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Situaciones escabrosas de una mujer viajando sola – Un año por Asia

Antes de irme… A esta altura la mayoría sabe que mis historias son largas y empiezan más o menos desde mi nacimiento. Esta vez la hacemos corta, empiezo sólo desde hace un año. Así que ahí va de nuevo: antes de irme, recibí mensajes contradictorios sobre cuanto peligro corría una mujer viajando sola por Asia.

Mi madre estaba segura que moriría ni bien respirara el aire del otro lado de la cortina del “mundo occidental”. Los no viajeros me pedían que no viaje de noche, que me ponga de novia ni bien llegue para no viajar sola y otras cosas tan incoherentes como ésta (convengamos que los novios no crecen en los árboles ni los comprás por Amazon o los encontrás poniendo un pedido público en tu muro: #NoviosDeAlquiler (?)). Los viajeros me aseguraban que todo era pan comido y que con un poco de sentido común los riesgos abundan pero no en Asia. Ninguno de ambos discursos terminaban de convencerme. Como buena libriana siempre tiendo a pensar en un punto medio, sobre todo porque a veces mi sentido común pareciera irse de paseo (sincerándome).

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Cuando pisé China más de uno sostuvo la respiración hasta el primer post que decía que mi anfitrión de Couchsurfing no me había mirado de forma indecente, no me habían secuestrado para trata de blancas ni me había perdido en las calles terminando como indigente por la imposibilidad de comunicarme en inglés o español con sus habitantes. De repente China se convirtió en un lugar seguro para mis círculos de conocidos, al menos más que de este lado del globo.

Lo más duro que vi, en cuanto a la seguridad de un extranjero, fue un par de chicos tristes (aisladamente, sino parece un chiste) porque les habían robado su I-phone por haberlo estado revoloteando por algún lugar repleto de gente en Xi-An.

Lo más duro que viví fue cuando, apenas crucé la puerta del vagón de un subte, un hombre me tocó el trasero como al pasar (muy suavemente en comparación a las manotadas argentinas) esperando que la puerta se cerrara a tiempo o yo no dijera nada. Para su sorpresa se encontró con la latina en calzas más desquiciada de todas. Las puertas me dieron tiempo a girar sobre mis talones, pegarle en el pecho y empezar a gritar en inglés, mientras lo señalaba con el dedo índice, que era un cerdo asqueroso que me había tocado sin mi permiso. Lo tenía merecido, pero si me hubieran visto dirían “pobre tipo”. Pensó que se iba a salir con la suya y en cambio terminó batiendo las manitos mientras que me decía con aspecto de espanto “nonononononononono” (me reí durante meses de la situación). Todos en el subte se dieron vuelta a mirarlo con cara de desaprobación mientras, justo a tiempo, las puertas se cerraban entre ambos y él debía guardar esa vergüenza hasta la siguiente estación donde podría bajarse. En Argentina se mueren de risa si los ponés en evidencia pero allá es gravísimo ser descubierto haciendo algo así. Ante todo impera el concepto de “no perder la cara”. Lo que se muestra y lo que el otro ve es lo que importa.

Algunos meses después entré en Malasia. De nuevo me llegaron mensajes de preocupación. “¿Te vas a un país musulmán? ¿Vos sabés lo peligrosos que son esos países? ¡Conseguí un hombre que te acompañe!” (como si yo solita no fuera autosuficiente y de armas tomar… ¿el recuerdo de mis ex temblando detrás de mí frente a un posible peligro no les hace llegar ese mensaje? 😉 ). Nada pasó. Y con nada me refiero a nada de nada. No me quedé meses en Malasia pero ya había comenzado a vivir un poco más al límite para ahorrar, lo que casi necesariamente supone sumar algún que otro riesgo a la aventura.

Indonesia fue un caso aparte. Casi todo lo que tengo para contar me pasó allí, en parte porque fue donde pasé la mayor cantidad de tiempo.

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En Sumatra no tuve ningún gran problema excepto que alguna vez intentaron cobrarme de más, en parte por ser época de Ramadán y en parte por ser extranjera. Cuando me rompí el pie, justo antes de pasar a Java, me hice dos amigos locales que me explicaron que en ese país también hay asesinatos y robos pero que generalmente no contra extranjeros (podés leer más sobre ello en: Aprendiendo sobre Sumatra).

