacia más antigua de La Habana.
Bodeguita del Medio La habana, Cuba
La famosa Bodeguita del Medio es un barcito pequeño a la calle.
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Un CUC por una foto.

Cuba es un país generoso en muchos aspectos, y pobre y castigador en otros, como todo país. Para qué lado inclinar la balanza depende de cada uno.

Perdamos el mito que la gente pasaba hambre y vivía en la miseria con 10 dólares al mes. La parte de los 10 dólares era verdad, pero se podía vivir con ello. Hay que tener en cuenta las subvenciones altísimas que daba el gobierno. Toda familia tenía un lugar donde vivir, en algunos casos muy lindo y en otros una casa sin pintar con algunas goteras y agua corriendo por la pared de uno de los pasillos. Pero ninguna con riesgo de demolición o de algún evento catastrófico, en ese caso eran clausuradas.

No me informé demasiado con respecto a los hospitales y la salud, pero por lo que me contaban los hospitales eran gratis para los cubanos. En Argentina estamos acostumbrados a esto, pero en otras partes del mundo la salud es carísima y de difícil acceso sin una prepaga u obra social de por medio.

La educación era gratuita y cada cubano podía seguir la carrera universitaria que quisiera. Algunas tenían reglas más estrictas que eran conocidas por todos. Por ejemplo los médicos no podían salir del país. Los músicos por lo general viajaban mucho ya que podían salir de gira o con invitaciones. Conocí músicos que viajaron por casi toda Europa, EEUU y muchos países de Latinoamérica.

No había inseguridad. Cada tanto aparecía la historia de algún carterista que pasaba corriendo y se llevaba una cartera, pero era tomado como raro. Caminabas por la calle más oscura y tenebrosa de La Habana con la cámara de fotos, pulsera, cadenita de oro, un buen reloj y te sentías seguro.

Cuando les contaba sobre la inseguridad de Buenos Aires les cambiaba la cara. Me decían bastante seguido que ellos no podrían vivir así, no entendían cómo podíamos estar acostumbrados a eso. Por el contrario, yo me acostumbré bastante rápido a caminar sin preocupaciones.

A nadie le faltaba comida ni ropa. Quizás era ropa de los 60, fuera de moda, pero no veías gente mendigando, con hambre, durmiendo en la calle o sin zapatos. Esto me sorprendió muchísimo. Incluso en Toronto (Canadá) vimos indigentes durmiendo por la noche en las calles con 18 grados bajo cero.

En Baracoa, subiendo al hotel El Castillo, un hombre nos intentó embaucar pidiéndonos dinero porque supuestamente no había comido en todo el día. Enojadísima le dije que era una vergüenza como mentía desprestigiando a su país, ya que yo sabía muy bien que todos tienen comida en su mesa. Le hice saber que vivía a peso cubano. Bajó la mirada y me pidió disculpas dándome la razón. Avergonzado, se alejó caminando rapidito.

El Castillo Baracoa, Cuba

Fábrica de Chocolate El Che Baracoa, Cuba
En Baracoa.
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Una imágen muy común viajando por las carreteras.
Gibara, Cuba
Gibara, un pueblo pesquero.

En las grandes ciudades, e incluso en algunas de las pequeñas, hay una cultura de timar y exprimir al extranjero. Y hay que tener cuidado, porque son extremadamente inteligentes para hacerlo. Es extraño, porque no te trataban nunca mal pero por algún lado sabías que se estaban ganando una comisión o que te estaban cobrando de más. A veces a uno le convenía de todas formas.

Tuvimos un guía por un día en La Habana y nos costó USD 1. Nos mostró la ciudad y luego nos llevó a un bar donde seguro le pagaban por llevar turistas. Pero nos consiguió tragos más baratos y además no nos hubiéramos enterado de las historias de cada lugar sin él. Fue mutuamente beneficioso. También, cada vez que decíamos que éramos estudiantes y que estábamos viviendo a peso cubano se sorprendían y cambiaban automáticamente la postura hacia nosotros.

casa Viñales, Cuba
Casa en el campo, Viñales.
paisaje Viñales, Cuba
Viñales.
aerea Trinidad, Cuba
Trinidad desde las alturas.
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Paseando por ahí me crucé con este caballo, esperando a su dueño.
castillo Santiago de Cuba, Cuba
Castillo en las afueras de Santiago.
calles de Trinidad, Cuba
Cuesta Abajo en Trinidad.
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Camino a la isla.

