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Desierto de Wadi Rum en Jordania: Una historia de Beduinos

camellos Desierto de Wadi Rum en Jordania

El micro nos dejo en medio de la nada donde nos pasó a buscar un beduino (Abdul) en una camioneta con una túnica blanca, larga hasta los tobillos. Pasamos el día en una tienda beduina en medio del  desierto de Wadi Rum. Tomamos té, caminamos, exploramos, nos conocimos, contamos anécdotas, describimos cómo vivía la gente en nuestros países… aprendimos.

Hay dos cosas que busco al viajar: por un lado la naturaleza y lugares que me impacten, por otro el intercambio cultural. Aquí encontré ambas.

Así fue como me enteré que muchos beduinos ya no son nómades y viven en pequeños pueblos donde todos son parientes. Las tiendas las usan para turistas, para vender cosas o para ir con amigos a pasar un buen rato.

Para la cena vinieron invitados: un primo de Abdul y una francesa que vivía en el pueblo desde hacia años. Había recorrido el mundo, y desde India llegó al pueblo, se enamoro del desierto y su gente, y se quedó a vivir con ellos.

De chica, cuando me preguntaban las profesoras por qué no cantaba el himno nacional, les contestaba que aún no había decidido cual era el lugar del mundo al que pertenecía. Uno nace en un país pero lo que te da el derecho y el sentimiento de pertenecer es elegirlo. El país que elija me tiene que enamorar, hacerme sentir en casa, darme la sensación de hogar, de que podré irme pero siempre querré retornar. Ella eligió el desierto de Wadi Rum.

Desierto de Wadi Rum en Jordania
Caminantes del mundo. Siempre descalzos, siempre sintiendo los colores colarse entre los dedos del pie.

Dormimos en tiendas cerradas, en colchones tirados en el piso con frazadas y almohadas cubiertas de polvo. No pude dormir mucho. El viento movía las telas utilizadas como paredes pero que evidentemente querían convertirse en pesadillas. Mucho ruido. Hubiera preferido una manada de lobos aullando. El viento es como el mar, temperamental y sólo rinde cuentas a si mismo.

Desayunamos todos juntos. Ellos habían dormido sobre alfombras, al aire libre, protegidos por un techo de roca natural.

campamento beduino Desierto de Wadi Rum Jordania
Dormimos en las tiendas negras. El sol se despedía entre los huecos de las rocas.

Por suerte había baños occidentales pero sin agua, nos manejábamos al mejor estilo “se me rompió el baño” e íbamos con el balde de agua para poder hacer un “tirado de cadena casero”. Lo gracioso era verse a uno mismo de noche intentando meterse en el baño con dos velas y un balde.

Por la mañana fuimos a recorrer el desierto. Escalamos con Abdul las rocas. Para los beduinos escalar es un deporte. Escalan a pie descalzo, el pie se agarra bien a la piedra. Otra actividad muy popular son las carreras de camellos,  me hubiera encantado presenciar una pero estaban preparando el pueblo para una boda. Los camellos de carrera son menos pesados, más pequeños.

De allí fuimos a tomar el té a una tienda. Toman mucho té. Lo hacen ellos con hierbas secadas al sol. Sólo pude distinguir un deje a menta hundido entre otros aromas. Lo endulzan muchísimo. Tuve mi momento Las Mil y Una Noches rodeada de gente con turbantes, de camellos y telas con cuentitas de metal como las que usan las odaliscas.

tienda beduina Desierto de Wadi Rum Jordania
Por un segundo cierro los ojos y me meto en una de las narraciones de Scheherezade (Las Mil y Una Noches), y soy el viento que presencia, que escucha, que susurra.

Desierto de Wadi Rum JordaniaLuego Abdul nos llevó al pueblo y a su casa. Nos sentamos en un living amplio y nos pidió nuestros contactos en Facebook. Aprovechamos tener wi-fi para usar los celulares. Dejamos un momento nuestras mochilas en su casa mientras seguíamos recorriendo el desierto. Grave error. No porque les haya pasado algo, sino porque de vuelta en Eilat (Israel) al querer tomar un vuelo a Tel Aviv me detuvieron por haber estado en Jordania y por no mentir me desarmaron la valija de cabo a rabo en busca de algo peligroso.

Debo decir que de todas formas fueron muy amables, y cuando, en un ataque de nervios, pregunté por qué tanto alboroto la chica que me interrogaba me explicó que, si bien no tuvieron problemas con Jordania, necesitan hacerlo por las dudas para evitar cualquier tipo de atentado. También me comentó que ellos jamás dejarían sus cosas en la casa de una persona que no es de su pueblo. Están educados así.

beduino Desierto de Wadi Rum Jordania
A pie es mejor.

A la vuelta Abdul nos dejó en una ciudad grande en la que teníamos que esperar 5 horas hasta que llegara el micro a buscarnos para pasar la frontera. La historia, por demás bizarra, continúa en Hombres al sol, mujeres a la sombra?.

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2 comments

  1. Me encantan las historias de desierto…
    sea en la parte del mundo que sea siempre hay n hierviente té pormedio 🙂

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