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No es sensacionalismo, es realidad – Venezuela

A una semana de haber entrado al país y no deja de sorprenderme la dualidad que veo. La gente me invita a charlar con ellos, ríen y viven con la esperanza de que todo mejore. La pregunta es cuándo mejorará y qué vendrá antes.

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Mientras cortaban el toro que mataron por el cumpleaños de su papá él me mostraba las mariposas que salen del polvo blanco de los árboles.

Los aborígenes que conocí en La Sabana me comentaron que Chávez les devolvió el orgullo y las tierras que eran administradas por capitales extranjeros aunque en Caracas me dijeron lo contrario. Sus ancestros cantaban sobre un hombre que vendría a reparar lo roto en la época de la colonia. Chávez fue el elegido. Para ellos Maduro es el diablo. Lo que sucede no tiene que ver con la baja del precio del petróleo y los constantes abusos del poder sino con el hecho de que Maduro es un falso Chávez que trae miseria. Para ellos los abusos vinieron con él y ya no apoyan al gobierno actual. De todas formas La Sabana es casi un territorio a parte donde prima la seguridad del viajero y donde los nativos comen lo que brinda la naturaleza. No vi comunidades con hambre y, por lo que me contaron, no hay.

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Propaganda hasta en los sueños.

El interior es otro cuento. Caminé durante horas por las calles de Puerto Ordaz intentando encontrar pan sin éxito. El señor que me vendió la malta (bebida típica venezolana) me explicó que estaba moliendo choclo para hacer la masa de las empanadas porque no había harina. “¿No hay harina hoy?”, pregunté equivocadamente. La ciudad no tenía harina desde hacía días y la poca que vendían tenía un precio tan elevado que nadie podía costearlo. Quedé pasmada pero me prometí seguir recorriendo antes de escribir sobre el país. Quizás la realidad cambiaba de zona en zona.

El día de compra de la semana que te corresponde, si sos local, es según el último número de tu documento. Así evitan multitudes agolpadas. En general no podés comprar más de cierta cantidad de cada ítem pero son muchos los que compran un poco de todo para tener una reserva frente a la futura escases. Con los revendedores podes comprar lo que quieras pero caro. En los supermercados vez muchos nachos de marca Dorito, latas de atún extremadamente caras en comparación, jamón, queso, azúcar, carne, bebidas y a veces algo de arroz. Verduras, frutas y pescado se consigue en los mercados. No vi variedad. Tampoco conseguí pasta (fideos). Las toallitas femeninas también faltan, según el pueblo. Además muchos dejaron sus trabajos y viven de hacer fila. Van a las cuatro de la mañana a esperar que abran los mercados de productos regulados para entrar, agarrar atropelladamente lo que buscan porque se acaba rápido y luego revenderlo en la calle por un valor exorbitante. Exorbitante para los venezolanos, según sus sueldos, no para los extranjeros. Estas personas son llamadas “bachaqueros”. Que tenga nombre significa que es una costumbre ya establecida en la sociedad. ¿Costumbre o necesidad? Probablemente ambas.

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Zapatillas por 17 USD, una habitación de hotel frente a la playa por 1 USD (ojo, con ventilador porque con aire cuestan 3), una pila de dinero que no son más de 70 USD, un venezolano sacando una foto a un billete de 500 Euros porque allí es una cantidad asombrosa de dinero con lo subvencionado que está todo y los precios por los paquetes de telefonía móvil que oscilan entre 1,3 y 2,8 USD.

En Santa Fe, poblado pesquero, salí a comprar pan y luego de 40 minutos en la fila se había acabado. Se corrió la voz y la gente se dispersó. Se vendían dos panes por cabeza y como se acaba y la incertidumbre impera, llevan a sus hijos para poder comprar mucho. Mientras, el supermercado de enfrente tenía las rejas cerradas y una multitud fuera haciendo bullicio. Había llegado el arroz y la espera para poder comprar era de horas. También corría el riesgo de que acabara antes de que llegara tu turno. Tantos campos sin cultivos y tanta espera por falta de producción suficiente…

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Sonrisas en el mercado.

Como no conseguí pan ese día, como tantos otros, compré un pancho por 250 bolos y una hamburguesa con huevo por 600. Un almuerzo en el pueblo con pescado ronda los 2’000. En la calle me venden 900 bolos por un dólar. Al turista le puede parecer barato pero teniendo en cuenta que el salario mínimo es 11’000 bolos, no lo es. ¿Alguien realmente gana eso? Sí. Conocí una maestra con un salario de 40’000. No entiendo cómo hace esa gente con la comida y menos con la ropa. Unas sandalias sin taco de plástico cuestan como mínimo 1’500 bolos. Sin embargo la gente anda vestida y come, al menos los que veo por la calle. Los perros sí se pasean exhibiendo sus costillas, para ellos no hay.

Ruedo por Venezuela y no puedo evitar preguntarme por qué algunos la comparan con Cuba. Allá no vi hambre, ni gente sin casa o que no puede estudiar. Allá no hay inseguridad. Al menos en época de Fidel no la había, hay que ver cómo están ahora. Aquí vi muchas familias sin una vivienda, durmiendo en hamacas con techos de chapa y paredes inexistentes. Familias a la vera del temporal. Hace mucho que hay sequía y hace calor, por ahora no tienen que preocuparse por eso.