En Santiago tuvimos una experiencia diferente. Estuvimos dos horas y media buscando una habitación cuyo precio se ajustara a nuestro presupuesto. Durante todo ese tiempo un cubano nos pisó los talones intentando llevarnos a un hospedaje para cobrar su comisión. Sabiendo que posiblemente nos iban a cobrar de más si íbamos con él, lo rechazaba en cada intento que hacía de abordarnos.

Finalmente llegamos a una puerta situada en la esquina de una calle cubierta de puestos de artesanos. De la nada apareció nuevamente el cubano diciéndonos que conocía a los dueños de esa casa y que él se iba a ocupar de presentárnoslo. Entre el calor, el cansancio y la insistencia de este hombre entré en un ataque de furia irracional.

¿Por qué irracional? Porque el cubano media dos metros y su cuerpo iba acorde a su altura. Era negro azabache (en esta parte algunas de mis amigas suspiran al imaginárselo) y tenía los dientes más blancos que había visto en años.

F., mi compañero de viaje, se escondió detrás de mí diciéndome “Gu, por favor calláte que nos mata” mientras le gritaba al cubano “¿Pero no ves que no queremos pagarte comisión? ¿Qué parte no entendés? ¡Me tenés cansada flaco! ¡Salí de acá antes de que me enoje más!”. Los ojos blancos se le iban poniendo rojos y parecía inflarse de furia. Me importó tres pepinos y medio, quería que desapareciera de mi vista.

Y a todo esto F. detrás pensando cómo huir conmigo a cuestas. De repente todos los artesanos de la cuadra comenzaron a reírse a carcajadas y a gritarle “¡Cómo te maneja la pulguita!” (o un diminutivo por el estilo). Su cara volvió a la normalidad entre una carcajada que sacudió todo su cuerpote. Me dijo que estaba todo bien y que perdón por la insistencia. Una palmadita a F. y así como llegó se fue en el instante en que nos abrían la puerta. Había una habitación disponible a un precio negociable.

Los cubanos pueden ser muy hospitalarios y van por el mundo generalmente de semblante alegre. A F. lo invitaron a comer a una casa particular y no lo dejaron colaborar. A mí me regalaban saltamontes hechos con hojas. En varias oportunidades nos invitaron a jugar dominó en la calle y nos convidaron ron. El dominó allá es diferente al que yo conozco, tiene muchas más piezas. Es muy popular. Ves a la gente sentada en banquitos improvisados con una tabla entre sus rodillas y las de sus rivales jugando este juego que pareciera que nunca se acaba.

ron y domino Santiago de Cuba, Cuba
Jugando dominó con ron en la calle.
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Uno de los saltamontes que me hicieron en el momento y me regalaron.

Cada vez que la situación daba para ello, intentaba preguntarles que sentían respecto a la situación política y económica del país. Las opiniones eran diversas. Me crucé con un cubano que estaba de vacaciones y despotricaba en contra del gobierno a diestra y siniestra. El resto me decían bajito que querían mucho a Fidel pero que les gustaría que el país se abriera al mundo. La mayoría sentía un cariño, que parecía ser casi innato, hacia el líder.

La vida diaria era extraña. Una vez quisimos comprar manteca, o mantequilla como le dicen ellos, y tuvimos que esperar a que apareciera una señorita con una cartera e intercambiar rápidamente el dinero por la mercancía. Mercado negro había en todas partes. Sólo bastaba confiarle a un local lo que necesitabas para que llamara a algún conocido que lo conseguía.

Pensaba que todos iban a vivir de una forma muy similar al ser un país comunista, pero esto no era así. Las ciudades y los sitios turísticos tenían acceso al CUC y a las propinas por lo que la gente vivía mejor, en promedio, que en el campo.

Por otro lado, los “dueños” de las casas particulares que tenían permitido rentar habitaciones a turistas se daban muchos lujos. Todos tenían aire acondicionado, un equipo de música mejor que el mío, televisión con videocasetera y un celular nuevísimo que cuando preguntaba dónde lo habían comprado decían que lo encontraron tirado en la calle. Tirado en la calle = mercado negro. Con el tiempo me di cuenta de ello porque no puede ser que en toda La Habana hayan encontrado cientos de celulares extraviados.

