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Caminando el País Dogón en tiempos de atentados – Mali

Llegué a Bamako pensando en quedarme cuatro días y pegar la vuelta a Senegal. Las noticias del norte de Mali estaban plagadas de atentados y secuestros tornando demasiado peligroso el viaje a Tombuctú. ¿A dónde ir entonces? Alguien me habló del País Dogón, que no es un país sino una región. Los expatriados que trabajaban en la capital me dijeron que era una locura, pero había dos japoneses en camino y un holandés que quería venir conmigo (tampoco le causaba gracia acampar en solitario por allá). Decidí ir. Para hacerlo menos peligroso y más barato iría en bus. La gasolina estaba encareciendo demasiado el viaje y, por otro lado, mi 250cc es vista como una motocicleta cara aquí y fácil de identificar como extranjera. Mejor evitar ser un blanco tan visible. Y con blanco me refiero a un target, porque ya ser blanca me pone en la mira.

Sombreros típicos de Mali, la forma de sostener a los bebés y las compras…

El bus hasta Bandiagara tardó una eternidad entre tantas paradas. Lo tomamos a la una de la tarde y llegamos al otro día a las ocho de la mañana, un poco con frío y otro poco con contracturas. Nuestra ruta caminando comenzaría allí. La idea era hacer Bandiagara – Djiguibombo – Tely – Bandiagara Escarpment Unesco world Heritage – Sand Dunes – Guimini – Dorou y de allí todo el camino hasta Sangha, pero terminamos en Dorou debido a que mis pies no daban más del dolor por las ampollas. Fueron cuatro días de caminata y 70 kilómetros a pie debido a los largos desvíos para encontrar un lugar bueno para acampar. Parte de la vuelta a Bandiagara fue en una moto local por un camino off-road, sin casco ni protecciones. Mi mochila pesaba y me tiraba hacia atrás mientras el metal de la moto se me clavaba en el trasero con cada piedra que levantaba la suspensión. Riesgoso. Caminar ya no era una opción y estábamos en medio del campo. Pero esto fue el último día, comencemos por el principio.

Un día normal de mercado.
Los baobabs abundan y algunos son majestuosos.

Caminar más de diez kilómetros por día cuando te la pasas sobre una motocicleta, no es tarea fácil. El primer día hicimos cerca de quince hasta un lago donde acampamos y pasamos la noche. En cada aldea se juntaban alrededor nuestro cerca de veinte niños que nos pedían caramelos o dinero, “Madam, bombon? Bombon Madam!”. Los niños exigían mucho de los Tubab o Tubabú (como llaman a los blancos que significa literalmente eso, blanco-blancos). Occidente y su turismo suele tener consecuencias desastrosas en las culturas minoritarias. Algo tan simple como regalar caramelos a niños con hábitos alimenticios diferentes en un lugar sin dentistas, puede provocar desde caries hasta una actitud de “vos sos blanco y me tenés que dar” sin ningún tipo de gratitud visible hacia la mano extendida sino alegría por lo que obtienen, da igual la mano. Actitud que vi de sobra en Senegal. Y no estoy segura de que la culpa sea del que pide sino más bien del que estableció la regla. Pedir no está mal, regalar tampoco. El tema es que estaría bueno pensar qué desencadenará el hecho al largo plazo. A veces es positivo, a veces no. Supongo que siempre es mejor algo que perdura como el conocimiento o la oportunidad de trabajo. Aún le sigo dando vueltas… Dejando estos pensamientos de lado, seguimos caminando.

Sigo pensando pobre toro pero mejor eso que una carga mayor.
Entrada a una aldea.

El paisaje al principio era tierra, mucha tierra, con árboles cubiertos con más tierra. Cada tanto se tornaba todo verde y se veían campos de cultivo con dogones regándolos con calabazas gigantes y secas, rellenas de agua. A mano y lento, metro por metro.

