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Jesuitas en Paraguay: El amor y la destrucción

Les soy sincera: cuando fui a Paraguay las misiones eran lo que menos me importaban. Mi desconocimiento era tal que los juzgaba comparándolos con colonizadores religiosos sin tener idea del trabajo que hicieron allí, muchas veces a costa de sus propias vidas. Las edificaciones en sí no me decían nada. Como le dije a Tati en su momento: “creo que lo importante es la historia pero las ruinas jesuitas son solo un montón de piedras juntas”. Tampoco te dicen mucho los guardias que las custodian ni los letreros informativos inexistentes. Nadie me contó que son un montón de piedras juntas testigos de una utopía hecha realidad.

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Las ruinas en Trinidad. Imagen tomada por Caminando por el Globo.

Estuve varias veces por escribir este post pero me contuve. Sentía que aún no sabía suficiente, sin imaginarme lo que vendría luego. En el Aquidabán, barco que se dirige a Fuerte Olimpo, nos encontramos con una historiadora que me dijo: “la historia de los jesuitas la tenés que pensar dentro del contexto, no podés juzgarla de acuerdo a los valores y las formas actuales”. Meses más tarde la vida me llevó a Madrid, me regaló un cumpleaños mágico, me dejó sin alojamiento y a último momento me dio un regalo que recién ahora comprendo: me alojó un ex jesuita en su casa junto a chicos africanos que llegaron ilegales al país y que a pesar de vivir un camino crudo y áspero aún conservaban su esencia inocente y amorosa, pero esa es otra historia.

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Una de las esculturas de San Cosme y Damián.

Mi última semana en Madrid hablamos mucho de religión porque no podía contener mi curiosidad. Intentaba no juzgar pero como sujeto, mis opiniones son subjetivas más allá de que doy lugar al cambio. Me sugirió ver la película La Misión. “Me sugirió” es una forma de decir porque, como un niño pequeño, armó berrinche hasta que abrí el ordenador y me senté a verla. “No quiero que escribas sobre la orden sin saber, sin ver el amor y lo maravilloso que fue. Mira la película y luego escribe lo que quieras”, me dijo. El berrinche en un hombre de 40 años me pareció encantador porque se dio con una inocencia y un cariño inmensos. Es difícil expresarlo en palabras pero, créanme, todo lo que viví esta semana con los jesuitas me lleva a un aprendizaje sobre el amor más puro hacia el mundo que vi en mi vida. No digo que todos sean así, pero sí que los hay y que se debe tener cuidado al meter a tanta gente en la misma bolsa. Me releo y me río de lo que cambió mi sentir y mi opinión respecto a este tema. Nunca fui seguidora de la iglesia. Sí de la fe pero no de las instituciones creadas por el hombre. Solía decir que todo lo que creamos también tiene una parte subjetiva y nociva, ahora veo la parte construida desde el amor.

Volvamos a Paraguay. Aún mejor, dejemos las fronteras de lado. Situémonos al este del Paraguay, el noroeste de Argentina y el sur de Brasil: la región cercana a las Cataratas del Iguazú. Los españoles y los portugueses avanzaban sobre las tierras del “nuevo continente”, que nada tenía de nuevo para sus pobladores. Abundaban los esclavistas y las cacerías de indígenas. El reino de Portugal, que se independizó de los reyes de España a partir de 1640, ostentaba sus esclavos abiertamente mientras que los españoles hacían uso de ellos en silencio debido a la presencia del Papa que ejercía su poder a distancia, desde el Vaticano. Los jesuitas gozaban de la protección de la iglesia bajo suelo español pero no frente a los portugueses por lo que debieron erigir las misiones teniendo sumo cuidado respecto a los acuerdos de división de tierras.

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Interior de la Iglesia de la misión de San Cosme.