Pongo “dueños” entre comillas porque las casas eran asignadas por el gobierno, no eran propietarios del lugar donde vivían. Por otro lado, si sus vidas corrían riesgo por las condiciones del lugar les asignaban otra vivienda acorde al tamaño de la familia.

atardecer Santiago de Cuba, Cuba
Atardecer en Santiago tomando jugo de mango
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Curiosidades
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Un atardecer cualquiera merendando
Malecón en La Habana, Cuba
Se tiró del Malecón en La Habana porque a una chica se le había caído algo al agua (¡que caballero!).
calles La Habana, Cuba
Un lado arreglado, el otro no: límite de la zona más turística.
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Política en todas partes.
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Tan alta como las estrellas…
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Cocotaxi.

Uno de los “dueños” de estas casas, en Santiago, me confesó que tenía miles de dólares escondidos esperando a que se abriera el mercado con otros países para salir a gastarlos. ¿Cómo juntó tanto? Haciendo lo que todos hacían en las ciudades: cobrando de más y en negro por detrás del gobierno. Si el precio máximo permitido por día por una habitación era CUC 15 ellos te cobraban 35 y como vivían con 12 lo demás iba a sus ahorros. Las ganancias de un día eran mayores a los gastos de un mes. El gobierno sabía que esto pasaba pero hacían la vista gorda.

En el campo la gente y su forma de vida eran diferentes. La mayoría tenía menos, trabajaba más y eran más humildes. El guía que nos llevó a la cima de El Yunque no me quiso aceptar un paquete de galletitas de chocolate que quería regalarle para sus hijas. Tuve que insistir mucho. Sabía que para él era una especie de lujo porque las había comprado en una tienda para turistas. Subiendo la montaña nos contó que vivía en una casa austera, con las camas, una mesa con sillas, una televisión en blanco y negro y nada más. Así y todo no me aceptaba un regalo tan simple como galletitas.

El Yunque baracoa, Cuba
Subiendo a El Yunque con F. y nuestro guía.
cacao baracoa, Cuba
Rodeados de plantaciones de cacao, abrimos uno y usabamos de caramelos escupibles las semillas.
fruto de cacao baracoa, Cuba
Cacao.
aerea El yunque baracoa, Cuba
Vista desde El Yunque.

En la Bahía del Manatí (Baracoa) tomamos un barco a motor para dar una vuelta completa. Más que un barco era una canoa. Nos llevaba un señor de más de 70 años y su nieto. El motor se rompió a los 5 minutos y no pudieron repararlo. Insistimos para que volviéramos con los remos. Les dijimos que íbamos a pagar igual el recorrido completo para que no se preocuparan.

El señor puso cara seria y comenzó a remar hacia el lado contrario al muelle. Me dijo que si yo pagaba por todo el recorrido eso era lo que iba a tener, sino era injusto. Quería ganarse su paga, no que se la diera gratis.

Su nobleza y actitud trabajadora me rodearon el alma. Lo convencimos de que queríamos aprender a remar para ayudarlo un poco pero resultó que no era tan fácil remar como parecía. Mientras pasaban los minutos nos contaba las propiedades medicinales de cada planta e historias del lugar. No pude evitar sacarle muchísimas fotos, quería recordar sus manos tan expresivas. Él y su nieto parecían estar encantados posando lo más natural posible mientras hablaban y esperando el click de mi cámara.

Bahía del Manatí baracoa, Cuba
Había una vez…

barco Bahía del Manatí baracoa, Cuba

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Contemplativo, esperando el regreso.

Por las carreteras veías como cortaban el pasto de los lados con guadaña. Todo el sistema parecía ser ineficiente. Se tardaba mucho para tareas muy simples y a nadie parecía importarle ya que cobraban de todas formas. Los primeros días me desesperé por la ineficiencia y falta de compromiso hacia el trabajo que veía en casi todas partes. Creo que el hecho de que estaba estudiando economía hacía que me afectara aún más, te meten en la cabeza el tema de la eficiencia aunque no quieras. Pero luego me acostumbré. Se tomaban la vida con calma y sin tanto estrés.

Uno de nuestros hospedadores se quejaba de que había muchos jóvenes que no trabajaban y holgazaneaban todo el día en las plazas. Total el gobierno les pagaba igual. El mínimo, pero no les importaba.

Los salarios no eran todos iguales. Un médico tenía un salario más alto que el resto, por ejemplo. Para mí  era todo más o menos lo mismo al principio. Las diferencias eran de menos de USD 20. Pero al comer con peso cubano nos dimos cuenta que era un montón de dinero.

