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DE BUKITTINGGI A BANDAR LAMPUNG, una historia de hospitalidad a lo indonesio

El fin del ramadán significa, para un musulmán, cuatro días de festejos con la familia. Para mi fue una semana de pagar el doble por todo, no tener tours ni motos disponibles para alquilar y una suba de mi sensibilidad frente al estancamiento involuntario. Llegó un momento en el que me quise ir de Bukittinggi sin importarme demasiado no tener material para escribir sobre ese lugar. Camino a la estación de buses, durante la mañana siguiente, pensé en quedarme. Podría irme a dormir al lago que era más agradable y económico. Pero la ciudad no quería que me quede y puso a alguien en mi camino que prefería mantener en el pasado.

Lo vi desde el opelet (minibus local). Apenas podía moverme con todas mis mochilas a cuesta. El transporte frenó como instándome a hablarle. Mi boca se abrió pero, en ese instante, toda la angustia pasada vino a mi oprimiéndome las cuerdas vocales. Me quedé congelada, con la boca abierta formando una A y sin decir nada. Mejor dejar el pasado donde debe estar, por algo eligió ese lugar.

Una simple figura de colores y movimientos solitarios me hizo tomar la decisión de irme. Huir? Alejarme de lo que sé que daña… algún día aprenderé a jugar con fuego sin quemarme pero no era ese el momento adecuado.

Desde allí volví a sentir mi ángel curándome las heridas. Algunos se preguntaran si creo en ello, me hago la misma pregunta. No creo ni dejo de creer. Ángel, suerte, mundo, energía, meto todo dentro de la misma palabra. Pero los ángeles son mensajeros (o por lo menos ese es el significado griego de la palabra) y a veces la carta llega de forma brusca.

Una señora se bajó del opelet y extendió su mano con un billete. Intentó hacerme entender que era para mí. Agradecí (terimakasi, gracias) pero no lo acepté.  Dos minutos discutiendo. Una eternidad para el hombre que manejaba. Era una anciana, posiblemente necesita ese dólar más que yo. Por las dudas mejor rechazarlo. El acto bastó, me hizo sentir protegida.

Llegué a la terminal y fui de ventanilla en ventanilla negociando el boleto para el micro. Les costó entender que quería viajar por dos días sin aire acondicionado ni baño. “Economic please”, y si a Jajarta cuesta 300 mil no quiero pagar más de 200 mil rupias hasta Bandarlampung (en ese momento no sabía que se escribía separado).

Dos horas de aquí para allá pero nadie me aceptaba el precio. Sabía que para los locales era incluso más barato, pero insisten en no ceder para no crear efecto contagio entre turistas. Esa es la única razón válida que se me ocurre. A ver si todos empiezan a no querer pagar el doble que lo que paga el que se sienta a su lado… No me molesté en enojarme, es contraproducente. Les expliqué que ser occidental no es sinónimo que ser rico y por undécima vez “América Latina no queda en Europa…” (con esto me sacaron risas).

Luego de dejar pasar media hora para que se dieran cuenta que realmente mi presupuesto no daba para más, me aceptaron 230 mil rupias (un poco más de 20 USD). Subí a un minibús que me iba a llevar a mitad del camino. Dos horas de espera dentro del auto al sol, con hombres que se subían a cada rato para sacarse una foto conmigo. La sensación era diferente, no me inspiraban confianza del todo, por lo que puse la mochila en el medio y no acepté ningún ofrecimiento de pagarme el almuerzo. Alguno me pidió que fuera su novia, está de más decir que sigo soltera.

Después de esos incidentes extraños finalmente emprendimos la marcha. El conductor estuvo cinco horas sin alejarse demasiado de la ciudad recolectando gente y diciéndoles vaya a saber usted qué cosa sobre mi porque no hacía más que apuntarme con el dedo y emitir sonidos quejosos. Después de un arranque en el que le dije en castellano que es mala educación apuntar con el dedo (si el insiste en hablar de mi en indonesio como si no estuviera presente pues que se aguante un perfecto ataque de rabia a lo argentino), paró un bus grande, le pagó al conductor y me hizo cambiar de vehículo. Al fin rumbo al destino elegido.

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Mientras me muevo tengo tanto peso que no suelo sacar fotos. Esta es de los campos saliendo de Bukittinggi.