Los niños ayudaban a sus padres o cuidaban de sus hermanos. Por la carretera, durante las mañanas también se les veía circular, con sus pies sucios de polvo, camino al colegio. Las rutas no están pavimentadas pero a pie se marcha bien y aparentemente con una de esas motocicletas malienses con la leyenda “Super N 1 Original” sobre la fina rueda delantera, también.

Esos frutos los secan, los vacían y los utilizan de cuenco, para regar los campos o para armar instrumentos.

El segundo día, cansados de seguir un camino de tierra, tomamos una ruta alternativa subiendo las rocas y aventurándonos metros hacia abajo dentro de un cañón. Los caminos alternativos son usualmente utilizados por los dogones. Los ríos tienen puentes y las pendientes escaleras, ambos improvisados con lo que sea que haya al alcance. Ir cuesta abajo en las paredes rocosas no fue fácil al principio hasta que aprendimos a identificar las escaleras improvisadas con rocas. A veces parecían formar parte de un desprendimiento pero en cuanto nos aventurábamos por allí nos dábamos cuenta que estaban colocadas a propósito formando una escalera firme. A la mitad del camino encontramos un oasis: un pequeño lago en la roca con una catarata y dos árboles pequeños pero con suficiente tamaño para protegernos del sol. Con tanto calor cada vez que veíamos agua más o menos limpia, parábamos a refrescarnos. Sorprendentemente el agua de los lagos y los ríos siempre estaba muy fría.

Vista de la carretera desde el desvío.
Llevó media hora encontrar las piedras superpuestas que nos llevarían allí abajo.

Debajo de la montaña, nos sentamos con locales a la sombra de los cultivos. Tomamos té y me ofrecieron una fruta que no conocía. Les di almendras a cambio y parecieron sorprendidos. No las conocían y por señas me preguntaron si podían plantarla y obtener un árbol. Les expliqué que no y que para ello necesitaban el fruto completo. Parecieron entender bien que la almendra provenía de una carcasa dura con otra parte blanda por fuera. Reímos con mis preguntas básicas sobre las frutas extrañas que veía y nos fuimos de nuevo porque aún faltaban algunas horas para que oscurezca.

Mis pies ya me dolían mucho. Las zapatillas de trekking les hacían transpirar y como resultado me salieron tres ampollas gigantes que no querían reventarse. Estaba todo tan sucio alrededor que yo tampoco quería reventarlas.

Una típica escalera dogón.

Caminando un poco más llegamos a Tely. Había leído bastante sobre esta aldea. Aparentemente los dogones, supuestamente escapando de la islamización que les querían imponer los almorávides, llegaron en el siglo XIV a lo que es el actual País Dogón. Pero ellos no fueron los que construyeron las famosas casas del área. En la falla en la que yace Tely y otras aldeas, vivía una etnia pigmea a la que llaman actualmente tellem (los de antes). Los tellem fueron los que construyeron la ciudad de barro sobre la pared vertical de la falla. Irguieron pequeñas casas en lo alto para mantenerse a salvo de los animales salvajes que solían habitar el lugar. Aún me pregunto si realmente bajaban y subían todo el tiempo en busca de agua y comida. Actualmente los tellem no existen más y los dogones tienen sus aldeas debajo, en tierra plana, pero cobran para ir a visitar las alturas.

Por lo que leí, algunas están hasta 200 metros en lo alto.
Antiguas casas de los tellem en Tely.

Los restaurantes que solían tener un montón de clientes extranjeros cerraron por falta de turismo debido al problema con “los del norte”. Estábamos cansados de comer dátiles y galletas así que preguntamos por comida en uno de los pocos “campamentos” de la zona que en realidad son una especie de hotel muy básico. Nos ofrecieron té y comida típica dogón a cambio de sentarnos con ellos a charlar. Hablamos un poco de todo mientras nosotros comíamos casi desesperados la masa de mijo cubierta con una salsa a base de hojas de baobab que tenía la consistencia de un moco verde o de sabia. También nos dieron un balde con una bebida dulce a base de mijo que sabía mucho mejor que la comida. Cuando tenés hambre terminás comiendo cosas que dudarías un poco en otra circunstancia.