Recuerdo un día que fuimos a un ciber (lugar donde alquilás computadoras con internet y las usás allí por tiempo determinado) a escribir a nuestras familias. Se me acercó un chico pidiéndome si por favor podía quedarme un rato más a su lado. Resulta que sólo podían usar internet si estaban en presencia de un extranjero, o por lo menos eso me dijo.

Yo sabía que internet estaba vedado para la mayoría excepto los médicos que de todas formas tenían uso restringido. Me quedé esperándolo y le pregunté a quién escribía. Resulta que tenía como cinco romances paralelos con extranjeras de distintas nacionalidades. A todas les decía que las amaba, extrañaba y que eran lo más bonito del mundo. En retrospectiva la historia me hace reír, mi concepto del cubano típico viene con esposa, amante y chica con la que sale aparte, incluidas. Casi siempre acierto. El cubano ama a las mujeres y las mujeres lo aman a él.

Casi todo lo que comíamos era a peso cubano, excepto por mi helado de frutilla del día y algún gusto para F. Cuando llegamos al hotel All Inclusive de Varadero, al final del viaje, sentí una alegría inmensa por poder dejar de comer fritos, arroz, cerdo y pizza (ni se imaginan la primera vez que volví a comer asado). A nivel culinario, dos cosas me llamaron mucho la atención: el Guarapo, que es una bebida que hacen aplastando la caña de azúcar y a la que me volví bastante adicta (en el auto siempre había una botella fría recargada), y el cucurucho típico de Baracoa (coco, naranja, guayaba, azúcar) que se comía con una cucharita improvisada de caña.

cucurucho de baracoa, Cuba
Cucurucho de Baracoa.

Les conté casi todo lo que recuerdo del viaje y la gente con la que nos cruzamos. Admito que me dieron ganas de volver. No les comenté sobre el día que renunció Fidel ya que no tengo ninguna anécdota interesante sobre ello. Recuerdo que estábamos en Santiago y que esa noche hubo toque de queda. Las calles  fueron patrulladas desde la tarde, pero no nos enteramos de ningún disturbio. Nuestra vida siguió, haciendo casi caso omiso del suceso.

No les describí cada lugar que me gustó, no era la intención de este post. Cualquier consulta que quieran hacerme para poder armar un viaje a la isla, la responderé con gusto. Si volviera a ir elegiría pasar más tiempo en Viñales, Baracoa, La Habana y Trinidad que es una ciudad del 1500 muy preservada. Esos son los lugares que para mí valen la pena. Me dejaría unos pocos días para Santiago y Varadero. Quizás uno o dos en los cabos. Pero esto depende del gusto de cada uno.

Cuando voy a un país como Cuba es para conocer también la cultura, para hacer un viaje y no para descansar. Pero hay mucha gente que va sólo a disfrutar de las playas, se pasa uno o dos días en cada ciudad y vuelven a sus casas. Y esta forma de disfrutarla también es válida. Mi recomendación es que no dejen de ir a Viñales, Baracoa y Trinidad, al menos de pasada.

playa Cayo Guillermo, Cuba
Cayo Guillermo.
playa y mar Cayo Guillermo, Cuba
Cayo Guillermo.
playa de trinidad, Cuba
Camino a Trinidad.
snorkel Varadero, Cuba
Navegando en Varadero, camino a hacer snorkel en las barreras de coral.
playa de Varadero, Cuba
Varadero desde el velero.
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Un pequeño visitante en mi toalla.

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7 comments

  1. Cai de casualidad a esta pagina porque estoy por irme. Esta buenisima la descripcion. Cuando vuelva te cuento que cambio. Segui contandonos de tus aventuras. Proximo destino asia asi que seguire leyendote.

  2. Yo estuve en agosto de 2012 y te digo que todo seguía igual, tal cual lo contás. Siempre me llamó mucho la atención esa dualidad entre la gente que sólo se acercaba para sacarte plata, y lo que eran honesta y desinteresadamente amigos.

    • 🙂 Gracias Nati por el aporte. A mi también y creo igual que las líneas son borrosas porque pueden ser amigos y al mismo tiempo intentar sacar alguna ventaja sin que lo vean mal. Es una cultura distinta.

  3. Muy linda entrada, un lugar interesante de conocer.
    Otro día continuo con las demás entradas, gracias Guadalupe

  4. Genial todo el blog… Más allá de que pasaron 9 años, ¿dónde alquilaste?, ¿o dónde creés conveniente? Tenía como que era muy caro.

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