Ahora que me puse a hacer memoria, una vez tuve que esperar dos horas en un mini micro local. Estaba sola y algunos hombres indonesios de la estación de buses iban y venían para hablarme. Se sentaban a mi lado e intentaban, con su poco inglés, sacarme información. “¿Cómo te llamás? ¿Qué edad tenés? ¿Estás casada? ¿De novia?” (las preguntas típicas en muchos países asiáticos). Frente a mis respuestas esquivas, o falta de respuesta, se iban un poco desconcertados. Uno me pidió ser mi novio y al decirle que ya tenía uno me dijo “pero yo puedo ser el de Indonesia”. Acto seguido puso su mano en mi rodilla “amistosamente” y haciéndose el tonto. Acto seguido, saqué su mano, le dije que no me tocara, le pregunté qué dice su religión sobre tocar así a la mujer de otro y puse entre los dos mis mochilas. Fui dura y exagerada pero era necesario. A veces les das la mano y te agarran el codo. Al estar sola no sabés si eso va a pasar pero por las dudas, cuando tu intuición te dice que algo va mal, mejor reaccionar. No están acostumbrados a que una extranjera les conteste así. Me saludó y se fue. Cuando volvió se comportó de forma amable y muy distinta.

Java fue mi base por un tiempo largo. Aquí es donde recolecté las experiencias más “tenebrosas” , si se pueden llamar así. En un supermercado de Yogyakarta un hombre puso su mano en posición y caminó hacia atrás para tocarme el trasero (acá ya me sentía halagada porque lo que menos tengo es trasero). Pasó algo similar a la historia de China. Lo agarré de la muñeca y empecé a llamar a la policía. Como todo indonesio nervioso, comenzó a reírse. Se zafó y se fue rapidito lo más lejos mío posible.

Una vez caí de noche en una ciudad donde debía tomar el tercer colectivo que finalmente me llevaría a destino. La falta de luz no fue planeada sino causa de la carencia de horarios puntuales de los mini buses de la isla. Me dejaron en medio de calles vacías y oscuras. Los taxi-bicis me ofrecían llevarme por una módica suma por demás abusiva por lo que me mandé hacia donde parecía ser un punto un poco más céntrico. Alguien me señaló la dirección, era lejos. Imagínenme sola, con tres mochilas, 23 kilos, caminando por una calle embarrada, sin luces y sin ruidos. A veces hasta yo me asombro de mi capacidad de seguir adelante. Se me acercó un chico en una moto-taxi. Al decirle que no tenía dinero, ofreció llevarme gratis. Ya me había pasado varias veces pero no estaba segura de querer correr el riesgo de noche. No tenía idea dónde era la parada del bus por lo que, finalmente, acepté con ciertos recaudos. Enfiló para el lado que yo pensaba que era pero después de unos minutos se metió en una zona residencial. Mi intuición nuevamente me decía que era el camino equivocado y que lo había hecho a propósito. Le dije que parara amenazándolo con mi mini envase de gas pimienta disfrazado de “ácido que te va a derretir toda la cara”, según mis palabras. Me bajé y le dije que se fuera porque sabía que no me estaba llevando al lugar indicado. Balbuceó un intento de disculpas diciéndome que como los buses no salían hasta dentro de algunas horas pensó que quizás quería ir a dormir una siesta a su casa (a veces me sorprende la poca creatividad de los hombres inventando excusas, perdón chicos, pero soy sincera). Recibió un “andáte o te derrito todo” (petiza y chiquita pero brava). Me señaló el camino correcto y, con un poco de miedo por mi frasquito, comenzó a seguirme con cara de perro que lo dejaron fuera de su casa. Una vez en la esquina en la que debía esperar, se disculpó y me dijo que algunos buses pasaban a cualquier hora pero que se iban recién cuando estaban llenos. Intentó sacarme mi número o mail sin éxito y cuando me subí al bus se fue con un semblante un poco triste. Mi conjetura es que no iba a hacerme daño sino llevarme a su casa para mostrar que era amigo de una extranjera. Si tenía suerte y ocurría algo como un beso, mucho mejor. De todas formas ese tipo de situaciones son feas porque una, que sí está en contacto con noticias terribles del mundo occidental, desconfía. No estoy en desacuerdo con desconfiar cuando viajás sola porque muchas veces te salva, aunque otras no te permite vivir experiencias que están buenas.

