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Volver a Argentina en época de mundial si no te gusta el fútbol

Volver a Argentina en época de mundial si te gusta el fútbol es lo mejor que te puede pasar después de ir a Brasil para vivir el mundial en directo. Eso lo entiendo bien. La pasión, juntarte con tus amigos a gritar los goles, las charlas alentadoras entre los hinchas de tu equipo con cerveza de por medio (porque pareciera que la cerveza va casi casi pegada a “hincha de”), las canciones que te llenan el pecho de adrenalina y la cara de sonrisas, el sentimiento de pertenencia que sólo un hincha entiende, todos todos los sentimientos que provoca la cancha y las lágrimas de ver en vivo el gol que hace que tu equipo ascienda.

Muchas veces la pasión y la camiseta son una herencia familiar. Meterse con eso es casi como meterse con papá y mamá. Tu equipo te acompaña día a día. Reís y llorás con ellos. Hay una relación recíproca entre el hincha y el equipo, 
en la que dependen uno del otro. El hincha se siente parte del equipo y alienta desde la tribuna a los once jugadores que lo representan.

Esta relación casi del todo familiar entre hincha y equipo me fue muy comentada por mis amigos extranjeros que no la entienden. Como Argentina, la comprendo y puedo explicarla hasta donde los límites de lo racional me permiten. Porque convengamos que raya mucho lo irracional. ¿No estás de acuerdo? ¿Sabes de lo que hablo?

Te pongo dos ejemplos claros. Uno es de un amigo que cuando River descendió a la B se pasó toda una noche llorando. Apenas apareció “RiBer” en los titulares se tatuó en la pierna un escudo enorme del equipo. Dejó en claro que jamás le borrarían del corazón esos colores pase lo que pase. Un mes antes juraba que jamás se haría un tatuaje. El segundo ejemplo es un video de un hincha de River, también del partido que definió su descenso. La actitud del Tano Pasman es de lo más común en Argentina (boquitas sucias).

Ahora, volver a Argentina en época de mundial si NO te gusta el fútbol imagino que es lo peor que te puede pasar (hablando en términos futbolísticos únicamente). Hasta Brasil es mejor porque al menos hace calor y tenés playa para distraerte. Acá es invierno, hace frío, los bares se llenan de gente gritando alrededor de un televisor y si querés disfrutar de tu hogar, vivir en Capital Federal no es conveniente.

Lo mejor es tener una casa con pocos vecinos cerca. Si no te pasa como a mí que me quedo despierta hasta las tres de la mañana porque hay un partido o una procesión de autos tocando bocina y festejando la victoria. No tengo televisión en casa y considero que no la necesito. Tampoco disfruto ver un partido en el que no juego o contra alguien que no voy a jugar. No me interesa enterarme del partido.

Pero en Argentina eso no importa. El hincha pareciera haber estado todo el año entrenado para representar al país con sus gritos y puteadas. Si se escuchan desde Brasil y España mucho mejor. Hasta los que no veían nunca fútbol de repente comienzan a hacerlo y a comentar cosas sobre las que tienen poca idea (como yo): “En el mundial veo fútbol porque al país hay que alentarlo”. Y a veces se desquitan todo lo que no gritaron durante el año en frente del televisor. Gritar y putear casi se convierte en el segundo deporte nacional en esos días. Si no te interesa te vas a enterar igual cuando empieza, termina y a cada gol. Hasta vas a poder diferenciar entre un gol nuestro y el del equipo contrario.

Entre la queja que mandé, debo decir que un poco lo disfruto. Le da color al país. El fútbol es nuestro estandarte, lo que nos representa en el exterior. A “soy Argentino” siempre te responden con el nombre de algún jugador como Maradona, Messi o alguno menos famoso. En épocas de mundial hasta aprendés sin querer porque es la temática principal de casi todo encuentro. Cuando agarré el Winning Eleven por primera vez metí dos goles a la máquina y no creo que haya sido casualidad. Tiene que ver con todos los mundiales que viví y los conocimientos que incorporé de forma inconsciente. Porque si me preguntás no sé siquiera que es un offside pero si veo una falta la reconozco al segundo.

Pero como mujer que le gusta dormir, que no le gustan las malas palabras ni las agresividades y que piensa que el fútbol se podría convertir en una forma de educar, comparto el mensaje de P&G. La publicidad más que viral contrató al Tano Pasman para hacerle un “lavado de boca” bastante necesario. Comentan por ahí que ahora sus gritos se convirtieron en palabras de diccionario que ayudan a ampliar el vocabulario de su familia.

Estoy investigando cómo traer al Fan Trainer a mi barrio así puedo dormir temprano y feliz. Aunque con no necesitar tapones para los oídos en horarios normales me pongo contenta. Catalina, mi gata, también lo suplica. Con cada grito salta al picaporte del baño, entorna la puerta con la pata y se mete en la bañera porque ni ahí zafa. Los gritos de la pareja de arriba bajan por la ventilación. Porque ahora hasta hay una hinchada femenina en ascenso. ¿Alguna se suma? Hacemos vaquita. #PorUnaArgentinaSinPuteadasNiGritos, ah, cierto que acá los hashtags no funcionan.

*Este es un post patrocinado, esto significa que hemos recibido un producto, servicio o compensación económica por mencionar la marca en este artículo. Sin embargo, las opiniones en el mismo son independientes y están basadas en nuestra percepción real sobre el servicio.

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