Y los niños corretean junto a los animales mientras los aldeanos trabajan la tierra.

Después de comer nos llevaron a una tienda por más galletas. En el camino conseguimos mangos a un precio increíblemente bajo y Folk casualmente nunca los había probado así que fue un momento feliz mientras comenzábamos a pensar en acampar. Terminamos armando la carpa en medio de campos de cultivo que parecían en desuso. Al día siguiente, como todos los días, el sol nos despertó a las 6:00 am para seguir ruta.

En Bamako los japoneses me advirtieron que tenía que llevar nueces de cola (kola) que es un fruto que te mantiene despierto pero tiene un sabor amargo espantoso. Es utilizado mucho por los agricultores y aparentemente es cortés pagar, por pasar por las aldeas, un impuesto a los más ancianos en nueces de cola. Muchos de los ancianos nos pedían directamente cola incluso cuando nos los encontrábamos en el camino. Concordamos en darles los frutos de forma selectiva porque solo habíamos llevado un kilo. Así, cada vez que preguntábamos por un pozo de agua y no nos pedían nada a cambio regalábamos algunas nueces. El agua es gratis en los pozos de cada poblado, o al menos eso entendí yo que no sé hablar francés.

Comenzó la arena.

Recuerdo particularmente dos ancianos que estaban hablando y tejiendo cestas con hojas de palmera dentro de una toguna. La toguna es la cabeza simbólica de la aldea donde los ancianos discuten los problemas a resolver. Se trata de un techo muy bajo con capas de mijo y algunos pilares sosteniéndolo. La única forma de entrar es en cuclillas y esto tiene una razón lógica: como es un lugar de discusión así evitan las peleas no verbales.

La mayor parte de las construcciones que vi eran graneros. Los masculinos, más altos, los utilizan para guardar granos. La cantidad de graneros que tiene un hombre habla de su riqueza. En cambio, los femeninos, son utilizados por las mujeres para guardar sus pertenencias personales ya que los bienes se mantienen separados. La cantidad de graneros femeninos de un poblado es igual a la cantidad de mujeres allí. También tienen construcciones para que permanezcan durante su menstruación, el periodo “impuro”.

Tan perfectos.

Los dogones piensan que todos nacemos con los dos sexos. El clítoris es considerado masculino mientras que el prepucio, femenino. Aún se llevan a cabo circuncisiones para ambos sexos.

Los altares y todo lo que tenga que ver con la religión, relacionados en cierta forma con la creación de la vida, solían construirse en lugares centrales pero ya no es siempre así debido a la occidentalización paulatina que va teniendo su cultura. Incluso los hogones, jefes animistas, fueron desapareciendo de a poco. Muchas de las poblaciones tienen tanto iglesias católicas como mezquitas, pero en mi paso por las aldeas no encontré ningún hogón con su sombrero rojo. Me dijeron que no tenían más. Por las figuras y tallas en madera que vi me pareció que las religiones extranjeras se mezclaron un poco con el animismo local. Seguramente existen aún hogones en lugares más alejados. También puede ocurrir que no quieren ser molestados por turistas debido al acoso de los últimos años.

Las mezquitas tienen esta forma, como la de Djenné, estilo sudanés.

Cada vez que hablaba con alguien se reían por el hecho de que conocía un poco de la cosmogonía dogón. No demasiado, solo lo básico, lo que había investigado en internet antes de emprender la aventura. Amma, el creador, hizo nacer en la tierra a dos gemelos, los Nummo/Nommo, que simbolizan la dualidad y que eran anfibios. Más allá de eso solo recordaba que el hogón es el único que se comunica con dios, con Amma. Por ello es también el que solía tomar las decisiones importantes, intervenir frente a los problemas y realizar los rituales agrarios para que la aldea tenga granos suficientes. Los fetiches, esculturas que se transmiten entre generaciones de hogones, son la conexión con Amma y los ancestros cuando se necesita consejo. Los fetiches, como tantas otras cosas en el País Dogón, son sagrados. Y como otras tantas cosas en el mundo, me daban mucha curiosidad. Si hubiera encontrado un hogón lo primero que le hubiera preguntado hubiera sido sobre los fetiches. Amma no lo quiso así.

