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La mezquita de barro más grande del mundo – Djenné, Mali

Desde Bandiagara, en el País Dogón, nos tomamos un bus camino a Djenné. En Bamako, otros viajeros me habían dicho que solía ser uno de los puntos turísticos en tiempos de paz. Sólo sabía que su casco antiguo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y que allí se encontraba la mayor mezquita de barro de una sola pieza que es también el edificio sagrado construido en barro más grande del mundo. No mucho, no poco.

Entrada lateral a la mezquita.

Djenné está rodeada de ríos por lo que la convierte en una isla ficticia en tierra firme, una fortaleza natural ideal cuyas murallas no sobrevivieron el paso del tiempo. En el mapa aparecía un puente pero se encontraba completamente destruido por lo que el cruce fue en ferry, mirando las barcas de los pescadores desde el techo de una camioneta local que accedió a llevarnos al pueblo por un precio relativamente bajo. Del otro lado del río están los campos de cultivo y me alegró ver verde. Apenas cruzamos a la “isla” la costa se tiñó de basura, casas de barro y más basura. En algunos claros las mujeres fregaban la ropa en el río, entre bolsas de plástico. No tengo idea cómo hacíamos antes de la era del plástico pero deberíamos prohibirlo. La contaminación es inaudita y no hay forma de extirparlo de nuestro mundo. Si lo quemamos contaminamos el aire pero si lo dejamos “ser” contaminamos el agua y la tierra. ¿Reciclar? No todo es reciclable ni hay suficientes plantas de reciclado para todo el plástico del mundo. Por favor que algún ecologista que sepa más del tema me ilumine si estoy equivocada. Me encantaría estarlo. Dejemos de pensar en esto y volvamos a tierras malienses, a vivir el presente fuera de la costa del río de Djenné.

Uno de los ríos y su basura.
Una imagen común en mi viaje en África: los animales conviven con la basura y las personas también.

Apenas puse un pie en la mini ciudad sabía que me divertiría perdiéndome entre las casas de barro con las puertas abiertas, la gente cocinando, las cabras sueltas en busca de comida y los niños corriendo detrás de mí cantando al unísono “tubab, tubabú” (blanco-blancos).

Fundada en el siglo IX, su historia le dio el sello de enclave religioso y comercial. Fue una de las principales ciudades del antiguo Sudán, junto a Tombuctú y a Mopti. Pero su apogeo fue durante los siglos XIV y XVI, cuando pertenecía al imperio de Mali y, posteriormente, al de Songhay. Las caravanas llegaban desde distintos puntos de África para intercambiar sal por granos, esclavos, oro y otros productos. Los mercaderes provenientes de la región de la actual Ghana trajeron el islam. La ciudad, antiguamente animista, se convirtió a la nueva religión en el siglo XIII. Sin embargo algunas de las antiguas creencias continúan y aún se habla de los espíritus que viven en las casas y de las personas que pueden ser poseídas por ellos.

Entrada desde la plaza principal a a mezquita.
El juego más popular: empujar una rueda con un palo.

Al igual que el País Dogón, la ciudad dejó de recibir turismo por culpa de los atentados en la región. Encontramos un hotel ruinoso pero preferimos acampar. Terminamos armando la carpa en el techo del hotel con vista a la famosa mezquita con sus altos minaretes, ejemplo de la arquitectura sudanesa-saheliana. La construcción fue abandonada en el siglo XIX por sus impurezas animistas pero, más tarde, los franceses la restauraron a su estilo original. Hoy en día se encuentra en funcionamiento pero sólo los musulmanes pueden acceder, supuestamente, a su interior. ¿Supuestamente? Si te quedas unos minutos dando vueltas por la entrada de la plaza principal posiblemente se te acerque algún guía ofreciéndote mostrarte la mezquita por dentro por un módico precio que varía según lo bueno que seas regateando.

Construcciones típicas.
Uno de los edificios más grandes del pueblo.

La mezquita no me pareció impresionante, aunque convengamos que a estas alturas mi capacidad de sorpresa frente a una construcción humana disminuyó mucho debido a tantos viajes contenidos en cada una de las canas que aparecen de a poco en el margen de mi frente. Quizás si sos un entendido de arquitectura… Quizás. Lo que me gustó fue el conjunto. La mezquita en frente del mercado local, la casa coránica de estilo sudanés marroquí, los niños corriendo con un palillo detrás de una rueda de bicicleta, el palacio marroquí, las señoras friendo las batatas en la calle, la Maison Malga de estilo tuceler, las gallinas que asoman por algunas puertas y las angostas y laberínticas calles surcadas por casas de adobe construidas por los Baris, constructores nómadas. Nunca es un monumento, una sola cosa, es el conjunto lo que brinda el ambiente, la magia.

