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Ometepe y su quietud – Nicaragua

Ometepe pareciera decirme que deje las cámaras y me concentre en ella. Apenas intento tomar una foto o grabar un video su magia desaparece entre la neblina o el verde de sus árboles. Hoy terminé de entender que la isla es tímida, a pesar de la cantidad de turismo que recibe.

La vida transcurre tan apaciblemente que el corazón comienza a latir más lento y hasta los turistas se unen a este ritmo con sus motocicletas que apenas se mueven a mi lado. Las únicas que aún no fuimos tocadas por la varita de la parsimonia somos yo y Sami, mi moto, que pasamos volando a su lado. Es el viento que empuja mi mano.

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Vista desde el primer mirador del volcán Maderas.

Los animales son casi como las hormigas sobre una mesa cubierta de galletas sin guardar. Un caballo caminando hacia mí en medio de la calle de adoquines de cemento, gallinas y cerdos sueltos, enormes cebúes deslizándose como caracoles a mi lado, monos inmóviles descansando sobre los árboles y esos pájaros azules de largas colas que se posan cerca lentamente y se van rápidamente si intento apuntarlos con la cámara. En relación a los metros cuadrados de la isla, asombra la cantidad de animales que vez en una hora. Los locales lo adjudican a un hombre de San José del Sur, Francisco Rodríguez, comúnmente llamado Chico Largo. Algunos dicen que era un chamán, otros que hizo un pacto con el diablo para que le diera poderes mágicos. La gente le pedía deseos pero cuando no cumplían su parte del trato eran sumergidos a la fuerza en la Laguna de Charco Verde y convertidos en animales. También escuché sobre una ciudad subterránea llamada El Encanto, debajo de la laguna, que tenía propiedades mágicas y a la que eran llevados los incumplidores o los que tomaban frutos o animales en los alrededores de la laguna. Dos versiones en base al mismo personaje en el cual se basan muchas de las leyendas locales.

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La isla y sus animales te vuelven lento y tranquilo.
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Pensando en la leyenda me encontré este cartel. No dan ganas de ir al hotel.

Las vistas también ponen pausa a tus movimientos, como si tu cuerpo entrara a moverse en cámara lenta mientras tu cabeza se queda congelada mirando al volcán, por ejemplo. En la isla hay dos volcanes y a ambos se puede subir. Al que fui es al Maderas, el más bajo, que contiene en su interior una laguna de nueve metros de profundidad. Los guías no te dicen que no necesitas de un guía para subir (claramente) y tampoco que después del primer mirador te vas a encontrar con tres kilómetros a 45 grados de piedras y barro. Tardé casi una eternidad pero lo logré. Llegué con el último aliento y una cantidad de neblina que no me dejó ver nada. Por lo que me mostraron en fotos hay un lago fangoso y árboles. La parte linda es el bosque que cruzás para llegar.

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Se ve bien pero no lo estaba.
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Los demás volcanes que subí me parecieron una tontería en comparación.

Después de mi pequeño trekking de siete horas y mucho barro en las zapatillas decidí que los volcanes de Nicaragua mejor mirarlos desde abajo. ¿Desde dónde? El atardecer desde la playa Bancón en el mismo predio que Charco Verde. Hoy, mientras los locales jugaban fútbol, me puse a meditar. No a pensar, a meditar como esos gurús que se sientan cruzando las piernas, con las palmas hacia arriba sobre las rodillas y el dedo gordo de sus manos tocando el índice. Meditar con los ojos cerrados terminando los ejercicios de respiración con largos Ommmm vibrantes pero no fuertes para no poner caras de incógnita en los presentes. Me siento renovada y las ideas volvieron a su lugar. El volcán tiene un efecto energético y de paz sobre mí que no intento entender. Pareciera susurrarme verdades. Comprendí que Luisa tiene razón, a mí me gusta mi soledad. Me gusta porque en ella nunca estoy sola cuando conecto con el mundo. Un poco como mi amigo jesuita que me dijo que nunca se sintió solo porque siempre percibió la presencia de dios a su lado. A mí sí me pesa cada tanto, pero cuando pierdo la conexión con la unidad de la naturaleza. Sino me siento tan libre que a veces acaricio la mejilla de mi mamá a lo lejos. Me gustaría que su sueño fuera más apacible. Ayer alguien me escribió que mi soledad es desapego pero está lejos de ser cierto por más que fuera mejor así. La gente se me pega al cuerpo como un tatuaje en cuanto comienzo a quererla y a partir de ahí me duelen sus dolores y me alegran sus sonrisas. Los llevo conmigo por más que no estén conmigo. Les pienso. Les pienso mucho.

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Paz y energía.