Algunas tallas dogón.

El tercer día ya no daba más del dolor en los pies pero seguía sin quejarme excepto cuando me sacaba las zapatillas. De a poco estaba comenzando el desierto. Llegamos a una especie de oasis verde con campos de cultivo y una laguna donde nos sentamos a descansar. En la aldea encontramos un hombre que sabía un poco inglés y le insistimos con preguntas sobre dónde podríamos comer y si alguien podría cocinar lo que sea para nosotros. La decisión de no llevar la cocina de camping fue una buena idea por el peso y una mala al mismo tiempo. El hombre nos dijo que por mil francos (dos dólares) podía cocinarnos arroz. Le dijimos que sí y terminamos comiendo arroz con cebolla (yo no como mucha carne) en el patio del colegio. El chico resultó ser el maestro de inglés y su amigo el que enseñaba las otras materias. Mi inglés era mejor que el suyo por lo que estaba contento de poder practicar el idioma. Tomamos té y cuando nos sirvieron la comida, como había mucho les dije que se sentaran a comer con nosotros. Hablamos hasta el cansancio con señas, inglés y mi bajo entendimiento del francés. No me dejaron pagarles por más que insistí y nos invitaron a dormir dentro porque la noche anterior habíamos sufrido una tormenta de polvo y arena, y esta parecía que sería parecida. Tendimos nuestras bolsas de dormir en el suelo, junto al colchón de uno de ellos, en una habitación básica construida con cemento. Al día siguiente nos fuimos temprano.

Empezaron los camellos. Señal de que se pondría duro.
La única forma de guiarnos que encontré fue siguiendo huellas. Caminos invisibles.

Nos tocó caminar entre dunas. Comencé a escatimar el agua porque no encontrábamos pozos ni gente y a soñar con sandías. Tanto pensar en frutos que encontré una sandía infanta que parecía abandonada. Era pequeña como mi puño pero le hinqué los dientes sin pensarlo. Se podía comer. Una mitad para mí, otra para él… seguía pensando en una sandía.

Caminamos por inercia hasta Dorou donde mis pies dijeron basta. No podía más, al menos no sin llorar o caminar a un paso muy lento que no me llevaría lejos. Como Folk caminaba más rápido debido a sus largas piernas de gigante nórdico (sin serlo), me alejé despacio mientras él descansaba bajo un árbol. Diez minutos después me estaba alcanzando en una moto. Iba de paquete, en el asiento de atrás con las piernas levantadas y las rodillas sobresaliendo del asiento. Me tocó el tercer puesto, la parte de metal para los bolsos. Llegué a Bandiagara con mi trasero tan dolorido como mis pies pero agradecida por poder finalmente descansar dos días. Bandiagara también es zona dogón y nos divertimos en su mercado y en un taller donde nos hicieron trajes a medida por ocho dólares cada uno con telas típicas africanas. Mi camisa y pantalón eran recatados pero los de Folk no. Los locales reían al ver un gigante rubio cubierto de flores de colores.

Próxima parada: Djenné y su mezquita de barro. Pero esa es otra historia.

Mujeres subiendo parte de la cosecha.
Vista panorámica del desierto.