Pero la magia se terminó el segundo día cuando no encontramos ni demasiadas frutas, ni restaurantes y mi cara pedía a gritos un baño y una ciudad sin tierra en el aire. Recorrimos de punta a punta varias veces la ciudad y el tercer día regresamos a Bamako.

El hombre y su moto. Aquí las motos no son un lujo, un hobbie, se usan para trabajar.

CÓMO LLEGAR Y SALIR DE DJENNÉ

Los buses desde Bandiagara cuestan entre 2’000 y 4’000 CFA. Mi consejo es tomar el de Africa Tours con aire acondicionado por 4’000. Se lo puede pagar en el hotel La Falaise. Solo van hasta Carrefour Djenné que está a 30 kilómetros de Djenné. Desde allí llegar a la ciudad en una camioneta local cuesta 1’500 CFA. Sino, la otra opción, es averiguar cuándo es el día de mercado en Djenné porque algunos buses van hasta la ciudad. Desde Bamako, los buses también van hasta Carrefour y cuestan alrededor de 7’000 CFA. En África todo depende de la capacidad de negociación.

El cruce.

Para salir de Djenné, se puede ir hasta la intersección de Carrefour por 1’500 CFA en una camioneta local (salen por la mañana alrededor de las 8-9 am) y allí subirse a alguno de los buses que pase que tenga plazas. Lo tomé a las 10 am y llegué por la tarde a Bamako. También hay una opción desde Djenné a Bamako por 7’000 CFA. No sé qué días sale. Se toma en la salida de la ciudad cerca de la mezquita, justo sobre el puente. Hay que llegar a las 5 am porque las plazas se llenan rápido. Lo mejor es contar con transporte propio pero con placa de Mali debido a la inseguridad.

Acampando en el techo del hotel. Los baños eran muy sucios y no había agua. Pagamos 1’500 CFA por día entre dos.

SEGURIDAD EN DJENNÉ

Conviene informarse de la situación política y la actividad terrorista antes de planear el viaje y calcular los riesgos que se correrá. La ciudad se encuentra dentro de la región de Mopti. No hubo ningún problema en Djenné antes de que yo fuera pero sí en la zona rural y en uno de los puestos de control en la ruta. Las embajadas me aconsejaron no ir y menos con vehículo propio. Si se decide correr el riesgo mejor que sea con vehículo con placa maliense.

¿Gana el burro o la moto?

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12 comments

  1. Catalina estás loca pero me encanta leer tus crónicas. Suerte

  2. Las construcciones humanas pueden ser bellas y grandiosas. Pero creo, como tu bien dices, que la magia y lo que nos toca la sensibilidad, en un momento dado, tiene más que ver con los lugares, sus gentes y ese entorno creado por “pequeñas” cosas que cuando se suman en su conjunto nos dan ese “chispazo” de felicidad y asombro que nos hace impregnarnos de bienestar y de ganas de vivir. Disfruta de tu “aventura” y de la oportunidad que la vida y tu misma, con tu determinación y claridad de ideas, os estáis dando. Gracias por compartir tus vivencias con nosotros y feliz “singladura”.

  3. Alejandro De Oto

    Hola Guadalupe, te sigo en tus viajes, soy motero también, y debo decirte que tu prosa se vuelve cada vez más literaria. Un placer leer tus relatos los cuales son una suerte de fresco del viajero. Muchas gracias y buenas rutas.

    Alejandro

  4. Catalina:
    Aún cuando te leo cada vez que notificas, poco he interactuado. Me ha entristecido la contaminación que tiene Africa y Malí, tanto derroche y tanta pobreza material en el mundo.. Debemos poner un límite al plástico. Me encanta en cambio, -la otra cara – la del ejermplo de siempre de África: su gente y su sentido del gozo pleno reflejado en la sonsira amplia y blanca sobretodo de los niños. Qué bueno tus periplos por el mundo…Felices Fiestas.
    Desde la Mitad del Mundo,El Ecuador, Álvaro.

    • Aquí impera el “no hay problema aunque haya problema” y la vida continúa rodando como las ruedas de los niños. Así es Álvaro. Al plástico hay que pararlo pero no mucha gente se da cuenta del problema. Felices fiestas!!!

      • hola Guada me sorprende tu experiencia de vida y que has elegido. Es maravilloso. Gracias por permitirnos “vivir” esa magia que experimentas cada dia, el planeta es hermoso por donde lo mires. Es una conciencia que vive y respira como nosotros. Te deseo unas muy Felices Fiestas, quien sabe donde estaras! desde Uruguay, Gilda

  5. Hola Guada!!! Que fragil y tierna se te ve por el mundo!!! Que tengas unas muy felices fiestas y me alegro mucho por que estas viviendo tu sueño, algo que es un privilegio que no muchos se animan a beber!!!

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