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Héroes hay en todas partes – Colombia

Recostada sobre la cama del hotel en Calarcá, cierro el computador. Muchas de las películas y series que nos atraen tratan sobre escapar, no importa de qué, o nos trasladan a mundos muy diferentes al nuestro, repletos de magia y héroes. ¿Cuántas noches cerré los ojos para redibujar lo que me rodea? Perdí la cuenta. Nadie nos enseña que la vida que queremos la debemos construir en vez de quedarnos quietos anhelándola. Nadie nos enseña que los héroes existen, son de carne y hueso, y que nosotros podemos ser uno de ellos si nos lo proponemos. La vida a veces nos muestra señales, pero decidimos cerrar los ojos.

Hay personas que escuchan, ven y deciden ser héroes sin saberlo; héroes no por ellos, por los demás. Hay mujeres que se levantan con la poca fuerza que queda en sus huesos y gritan bien fuerte y no paran de hacer y de luchar por un mundo mejor. Este mes, en Cali, conocí a dos de ellas.

Héroes femeninos en Colombia

La primera es psicóloga. Una mujer rayando los sesenta, pequeña por fuera y con más pinta de alemana que de colombiana (preconceptos), a causa de las inmigraciones pasadas. Una tarde lluviosa nos sentamos junto a la ventana y comenzamos a hablar sobre la vida. Le pregunté, sin tapujos, sobre cómo era Colombia antes, cuando los narcos tenían más poder. Sus manos sobre la mesa buscaron refugio sobre sus piernas mientras me miraba abstraída. Su mirada mostraba fuerza, escrutinio.

Me contó que hace tiempo realizó un recorrido con una asociación para dar soporte a las personas del campo, que fueron las que más sufrieron. Me contó que los grupos armados no solo abarcaban los narcos sino también los paramilitares y pandillas barriales. Sus víctimas no siempre podían diferenciarlos y tampoco importaba, no había forma de defenderse. Entre nosotras, a medida que hablaba, apareció la imagen de niñas desnudas de apenas 12 años siendo atadas a postes para que les coloquen un dispositivo intrauterino para poder violarlas sin que queden embarazadas. Las lágrimas comenzaron a trepar por sus párpados. Callamos.

Mujeres y niñas violadas y maltratadas, hombres muertos, familias enteras desplazadas de sus tierras con tan solo lo que llevaban puesto. Claramente, en el campo se sufrió. Frente al dolor del recuerdo del dolor ajeno, hablamos de lo positivo. Resaltó que el primer instinto de los hombres era querer vengarse, ver sangre: “Ojo por ojo”. En cambio, el instinto de las mujeres era proteger a los suyos, sanar y construir sin dejarse derribar por el pasado. Esas mujeres colombianas fuertes fueron las que llevaron adelante a sus familias y reconstruyeron todo lo que perdieron por culpa de las guerras internas. No necesitaron armas ni a nadie que las reconociera: sus niños habían sufrido y sólo querían ayudarlos a sanar. Las tierras robadas las obligaban a desplazarse en busca de una forma de alimentar a sus familias.

Me hizo pensar mucho sobre el poder que tenemos las mujeres, poder que muchas veces es silenciado incluso por nosotras mismas. Poder de sanación, de aguante y de lucha pacífica. Los hombres sin duda también lo tienen, pero a mi parecer lo silencian aún más o se lo silenciamos nosotras como madres aplacando todo lo que hay de femenino en ellos: hay que ser “bien hombrecito”.

Héroes mujeres en Colombia

Me habló sobre la fuerza interna de las mujeres que llevaron adelante a su familia aceptando el pasado y actuando sobre el presente. Su tono de voz y sus gestos fuertes me trasladaron a un mundo de mujeres-héroes, como si existieran en un universo paralelo. Pues no. Probablemente crucé con mi moto a más de una de ellas. Y de repente me di cuenta que para mí la psicóloga, que fue a prestar su oído a gente que había vivido situaciones tan violentas, también era una mujer-héroe. Ella no se daba cuenta. El héroe se posiciona fuera de esa catalogación.