CÓMO LLEGAR AL PAÍS DOGÓN

Desde Bamako a Bandiagara hay muchas opciones diferentes de buses. La mejor es Africa Tours que cobra 9’000 CFA. Los fines de semana aparentemente cuesta 10’000 CFA. Los buses tienen aire acondicionado y todo el mundo sabe dónde se encuentra la terminal. Desde el hostel/hotel internacional Sleeping Cammel un taxi cuesta entre 700 y 1’000 CFA. Se trata de la única compañía más o menos puntual y cómoda. Un bus local barato cuesta más o menos lo mismo y vas mucho más incómodo. En general hacen muchas paradas donde se puede comprar agua y comida. Por la noche no conducen por lo que se llega al día siguiente. El que sale a las 10 am llega al día siguiente a las 4 am y el que sale a la 1 pm llega al día siguiente alrededor de las 9 am, aunque los tiempos son aproximados. Es importante llevar pasaporte por los controles policiales y militares.

Encontramos muchas de estas chozas. Al principio pensé que eran solo para los agricultores pero luego vi algunas más aprovisionadas que servían de hogar.

DONDE DORMIR EN EL PAÍS DOGÓN

En Bandiagara hay un hotel y restaurante con precios variados que se llama La Falaise. La opción más barata es acampar en el techo que cuesta 1’500 CFA (menos de 3 dólares) por carpa. También cuenta con habitaciones y un restaurante agradable con internet. Aquí se pueden contratar guías y carros/autos. Su página online tiene los precios actualizados e ideas sobre qué visitar. A media cuadra, en la calle comercial principal, hay un restaurante pequeño y muy “local” que vende el plato de espaguetis o arroz por 250 CFA (menos de medio dólar) o 500 CFA con carne. A veces cuenta con verduras hervidas y otros platos.

En las aldeas aún se puede dormir en los campamentos que brindan habitaciones muy básicas y comida. Los baños son estilo africano (olvídate de la ducha caliente y del inodoro). Los campamentos disponibles aparecen en la aplicación Maps.Me para móviles/celulares.

La cosecha siempre arriba del árbol…

SEGURIDAD ANTES DE IR AL PAÍS DOGÓN

Antes de ir a esta zona conviene consultar sobre la situación política. Cuando fui no había turismo debido a los asesinatos y los secuestros ocurridos en Mopti. Según los dogones su área era aún segura y el problema estaba al otro lado del río. Según las Naciones Unidas y las embajadas toda la zona era insegura. Depende de uno a quién creerle y qué riesgos tomar. Ir en transporte propio con placa extranjera no es aconsejable.

Me dijeron que los burros en Mali son considerados inferiores a los animales. Les pegan con un palo (en Senegal también) y a muchos los ves trabajando con el lomo sangrando. La tortura debería ser eliminada. O matas, o dejas vivir. La crueldad me eriza la piel aunque entiendo que es más falta de empatía que crueldad en sí.

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14 comments

  1. Excelente y hermoso relato Catalina, felicitaciones y buen viaje.

  2. Magnífico relato. Eres una gran escritora: ¿No has pensado en escribir un libro sobre tus viajes y vivencias de estos últimos años?

  3. Me encantó, bonita. Espero ansiosa la segunda parte.

  4. Antonio Ruiz

    Hola Guada,
    espero que cuando te sientes para escribir tu libro, te ahorraras las ampollas (menudo tamaño tendrían). Como siempre es un gusto leerte. Gracias por este texto con cierta tristeza pero con unas ganas enormes de soñar.
    Un fuerte abrazo Guada
    y Hasta Pronto Catalina
    Toni

  5. Ángeles Espínola Zetina.

    Gracias , me encanta leerte y disfrutar las fotografías ya que me ayudan a completar el viaje y paisajes. Eres muy valiente. Un cariñoso abrazo.

  6. Horacio J. Segura

    Hola Guada !!! , te sigo anónimamente desde hace tiempo. Me encanta tu forma de ver el mundo. Gracias por compartirlo. Desde Buenos Aires te mando un fuerte abrazo y Feliz añoooo !!!. Horacio.

  7. Ariel Palacios

    Descripción impecable de tú viaje por un País increíble,me fascinó todo,bellos lugares,hermosas fotos,y hermosa vos por compartirlo.!!
    Saludo y abrazo fraterno de Totuguitas, Provincia de Buenos Aires, Argentina.!!

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