Un amigo me dijo que Ometepe es la cuna de la Teología de la Liberación, repudiada por Juan Pablo II, que aboga por los pobres y recurre a las ciencias humanas y sociales. No lo fue, pero la isla vecina, Solentiname, sí. Allí Ernesto Cardenal fundó una comunidad cristiana, casi monástica. Allí escribió El Evangelio de Solentiname. Me enteré de casualidad, aunque ya no creo en las casualidades. La Teología de la Liberación despierta dos luchas internas: la que me dice que si uno tiene más necesariamente otro tiene menos porque los recursos son finitos y la que también me grita con fuerza que todos deberíamos ganar según lo que trabajemos y demos. Ahora, ¿por qué el trabajo de un campesino que sentirá en pocos años los dolores de su esfuerzo físico debe ganar menos que un hombre en una oficina que le dice a alguien qué hacer a través de un cristal que impide que se evapore el aire acondicionado? Fui oficinista y nunca terminé de entenderlo. Mi trabajo vale como el de cualquier otro mientras se haga bien. Realmente no desestimo el trabajo del oficinista, pero no vale más que otros. Vale igual. Mi mente no vale más que el cuerpo de mi vecino. Al menos no desde mi perspectiva. Este año la mayor parte de las discusiones que he tenido han girado en torno a estos conceptos. Me pone triste, siento que estamos cegados. A la vez veo mi propia vanidad y egoísmo y también me pongo triste porque el cambio va lento y aún no logro desprenderme de mi afición por ciertas cosas materiales ni por mi egoísmo respecto al dinero. Como tengo poco siento que lo necesito. Mi malestar reside en que creo que si tuviera más también sentiría que lo necesito. Por eso comprendo a aquellos que tienen mucho, no son diferentes a mí. Pero también comprendo que no está bien, que tenemos que parar. ¿Parar con qué? Dos cosas. Parar de tener hijos sin conciencia del mundo (¿nadie ve que es necesario reducir población si seguimos con nuestras manías y gustos?) y parar ese egoísmo porque yo lo necesito pero quizás otro lo necesita más. Si todos diéramos a nadie le faltaría una sonrisa porque compartiríamos los bienes pero también la salud mental de la que hoy en día carecemos. Somos un enfermo que reniega de su enfermedad. A este paso creo que termino de monja o en un monasterio budista. Mi computadora me sigue gustando mucho por ahora, no sé si sería capaz de despojarme de todos mis bienes. Quizás es el aire del lago que me hace meditar tanto sobre este tema. Tiene una energía anómala que me abraza.

Se apagó la luz del cielo y los pensamientos fueron interrumpidos por una voz con un castellano modulado de forma extraña, quizás porque es alemán: “¿Mañana se va en el primer ferry?”. Mañana me voy.

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Sami esperando bajo el árbol.

CÓMO LLEGAR A OMETEPE

Para llegar, el ferry o la lancha se toma desde San Jorge. Si se va con auto es mejor reservar sobre todo la vuelta porque se llena dependiendo la semana y puede que te quedes sin poder salir el día que querías. Con moto no hay tanto problema porque ocupa poco espacio. Conviene llegar una hora antes de la salida porque hay fila para comprar el ticket y además los vehículos embarcan antes.

Desde aquí hay dos destinos. El primero es Moyogalpa, la ciudad más poblada, y el segundo es San José. Los horarios de los ferrys y los precios los podés ver aquí. Los días de gran oleaje suspenden, feriados también. Conviene siempre preguntar si salen. Los precios no son tan exactos pero dan una idea. Por persona cuesta 50 Córdobas, por una moto pequeña otros 50 y hay que pagar un impuesto de 20. Además al volver te cobran lo mismo pero el impuesto sube a 24 y se añade otro de 20. También hay lanchas que cobran entre 30 y 60 Córdobas el cruce.

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Camino a la isla de los volcanes.

QUÉ VER EN OMETEPE

La isla tuvo civilizaciones precolombinas desde 1’500 A.C. según estudios antropológicos. Se pueden visitar petroglifos que datan del año 300 D.C. y que expresan las creencias e ideas de los aborígenes que habitaron la zona. ¿Dónde se encuentran? En San José de San Marcos hay un águila con las alas extendidas, en la Hacienda San Antonio hay rocas con formas geométricas, en la casa del Sr. Domingo Gutiérrez en Altagracia hay una piedra de sacrificios humanos, en Tagüizapa y San Silvestre se pueden visitar cuatro ídolos y en la Hacienda “La Primavera” también se encuentran más de distintos estilos. En el Volcán Maderas se encuentran diferentes animales y la Cruz del Sur.

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Una de las mayores atracciones.