Días después, la ciudad con el puerto para cruzar a Bali también me recibió de noche. Esta vez quise tomar un taxi pero no había disponible. Caminé durante horas pero los hoteles eran muy caros y estaban bastante separados entre sí. Sin saber que hacer me puse a hacer dedo para ir al que aparecía en mi guía. Un señor en moto me llevó. Le dije que no me esperara. El hotel resultó haber aumentado demasiado sus precios. Al salir en busca del que me dijeron que podría llegar a ser más económico, me encontré con el señor que me había llevado esperándome. Intuí algo raro y le dije que gracias pero no necesitaba más ayuda. Me fui caminando pero insistió diciéndome que era de noche. Terminé subiendo y, al desconfiar de nuevo, le pedí que parara. Intentó “tirarme un pico”, como le decimos en Argentina, pero sin llegar a hacerlo y me pidió que fuera la novia. Le grité bastante agresivamente y nuevamente mostré mi frasquito de gas pimienta disfrazado de ácido en mis palabras. Al segundo tenía cara de arrepentido y me pidió mil disculpas (a veces me gustaría verme porque quizás es que me convierto en monstruo por unos segundos y no que ellos realmente son muy “manejables”, porque inocentes convengamos que no). Quiso llevarme al hotel pero le dije que se fuera. Me terminé subiendo a otra moto que me llevó hasta el puerto donde crucé directo a Bali. A la siguiente isla también llegué de noche, pero una chica me ayudó llevándome a un Mc-Donald’s cercano a la casa donde me iba a hospedar.

Me quedé en Bali un montón de días ya que decidí tomarme allí mis vacaciones de viajar rápido. El único percance que tuve fue caer en la casa de un chico que mintió sobre el lugar en la página de Couchsurfing. Era una habitación del tamaño de un dedal con un solo colchón de una plaza en el suelo. Distaba mucho de la casa con sofá, una hermana y un perro. Me quedé a dormir ese día, aprovechando que él iba a trabajar de noche, y luego me alquilé una habitación al sur de la isla.

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Mi paso por Vietnam fue corto pero con anécdotas escabrosas. Disfruté mucho Hanoi y Sapa, al norte. Al volver me subí a un bus local para irme a Cat Ba (isla). Era un día lluvioso y el chofer conducía un poco más alocadamente que de costumbre. Chocó una moto en el medio de la ruta. Delante de todo, agarrada de una barra, veía cómo el mundo giraba… o era yo la que giraba, en ese momento no lo podía entender bien porque la señora que no paraba de gritar a mi lado me aturdía. Gracias a dios paró sin cruzarse al otro lado. Dos personas salieron corriendo para ir a ver al señor de la moto y evitar percances con la policía. Mientras, el bus era escondido unos kilómetros adelante conmigo dentro. Bajé y empecé a “apurar” al que se quedó porque había olor a estafa en el aire. Me quisieron meter empujándome a otro bus, con mi mochila que habían colocado en la cabina debajo sin mi permiso. Haciendo fuerza hacia fuera, les discutía tratando de averiguar si iban o no a donde yo necesitaba. Me dijeron que sí. Les aclaré que ya había pagado y que no iba a poner un peso más. Obviamente después de un par de kilómetros, muy agresivamente, intentaron que les diera más dinero. Aguanté veinte minutos de gritos hasta que exploté. No pensaba bajarme y tampoco pagarles. No iba a ceder a injusticias. No podía parar de pensar que me habían advertido de que esto iba a pasar si tomaba transporte público en vez del turístico. Pero como era vísperas de año nuevo asiático, los precios estaban por las nubes. Cuando finalmente bajé, caminé un rato largo hasta que decidí fijarme en la guía como se decía “ferry” en el idioma local. Me habían robado un montón de cosas y habían puesto de vuelta el resto con mucho arte para que no se notara el vacío. Sentada en la calle, rodeada por bolsas ziploc con mi ropa, me puse a llorar de la impotencia. El cargador de la cámara había desaparecido, mi maquinita de depilar rota y vieja, otro tanto de cosas y hasta las zapatillas de 10 USD todas rotas y sucias. No habían tenido la decencia de dejarme las zapatillas que son imposibles de vender con agujeros. Mucha gente, sin hablar inglés, intentó ayudarme. Al parecer todos entendieron lo ocurrido. Un hombre en moto me llevó gratis hasta el ferry que quedaba a unos cuantos kilómetros. Sentían pena de que algo así ocurrió en su país. Después me enteré que tanto aquí como en Tailandia es bastante común que revisen las mochilas que ponés debajo. Venía mal acostumbrada de China e Indonesia. El resto del camino hacia el sur fue casi sin percances.