El segundo conductor se acercó para preguntarme cuanto había pagado realmente. Le pregunté cuánto habían pagado los demás. Nos quedamos haciéndonos las mismas preguntas una y otra vez hasta que se rió y se fue. Es mi nueva táctica para no responder cosas que no quiero: sonrisa y re-pregunta.

En la primer parada bajamos a comer pero todo me parecía un poco caro así que me senté en la acera a esperar. Una chica me hizo señas para que vaya con ella y su familia (su mamá y hermanita). Apenas hablaba inglés. Me regalaron arroz con un poco de carne que tenían guardados en paquetitos de papel cartón y una manzana. Intenté decir que no pero me insistieron mucho. Ella se sentía mal y no quería comer. Para mi sorpresa la mamá le daba la comida en la boca a pesar de que tenía 17 años. En la próxima parada les regalé una botella de agua grande y galletas para el desayuno.

Mi nueva amiga me invitó a quedarme en su casa y a que la acompañara a Jakarta dentro de dos días. No sabía bien que hacer… por un lado quería ir al volcán y quedarme un tiempo en la ciudad, pero por el otro se me presentaba la oportunidad de ver las costumbres desde adentro. Le dije que sí pero que iba a necesitar wi-fi ya que era el cumpleaños de mi padre.

En cada parada le regalé una botella de agua porque se sentía mal. Llegamos a destino después de dos días sin bañarnos, sin aire acondicionado, con un gallo en la parte trasera que me despertaba a las cinco de la mañana (que poco sentido del decoro) pero un montón de gente simpática que intentaba comunicarse conmigo y ver si estaba bien.

De repente el humor de mi amiga cambió y empezó a pedirme que le compre cosas del quiosco como si fuera una niña con su madre.  Acto seguido me preguntó si la llevaba a un parque nacional que estaba en mis planes. Empecé a desconfiar un poco de esta adolescente tan malcriada. Los berrinches que le hacía a la mamá eran de otro mundo y realmente no quería ocupar ese puesto. Al preguntarle de nuevo por internet me dijo que cerca de su casa no había por lo que le pedí disculpas pero me iba a ir al hotel. Nada iba a impedir que mande ese “feliz cumpleaños”, o por lo menos eso creía.

Al ver que pensaba ir caminando porque una moto-taxi era cara, una señora de la estación llamó a su hermano para que me llevara sin cargo. Evidentemente nadie puede creer que viaje con esta mochila gigante a cuestas. Supongo que mi tamaño aporta un poco de dramatismo. Los hombres se ríen por mi osadía y las mujeres intentan ayudarme. A veces te dan ganas de ir abrazando a todos en forma de agradecimiento pero dado que es un país musulmán no estaría bien visto.

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En el bus fumaban tanto que me produjo náuseas. Había una chica local que se descompuso y un niño tosiendo. Es impresionante lo que fuman. Durante el día hizo mucho calor y el humo se mezcló con la humedad. Las noches eran frías y libres de humo ya que dormían.
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Se suben músicos cada tanto a recolectar unas monedas. Me hizo acordar al transporte público de Buenos Aires.
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La gente suele tirar la basura al piso por lo que cuando para barren y tiran todo a la calle. El hombre detrás tenía curiosidad por mi foto. Me lo imagino pensando: «le está sacando fotos a la basura?».

Los precios de los hoteles eran el doble de lo que estaba dispuesta a pagar. Caminando con mi sonrisa y mis mochilas a cuestas comencé la ardua tarea de encontrar un alojamiento barato con internet.

Aquí es donde el destino aparece y se pone debajo de mi pie en forma de soga invisible. El dolor me inmovilizó en el suelo. Cinco hombres hablándome sin parar en indonesio a mi lado preguntándome si sabía hablar el idioma. Claramente no. Un minuto después dos chicos me levantan y con un perfecto inglés me dicen que no me preocupe que ellos me iban a ayudar. Y así fue.

El primer día me llevaron al hotel que les señalé y al hospital. El segundo me cambié de hospedaje con su ayuda. Cada noche pasaba uno de ellos a hablar conmigo y traerme la cena, agua, pañuelitos de papel y leche (no me animé a decirles que no me gusta cuando cayeron con 10 salletes) así no gastaba tanto. Incluso me compraron una tarjeta sim local para que pudiera estar comunicada y me sacaron a pasear en auto para que viera un poco la zona y respirara aire fresco. Fuimos a comer sopa tradicional y luego me mostraron su oficina. Dedicaron 10 minutos a correr sillas de lugar para que pudiera ver la vista increíble desde la ventana del piso más alto.