En contraste Caracas me recibió entre piscinas y casas gigantes con vista al valle. Claro que hay empresarios y gente rica en el país, pero cada vez menos porque emigran en busca de trabajo. Los que conocí no se quieren ir pero cada año tienen menos clientes y más dudas. La familia de una amiga nueva se quedó sin sus tierras y sin pago alguno en indemnización. Le pidieron al ejército que al menos les dejen ordeñar las vacas para que no se enfermen y que en vez de vender la leche a La Serenísima, ahora prohibido, les permitieran regalarla al pueblo. Cada día los militares tiraban litros de leche al suelo sin dejar que fuera regalada a quien lo necesitaba. Una de sus conocidas se enfermó hace poco de cáncer y se puso a llorar pensando en los remedios de aquellos que no tienen los medios para tomarse un avión a Colombia para comprarlos. No hay medicamentos, casi no hay clientes y hasta los ricos luchan contra la escases porque sí hay palmitos, corazones de alcauciles, barritas de cereal pero no leche ni productos básicos que tienen que traer de afuera.

No es sensacionalismo
Mercado popular, casas aborígenes vendiendo jabalí asado en el monte y el toro que mataron para el cumpleaños en La Gran Sabana. En el resto del país ver tanta carne junta es un lujo por no decir algo casi imposible.

Venezuela tiene una dualidad grande entre la gente que te habla en cada esquina y te invita un café y esos otros que te arrebatan, en el mejor de los casos, el celular (móvil) de las manos. Venezuela te genera amor pero también miedo. Cada vez que tengo que planear una ruta me indican por dónde ir y me piden que recuerde las indicaciones porque hay fronteras invisibles. Cuando pregunto cuál ciudad es segura y cual no me responden riendo que Venezuela no tiene ciudades seguras. A veces extraño la libertad de La Sabana en la cual podía poner mi carpa donde quisiera y parar a conversar con quien esté cerca. No me ha pasado nada pero las rejas cerradas de las casas, los callejones oscuros, las preguntas sobre el valor de mi moto y las advertencias me mantienen alerta. Soy porteña y estoy acostumbrada a la inseguridad pero no a este nivel. Me pregunto como se sentirá un viajero europeo por aquí.

Un africano me contó que Venezuela es grande porque no discrimina, acepta a todos con los brazos abiertos. Vi muchos inmigrantes italianos que cada tanto trabajan allá y viven con euros o se dedican a brindar tours a los turistas. También hay chinos, árabes y más africanos. A los supermercados les dicen “los chinos” como en Buenos Aires, fenómeno que se extiende de a poco por el mundo.

Además del abrazo, doy fe que la gente, fuera de la critica al gobierno, es alegre. Cantan, ríen y bailan en las calles mientras algún señor sentado en la mesa de algún café te llama para convidarte una malta y convencerte de que te sientes a conversar. Por la calle sienten curiosidad e intentan brindarte consejos. Eso sí, si vas con una sonrisa porque si les caes mal pueden ser aún más antipáticos que la porteña que escribe estas letras. Pero en general el pueblo es cálido y te recibe como si fueras el vecino de siempre. Amé su gente y amé poder compartir tiempo con ellos al punto que hoy tengo ganas de volver al país.

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Un hombre que barría la acera (aquí nadie dice no a una foto), gente saludando cuando pasamos con motos por el río y los que me invitaron una malteada y a conversar con ellos.

Subí una foto a Instagram y me escribieron “pobre gente, por dos locos”. Me pregunto si realmente es así. Por más duro que suene creo que todos somos artífices de nuestra realidad, lo que no significa que no debemos ser ayudados a mejorar. A veces nos equivocamos por ignorancia. Tampoco creo que un gobierno de derecha sea la respuesta. Latinoamérica es un gran gigante con los ojos vendados para la autocritica y el cambio. Un gran gigante con células egoístas, individualistas y cortoplacistas. Los presidentes y sus seguidores fueron criados en una cultura. Para que cambie el gobierno primero necesitamos cambiar nosotros individualmente y como sociedad. Cambiar y señalar menos hasta que lo hagamos porque si las “chantadas” ocurren en nuestra vida diaria, ¿qué podemos esperar de los gobernadores? Lo mismo que hacemos nosotros y hace el vecino. Cada día me convenzo más de ello y por eso mi viaje es interior también. Voy en busca de ser mejor persona para mí y para los demás. No puedo pedir si no doy y quiero, con todas mis fuerzas, que abramos los ojos juntos, lado a lado.

Venezuela, bello gigante dormido cubierto de cataratas, nieves perpetuas, playas cristalinas, altas montañas y tu pueblo que ríe día a día, despierta suavemente. Que no duela y que no hiera. Que no rompa el silencio la sangre y el hambre. Despierta tranquilo. Despierta con el cantar de tu gente.