Unos días después fuimos juntas a la Asociación Lila Mujer. Allí conocí a Yaneth y su historia. Muchos lo verían como un cuento de terror pero me dio la sensación que ella lo vive como un cuento de hadas. Su marido la infectó con HIV y se marchó. Yaneth luchó para que le dieran los medicamentos que necesitaba y se dio cuenta que muchas mujeres se encontraban, como ella, luchando solas contra un sistema que discrimina. Decidió formar una asociación que hoy en día, trece años después de su inauguración, se encarga de informar, fomentar el uso del condón, ayudar a mujeres con HIV que necesitan alojo o guardería para sus hijos mientras van al hospital y brindar apoyo a toda aquella que lo necesite.

Ella es Afroamericana y, más allá del color de la piel, se le nota en el turbante de colores y el vestido largo, naranja y amarillo. Su sonrisa es contagiosa y su fuerza, avasalladora. Habla mucho de sus logros y de los de la asociación. No hay que confundirlo con presunción, creo que aún está maravillada con todo lo que ocurrió a partir de que decidió ayudar a otros. Ahora vive con una de sus hijas en una linda casa que construyó con la ayuda de los que la quieren; y la quieren muchos y mucho. Los cumpleaños se festejan a todo trapo y toda la comunidad ayuda. Y con comunidad no me refiero a los del barrio, sino a los que se acercan a Lila Mujer.

derechos HIV COlombia

Habla pero también escucha. Calla y te brinda su mirada fija que analiza e internaliza cada palabra que sale de tu boca. Me explicó que no se dice “portador” porque yo porto mi pulsera pero puedo sacármela cuando quiera, ellas no pueden sacarse el HIV por más que intenten. Conviven con la infección.

Me pregunto cuanta gente intenta evitar darle un beso por miedo, por desinformación. Yaneth lucha contra eso informando, hablando con la gente y contándoles que no es una infección de la piel: sólo se contagia mediante la actividad sexual o el intercambio sanguíneo. Incluso podés tener sexo con alguien con HIV y no contagiarte. Incluso podés no ser una persona promiscua y tener HIV.

¿Por qué si es tan difícil entonces tanta gente tiene HIV? Por desinformación. Porque intentamos aislar todo aquello que nos une al reino animal como si no fuera parte de nosotros y por ende no hablamos sobre esas cosas: el sexo aún es tabú. Por eso no disfrutamos lo que podríamos, por eso muchos de los abusos y por eso las infecciones como el HIV. Por falta de comunicación; por no aceptar algo tan simple y tan nuestro como el sexo, que nos da la vida. También por la discriminación, por miedo al que dirán si contamos que tenemos HIV y por egoísmo.

Yaneth fue contra todo ello y contra las expectativas de los demás gritando a los cuatro vientos “tengo HIV” y no estoy sola. Fue contra el egoísmo levantándose todos los días de su cama para ayudar a otras que necesitaban el empujón.

Yaneth ríe, me está contando sobre el quinceañero de su hija. Se nota que la ama. También se nota que ama lo que hace y a las personas que se acercan. Tiene un carácter fuerte y a la hora de regañar mejor no estar cerca, pero también sabe ser dulce y alegre. Me la imagino sola, con una hija, con poco dinero y frente a un médico que le dice que no le queda ni un año de vida. El que da sin pensar en lo que vendrá a cambio, recibe. Ya van trece años en comunidad, trece años más de existencia.

Héroes hay en todas partes, personas que toman las riendas de su vida y “hacen” por los demás. Son personas como vos y yo. No hace falta la ficción. No les hace falta volar.

Derechos trans Colombia

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7 comments

  1. Excelente artículo. Buena vibra y buena mar Guadalupe

  2. hola guada como estas!!!!!!te cuento que soy de baradero provincia de bsas y vi tus videos en youtube,no sabes lo contento que me pone ver a alguien realizar el sueño de muchos, espero que tengas buenos viajes y nunca pares de rutear y de ser como sos,saludos y suerte.

  3. Te admiro por los desafios y verdades, que presentas, a los que sí vemos pero no lo calificamos, GRACIAS por tus ojos que tienen la valentia de MOSTRARMOS . ES LA VIDA . Afectusamebte j.c.

  4. de nuevo, un artículo de primera. Gracias

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