Para los indígenas de esos tiempos los volcanes Concepción (1’610 metros) y Maderas (1394 metros) eran dioses de piedra celebrados con sacrificios y rituales. La principal leyenda cuenta que antiguamente tribus rivales no podían mezclarse. El príncipe Nagrando, perteneciente a la tribu de nagrandanos, y la princesa Ometepetl, hija del cacique de los niquiranos, se enamoraron sin preverlo. Con el tiempo fueron descubiertos y perseguidos. Pideron ayuda a los dioses para esconderse por un tiempo hasta que decidieron morir juntos. Ometepetl murió en el mismo lugar donde se quitó la vida dando nacimientos a la isla Ometepe y Nagrando dio pocos pasos antes de morir convirtiéndose en la isla Zapatera. El Gran Lago de Nicaragua fue formado por la sangre de ambos. Los dioses castigaron a los perseguidores convirtiéndoles en isletas.

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Si me hubieran advertido no iba.
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Nada que ver en el Maderas.

Se puede subir a ambos volcanes. Para subir al Maderas NO hace falta guía. Hay varios caminos. El que tomé comienza detrás de la Finca Magdalena. A veces hay desvíos pero todos conducen al mismo lugar. Cuando se sube es mejor prestar atención porque para bajar hay que recordar el camino. De bajada, frente a una duda siempre tomar a la derecha excepto en la parte donde hay a la izquierda un tronco grande caído que allí hay que doblar a la izquierda. Me dijeron que la vía desde el otro lado tiene mejores vistas. Aquí solo hay un mirador a la mitad del recorrido que cuenta con un total de cinco kilómetros en subida. A partir de allí se torna muy empinado, con grandes piedras y mucho barro. Desde mi punto de vista no vale la pena el esfuerzo pero hay gente que se divierte. Arriba el lago es fangoso y no hay nada que me haya dejado atónita como suelen hacer las calderas de los volcanes. Si querés ir con guía, cuesta 10 USD pero realmente no hacen nada. Lleva entre tres y cuatro horas y media llegar a la cima, dependiendo las condiciones físicas.

El Ojo del Agua es una piscina natural de agua cristalina de dos metros de profundidad. La entrada cuesta 3 USD y es mejor no ir en feriados o fines de semana. De hecho aconsejo ir bien temprano porque suele ser una de las principales atracciones de la isla.

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Playa de la reserva.

La Reserva y Laguna Charco Verde también son uno de los sitios turísticos del lugar. Entrar a la reserva cuesta alrededor de 30 Córdobas, no lo sé con certeza porque como no tenía dinero fui a la playa gratuita del hotel Charco Verde y de allí comencé a caminar por la playa hasta que unos locales me invitaron a saltar la cerca con ellos para ingresar a la reserva. Intenten no hacerlo si pueden pagar para no arruinarles la entrada a ellos. La laguna en sí no me encantó pero sí la playa Bancón con un viento fuerte y fresco además de vistas al volcán. El encanto de la laguna reside en la leyenda de Chico Largo que ya se las conté.

La cascada San Ramón es un paseo de medio día que cuesta 3 USD. La caminata es solo de dos kilómetros y si no tienes nada que hacer es un buen plan para el día.

Cualquier local te sabe decir cómo llegar a estos puntos, todos son muy conocidos y la isla vive en gran parte del turismo.

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Playa Bancón.

DÓNDE HOSPEDARSE EN OMETEPE

A menos que sea feriado se puede ir y negociar allí. Uno de los hospedajes más famosos dentro de los precios económicos es Finca Magdalena. No lo recomiendo porque queda alejado de todo y no tiene cocina. Las habitaciones individuales de 7 USD son pequeñas, de madera y con mucho ruido. Los dormitorios compartidos constan de catres. Uno que cuesta parecido o un poco más barato pero está cerca de la carretera y los demás negocios es Hostel El Zopilote. Tiene cultivos orgánicos, un bus antiguo con libros y otras curiosidades. Para un turismo con más comodidades, hay varias opciones en internet entre ellas el Hotel Charco Verde frente a la playa.

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Vista desde Finca Magdalena.

DÓNDE COMER EN OMETEPE

La isla pareciera tener precios especiales para turistas. Las bananas están 2 Córdobas por unidad; una papaya enorme, un melón o una piña cuestan 22 Córdobas y la botella de agua 25. En los comedores encontrás unos paquetes de hojas de palma con un preparado de maíz con pollo por 25 Córdobas. Los precios de los almuerzos en las posadas y los hostels varían entre 4 y 8 USD. El mejor y más lindo para mí es el que esta sobre la carretera en la esquina antes de doblar por la calle de tierra hacia Finca Magdalena. El dueño y cocinero es italiano y prepara unos espagueti al dente riquísimos por 160 Córdobas.

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Fútbol y juegos frente al volcán.

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5 comments

  1. Bella nota. Será un gran placer leer tu libro.

  2. Antonio Ruiz

    Hola Guada
    cada vez que te leo se me alarga mas mi propio viaje y a mi también me gusta cada dia mas mi computadora utilizándola como un lazo feliz para unirme a otros como tu. Y porque nos gusta viajar en solitario no por ello dejamos de amar.
    Un fuerte abrazo Guada y
    Hasta Pronto Catalina
    Toni

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