También podría sumar mi experiencia en Jordania, pero ya la conté en otro post: Hombres al Sol, Mujeres a la Sombra. No involucra peligro, hasta donde mi intuición llegó, pero sí dos situaciones bastante incómodas que surgieron de mi ignorancia y poca preparación frente a la cultura en la que me sumergí. Por ello mi regla número uno es siempre investigar sobre el país al que voy. Desde sus usos y costumbres hasta su clima. De esta forma puedo prevenir cualquier suceso indeseable y no faltar el respeto a su gente.

Y ya que empecé a escribir sobre mis reglas se las comparto todas. La segunda es, en la medida de lo posible, nunca viajar sola de noche. A veces los colectivos se atrasan o no hay realmente forma de saber en qué horario se va a llegar. Sobre todo en países “poco desarrollados” o cuando se hace dedo.

La tercera es siempre hacerle caso a mi intuición. Así me de un poco de vergüenza porque siento que me puedo estar equivocando, le hago caso a mi voz interna. Quizás no tenga razón, pero si la tiene me puede estar salvando la vida.

La cuarta es pedir ayuda cuando vea que la voy a necesitar. En lo posible antes de que “esté en el horno”, como decimos en mi país. Hay que comerse el orgullo y estar dispuesto a que te digan que no o te miren con cara de desconfianza. En mi caso los padres y las mujeres fueron los que me salvaron muchas veces.

¿Vieron que no fue tan terrible para un año repleto de descuidos y siendo una cabeza dura que piensa que todo lo puede? 🙂 Mi experiencia me dice que mientras menos turistas haya, más seguro es el país (correlación negativa). Pero como toda tesis, hay que probarla para cada rincón o queda descartada. Por ello la sigo poniendo a prueba cada día. Los invito a aportar sus experiencias en nuevos lugares así cubrimos, de a poco, el globo.

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18 comments

  1. Que buen post Guada, rompiendo paradigmas en cada paso. Seguí inspirando, te mando un abrazo grande !!

    Fede.

  2. Jajajaj cuando leí el “no viajés sola de noche” y la explicación me vi a mi misma sentadita en la estación de Mughal Sarai en India, esperando por el tren que nunca llegaba y que se demoró una eternidad en venir…

    Igual, creo que soy más cabeza dura que vos porque creo que no aprendo tan rápido y pensando en la situación y el momento de viaje creo que seguramente lo hubiera vuelto a hacer :p

    • Jajaja!!!! Creo que sos igual de cabeza dura que yo porque a pesar de que aprendí rápido que no es una buena idea llegar de noche a un lugar lo seguí haciendo una y otra vez… sólo que no lo recomiendo. 😛 Más que nada porque a veces no hay muchas opciones y uno se quiere ir en el mismo día que lo decidió o porque es más barato. Tengo la sensación de que te sumás a ambas Marian!!! Ayer llegué a retiro tan temprano que era de noche y tuve que caminar hasta el tren que queda en la otra punta con la valija con todas mis “cosas importantes”… algún día aprenderé a cambiar de prioridades. Aprenderemos. Tengo fe. 😉

  3. Interesante artículo, como siempre;) Es curioso cómo tenemos esta preconcebidas ideas sobre el peligro en el extranjero sin haber estado allí. Aun siendo que soy un hombre, puedo decir que me sentí más seguro a la noche en la mayoría de los lugares que fui en Asia que en mi propia ciudad (en Francia) : Esto fue una lección de vida para me. No tengo reglas estrictas a excepción de «escuchar a ti mismo», «tener sentido común» y «mejor perder una oportunidad, que de ser robado o peor». Pero, creo que hay una mayor experiencia con la población local cuando les da la oportunidad de ayudar a nosotros (al menos para mí). Así que, a veces, estaba realmente tratando de perderme en algún lugar, de ir un poco detras de mi zona de conforte, y quizas conocer a alguien.