Las misiones en sí eran una Utopía hecha realidad. Una utopía que me hubiera gustado vivir. Se construyeron un total de 80 durante el siglo XVII, de las cuales en la actualidad quedan 30 ruinas. Algunos historiadores las tildan como un proyecto anti-colonial en la colonia. Alrededor de 60 sacerdotes administraban y orientaban a más de 140’000 nativos. Durante más de 180 años los pueblos originarios se dirigieron a las misiones y confiaron en estos hombres que predicaban la palabra de dios. Me imagino tu cara ahora mismo y el seño fruncido en señal de pregunta. ¿Por qué? Los jesuitas se acercaban a ellos respetando sus costumbres, sus vestimentas y aprendiendo su idioma. Les enseñaron su música y la palabra de dios pero sin forzarlos, dejando que el interés surja de forma natural. Los sistemas de creencias y valores de la cultura guaraní y la católica se unificaron sin necesidad de guerras ni dominaciones. Los sacerdotes trabajaban a la par de ellos, no se sentaban a dirigir. Las misiones eran refugios justos donde las ganancias obtenidas de la producción y las plantaciones se repartían equitativamente entre todos los trabajadores, excepto un 10% que se separaba para ayudar a los necesitados: huérfanos, viudas y lisiados. También una parte iba a la iglesia, claro, pero de todas formas seguía siendo conveniente para los nativos que gozaban de la protección de la corona española pudiendo vivir según sus costumbres sin ser esclavizados, mutilados o asesinados.

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Otra de las esculturas tam perfectamente realizadas.

Por más que hoy en día piense “las creencias de ellos eran tan válidas como las de los jesuitas y no tenían por qué ir a repartir la palabra de dios donde ya existía fe en otra cosa”, este es un pensamiento basado en el entendimiento actual. Para que yo pudiera tener ese pensamiento tuvieron que pasar guerras, personas quemadas en hogueras, juicios y andá a saber qué más. Las misiones, además, hoy en día también serían una utopía. Me di cuenta ni bien vi en Misiones (Argentina) las diferencias sociales entre los que provienen de ancestros europeos y los nativos, y las condiciones de vida de algunos guaraníes en Paraguay. No vi la igualdad, el trabajo en equipo y el amor por el prójimo que impartían los jesuitas en aquella época.

La gran pregunta final: ¿Por qué se fueron? Por intereses políticos ajenos. Los jesuitas habían cobrado demasiado poder en el viejo continente y encima estaban dificultando la recaudación de ganancias en América. Los reinos de Portugal, España y Francia comenzaron a ejercer presión sobre el vaticano. El Papa no tenía demasiadas opciones, “un brazo debía ser amputado para salvar el resto del cuerpo”. Envió un emisario a presenciar el milagro misionero y dar la nefasta noticia: las misiones serían destruidas y los nativos quedarían bajo la merced de los colonizadores. La película genera un momento emotivo cuando el emisario confiesa: “nadie me advirtió la belleza de aquel miembro que debía ser cortado”. Dejé de escribir por un minuto, me dio un escalofrío en todo el cuerpo. De repente tuve ganas de volver a esa época, de ser hombre y ser jesuita. Vivir y morir por un acto tan noble vale la pena. Vivir por amor al prójimo.

Claro, estoy obviando un montón de detalles sobre la organización de las misiones, la enseñanza de los niños y el día a día. Te recomiendo mirar la película, y si te sigue dando curiosidad hay un montón de información en internet. Tuve la suerte de que me lo explicara un jesuita (creo que en el fondo sabe que lo sigue siendo) y ver la energía de amor puro que irradia cuando habla del tema. Amor y tristeza. Ojalá haya compartido un poco ese sentimiento y también la fe en las utopías. Todo es posible y lo que parece lejano, el amor lo acerca.

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Trinidad al atardecer. Imagen tomada por Caminando por el Globo.

UN POCO MÁS DE HISTORIA

Los jesuitas fundaron 80 misiones de las cuales hoy en día quedan solo 30. Siete de ellas se encuentran en Paraguay. En el Paraguay se encuentran los restos de siete de las reducciones jesuíticas más importantes. Las de Jesús del Tavarangue y Trinidad fueron declaradas Patrimonio Universal de la Humanidad por la Unesco.

En 1590 los españoles llevaban fundadas diez ciudades y cuarenta colonias en América del Sur. Los nativos eran subyugados, esclavizados y utilizados como sirvientes. En 1580 los franciscanos introdujeron el sistema de reducciones en el país, aprendiendo el guaraní. Poco a poco se convirtieron en potencias agrícolas y ganaderas cuyas ganancias se dividían entre la Iglesia y los nativos de las misiones. Un porcentaje era apartado para cuidar de aquellos que no podían trabajar.