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Desde las montañas mirando el amanecer sobre Caracas.
Puedes ver un vídeo hablando de precios aquí 

otro desde un mototaxi con el taxista contándome y mostrándome algunas realidades de la Venezuela que él ve aquí

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14 comments

  1. Suscribo cada una de tus palabras sobre la actualidad Latinoamérica…su mentalidad…su idiosincracia. Salvando matices en todos los países prevalece esa del “adolescente” actitud de vida…”por eso estamos como estamos”….clásica sentencia rioplatense pero aplicable a cualquier nación del “adolescente” (y mal educado) continente.
    En definitiva…nada es casual y esto debemos asumirlo antes de solo echarle la culpa a los gobiernos, porque como acertadamente afirmas, lo que se da en las cúpulas dirigentes se da en la comunidad.
    En fin…también emprendí viaje para crecer interiormente…para que esta alma que que soy viajando en tantas reencarnaciones continúe evolucionando y traducir ese avance en ser cada día mejor.
    Abrazo

    • Pienso como vos. Primero a asumir nuestras falencias y a curar en nosotros esas cosas para poder curarlas en el país. Hay dos formas de hacerlo, desde el gobierno o desde el pueblo, pero si nos sentamos a esperar que otro haga algo esperaremos una eternidad. Que sigamos aprendiendo y que el viaje nos siga mostrando cosas. 🙂

  2. Antonio Ruiz

    Supongo que cuando te vengas a dar una vuelta por Europa todavía existirá la crisis de los refugiados y veras otra locura. Y me pregunto : tiene el viajero alguna utilidad. Otros y en otros tiempos se hicieron la misma pregunta: que puede hacer el arte contra la barbarie ?
    Supongo que algo puede hacer el viajero : ver, aprender y sobre todo transmitir toda la humanidad que recibió.
    Me lo pase muy bien escuchándote con Roberto Naveiras
    Un fuerte abrazo Guada y
    Hasta pronto Catalina

    • 🙂 Gracias Antonio. Creo que sí. El viajero que además es comunicador aprende y transmite, escucha y transmite, se pregunta y transmite lo que vive y sus dudas. Como todo se contagia creo que al recibir tanta bondad uno trata de transmitirla y en algún punto, al menos a una persona, logra contagiar. Me di cuenta que contagiar cosas positivas es importante. Nosotros somos y contagiamos todo el tiempo cosas malas y buenas. Por eso la responsabilidad no es solo hacia nosotros cuando nos construimos sino hacia los demás. Lo que seamos va a transmitirse y causar un efecto en otro. Es importante lo que somos. Es importante para otros que intentemos ser cada día mejor. 🙂 Me fui por las ramas. Un abrazo grande!!!

  3. Hola Guada…no se si te acordaras de mi…Jorge Monasterio de la revista Informoto me había pasado tu teléfono y yo te había mandado direcciones del taller que una hija de mi prima tiene en El Calafate..era en la época que surcabas aquellas tierras del sur argentino.
    Hace mucho no te leia pero que interesante es saber de boca de un protagonista lo que pasa en diferentes latitudes.
    Te mando un abrazo grande y te deseo lo mejor en esta aventura sin fin…no se si te acordaras que me dicen Sargento Garcia en Informoto…un apodo que Monasterio me puso hace muchos años atrás y que me hizo ser conocido en varias partes…hace poco estuve con el para el Dia del Motociclista en Tapalque (Buenos Aires)
    Buenas rutas !!!

    • Hola Sargento! Me acuerdo. 🙂 Gracias de nuevo. Un abrazo para Monasterio si lo ves. Venezuela es increíble más allá de lo que se diga, a mi me gusto mucho ir. Buenos vientos!!!!

    • Antonio Ruiz

      Hola Guada! Irse por las ramas de vez en cuando es mas que saludable después de todo de ahí venimos. Y como alguien dijo (no recuerdo quien):” viajar es volver a lo esencial”. Así que yo viajo para irme por las ramas en busca de lo esencial porque un mundo mejor es posible. Un fuerte abrazo y
      hasta pronto Catalina
      PD: a finales de año espero ir dando tumbos por America Latina.

  4. Preciosa Venezuela y qué pena la situación que está viviendo. Me ha encantado tu post y comparto contigo el buen carisma y lo buena gente que son la gente de allá, por suerte, he tenido la oportunidad de conocer a personas muy especiales de Venezuela y todo lo que puedo decir de ellos es bueno. Y como tú bien dices en el post, pese a lo difícil de su situación, salen a la calle a bailar, a cantar, en definitiva, a tratar de vivir lo que les ha tocado de la mejor manera posible. Gracias por compartir tu experiencia con el resto del mundo.
    Saludos.

  5. Dino Sgavetti

    Sólo me sale decir, que hermosas palabras que tenés para cada relato, siempre entró a leerte y a viajar con vos, porque eso producís en mi, viajar con vos, que sigas disfrutando y haciéndonos disfrutar… Yo voy a seguirte, y quien dice algún día, cumpla mi sueño y nos cruzamos por Latinoamérica!!! Saludos y cuidate

  6. Leyendo desde china… Gracias

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