    • Hola Nico! Coincido. Cuando te perdéis o estás en situaciones un poco en el límite te pasan, muchas veces, cosas increíbles. Me falta escribir ese post, en el que cuento cómo la gente me ayudó en cada momento del viaje sin esperar recompensa alguna. Algunas veces abriéndome las puertas de su casa para que esté un poco en familia o para protegerme lo que pudieran. Me falta comprobar si eso también pasa en casa, en mi país y en el mundo occidental. Nunca viajé por aquí de esa forma tan al límite como a veces hice allá así que realmente no puedo opinar sobre la solidaridad. Pero sí puedo decir que en Asia me sorprendieron ayudándome incluso cuando no hablaban el mismo idioma. Hay un lenguaje más allá del idiomático. Me quedé con la imagen de la gente sonriendo cuando intentaba comprender su cultura e intentaban explicarme una y otra vez a pesar de que no entendían mi interés. Cosas simples como la forma de lavar los platos, el por qué de los altares en las casas, qué pasa después con toda la comida que ofrendan, el por qué de cierta ropa, los colores y los números que eligen…. Perderse te permite transitar por lugares sin turistas y ver la vida cotidiana del lugar. y no sé cómo pero solés ser puesto en un camino en el que siempre pasa algo que te deja pensando. Creo que me explayé demasiado. 🙂

  4. la verdad que bueno tener el ego que tenes te envidio. todos los hombres quieren estar con vos
    se nota que sos demasiada argenta. divertido post igual

    • Jajaja, no voy a decir que no. De todas formas es bastante común para cualquier mujer occidental allá que los hombres estén interesados en una. Hasta diría que a mí me pasó mucho menos porque soy morocha y a ellos les llama la atención la piel blanca y los ojos claros… así que dentro de lo occidental era la menos popular. Algunas amigas recibieron propuestas matrimoniales o de noviazgo al menos una vez a la semana. 😛

  5. “Andáte o te derrito todo” jajajaja Guada me hiciste reír tantooo!! Yo también soy super mala onda en ciertas situaciones, y me doy cuenta de que mi cuerpo cambia, mi cara cambia, mi energía cambia y siento que no me se me pueden acercar porque los derrito con energía jajajaaj Chiquititas pero poderosas estas latinas che 😛

    • Uff!!!! Porque recibí un comentario diciendo “como se nota que sos argenta” y me quedé medio traumatizada pensando si fui demasiado dura. Al final estamos bien al sur pero somos muy latinas cuando reaccionamos!!!! Y somos varias!!! jajajaja, como el Koinor!!!

  6. Jajajajaja qué reacciones! Así se hace! Cuando me mando una así (sin ir al otro lado del mundo, por ahora) pienso que tal vez además de salvarme de alguna mala yo, estoy dejandole un sustito a alguien que puede seguir haciéndose el vivo con alguien más. Cadena internacional de mujeres avergonzando atrevidos!
    Genial post, felicitaciones!

  7. Después de ese comentario con tu gas pimienta, te mandamos a las Malvinas, las recuperas y encima te regalan Londres por las dudas. Muy buenos consejos para las mujeres que viajen solas, creo que la clave es el sentido común para todo viajero.

    Besoo !!

  8. Muy bueno tu post! Lamento lo desagradable de los manoseos, por supuesto. Eso no es lo bueno, pero sabrás entender que me refiero al contexto de lo que significa viajar tan lejos y confrotar ante esas situaciones. Estoy planeando un viaje a Europa, pero me está seduciendo mucho los lugares como Camboya, Vietnam o Laos, por ejemplo. Un abrazo grande 🙂 PD: voy a seguir leyendo tus otras experiencias. DAVID.-

    • Hola David! Te recomiendo Indonesia y China. Camboya también pero es bastante turístico en comparación. Edimburgo no puede quedarse fuera dentro del circuito Europeo y si vas a París andá a la Saint Chapelle :). Buen viaje!

  9. Guadalupe!! Sos genial!! Te juro que siento como propia todas tus experiencias!!! Me das la confianza para ser dura cuando se necesite ya que a veces por temor, verguenza o miedo por lo menos en mi caso uno deja que lo pasen por arriba. Espero tomar coraje para ir a Asia, por ahora ya tengo pasaje a París y de ahí sólo Dios sabrá!!
    Te mando un beso desde Montevideo!!

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