Cuando me internaron por la bronquitis uno de ellos fue con una amiga a hacer el check out en el hotel y a traerme mis cosas al hospital. Su amiga me ofreció un cuarto en su casa y ayudarme con el trámite de extensión de la visa. Al oír que me iba a ir al día siguiente, coordinaron con un taxista para que me asista hasta llegar a la puerta de embarque.

Más hospitalidad no podría haber pedido. Los sentí mis hermanos indonesios. No la pasé increíble encerrada en un hotel pero necesitaba descansar. Creo que accidentarme los pies tan seguido era una señal de que debía parar un poco y relajarme. Me tomo escribir para la página muy en serio pero historias hay en todas partes, basta con sentarse en la calle y mirar alrededor.

El mail finalmente no lo mandé a tiempo porque en el primer hotel no funcionaba wi-fi bien. Pero todo tiene su recompensa. Lo positivo de la experiencia, además de haber hecho dos nuevos amigos, es que aprendí mucho sobre su cultura en nuestras conversaciones durante la cena.

Sumatra quedará como un buen recuerdo junto a su gente amable, su vida tranquila y sus paisajes. Mis dos nuevos amigos aún me escriben mensajitos. Ojalá algún día vengan a conocer mi país y pueda retornarles el favor. Uno de ellos me dijo que no hacía falta porque creía en el karma. “Algo bueno debés haber hecho para tener tanta suerte de haberte caído justo cuando pasábamos. Y no te preocupes, después de esto algo muy muy bueno nos va a pasar a nosotros”. Reímos. Estoy de acuerdo. El mundo recompensa. Basta con hacer algo bueno por alguien para que, en algún momento, sea devuelto el favor poniendo una sonrisa en nuestras caras a través de un extraño. Si tan solo todos creyeran en esto haríamos del mundo un lugar mejor un poco más rápido. Algunos por bondad, otros esperando el oro al final del arcoíris.

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Bakso es el nombre de esta sopa con bolas de carne. Te dan la sopa, las bolas de carne y los condimentos por separado en bolsitas. Cuidado con ponerle demasiado condimento picante!
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Se llaman Pempek y pueden estar hechos de pescado, mariscos, rellenos con queso o con kanikama. Se mojan en una salsa oscura. Es difícil encontrar un lugar que los hagan bien.Me encantaron!
TODO VUELVE

Sí. Rama, mi amigo indonesio, logró conseguir una visa para Australia, dejó su trabajo y se fue a recorrer el mundo. Esto puede ser relativamente común para un argentino pero los indonesios no viajan y las visas son difíciles de conseguir. Me mandó un mensaje hace poco diciendo que fue gracias a mí pero yo creo que fue karma. Él ya tenía el bichito viajero dentro (lo noté diferente al resto) sólo le hacía falta saber que se puede. 🙂 Mi emoción no tiene límites. Realmente lo quiero mucho. Es una persona increíble.

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2 comments

  1. Genial historia!! hacía falta que te detengas un poco, increíble trotamundos! El cuerpo nos da señales! gracias a dios, por tus ángeles, por tu energía o por lo que sea, tuviste la fortuna de encontrar gente copada de las que hay en todas partes del mundo y que te diera una gran mano! Espero que estés mejor, Catalina te está esperando! ajaja Beso grande!

    • Que lindo mensaje Guido!!!! Si, si esto sigue así me termino enamorando del todo de Asia y me traigo a Cata (si no fuera por la cuarentena…). 😛 Creo que fue un poco mis ángeles y otro poco compensar el hecho de romperme un pie en viaje… pero salió todo lo bien que podía salir. Tuve mis días bajón (que no cuento tanto) pero todos los que están del otro lado me ponían una sonrisa enseguida con algún comentario. Creo que me volví adicta a esto. No te digo que «bloggeo, luego existo» pero… 😉 Espero que la estés pasando bien, las entrevistas veo que van saliendo super lindas!!! Felicitaciones por los avances!!!! Esperamos tus historias. Un beso grande!

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