Los jesuitas construyeron pueblos autosuficientes especializados en oficios. Enseñaron música, escultura, artes y oficios; estructuraron la forma escrita del guaraní e imprimieron los primeros textos en esta lengua. Establecieron un régimen de propiedad privada e individual donde cada jefe de familia tenía una granja para sembrar cultivos para sostener a su familia y al mismo tiempo trabajaban en la propiedad colectiva fijando una jornada laboral de seis horas por día. De esta forma les quedaba tiempo para otras actividades.

El 27 de febrero de 1’767 más de 6’000 jesuitas fueron expulsados de todas las tierras de la corona española por orden del rey Carlos III a través de la Pragmática Sanción, siguiendo las políticas tomadas por los reyes de Portugal y Francia. En 1’773 el papa Clemente XIV suprimió la Compañía de Jesús recién volviendo a autorizarte en 1’814 por Pío VII.

Las reducciones no desaparecieron de inmediato sino que franciscanos, dominicos y mercedarios tomaron su cargo pero no tuvieron éxito. Los guaraníes retornaron a la selva, emigraron a Buenos Aires para ejercer los oficios que aprendieron o fueron hechos sirvientes.

Hoy en día se las llama misiones en recuerdo de lo que se construyó. Casi nostálgicamente, les cuento sobre algo que no viví pero aún así me llega al corazón.

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San Cosme, supuestamente debería tener forma de U pero no llegó a ser terminada.

MISIONES A VISITAR EN PARAGUAY

Para poder entrar a las ruinas jesuíticas de la Santísima Trinidad, Santos Cosme y Damián y Jesus de Tavarangue el coste asciende a 25’000 guaraníes en total. Con Tati solo fuimos a las dos primeras, que son las que ven en las fotografías. Ordenadas por fecha de fundación, las misiones cuyas ruinas aún se conservan en Paraguay son:

San Ignacio Guazú: Es la primera fundada en Paraguay en 1’609 con apoyo del cacique Arapizandú. Está ubicada 226 kilómetros de Asunción, en San Ignacio de las Misiones junto al museo más representativo de las misiones en este país. El museo posee tallas, imágenes, mapas, fotografías de la iglesia original y una carta del rey Felipe IV (1’635).

Cosme y Damián: Fundada en 1’632, porta el nombre de dos hermanos santos. Aquí se realizaron importantes estudios astronómicos. Aún se puede visitar el antiguo observatorio que posee un enorme reloj de sol y un túnel que desemboca en el río Paraná. La misión no fue terminada pero de todas formas se puede observar una gran parte en buen estado con frescos originales y tallas en madera.

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El reloj de piedra de San Cosme. Imagen tomada por Caminando por el Globo.

Santa María de Fe: Su museo de adobe, del tiempo de las reducciones, posee tallas antiguas de la época de su fundación en 1’647.

Santiago: Es quizás la más pequeña pero también la que mejor conserva las tallas de madera en su museo. Fue fundada en 1’651 y aún tiene, bordeando la plaza, las casas de adobe de los nativos.

Jesús del Tavarangue: Fundada en 1’658 en el actual departamento de Itapúa, fue declarada Patrimonio Universal de la Humanidad por la Unesco. Iba a ser una réplica de la iglesia italiana de Loyola pero no pudo ser terminada a tiempo. El arquitecto español Antonio Forcada le plasmó un estilo morisco con bellos arcos trilobulados. Antes de la expulsión de los jesuitas, llegó a albergar a 3’000 personas.

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Figura de virgen con pelo real.

Santa Rosa de Lima: Establecida en 1’698, posee un campanario de piedra roja, la Capilla de Loreto con sus tallas y murales y numerosas casas de nativos.

Nuestra Señora de la Santísima Trinidad: También declarada Patrimonio Universal de la Humanidad por la Unesco, es la misión más completa de las treinta reducciones jesuíticas y la más visitada. En su interior posee una plaza, un templo, un púlpito, un colegio, un cementerio y una huerta entre otras cosas.

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San Cosme desde otro ángulo.

CÓMO LLEGAR

Con Tati viajamos en un vehículo que nos prestó Hertz Paraguay para que documentemos el país. Las rutas a Trinidad están en buen estado. Desde Asunción hay que pagar tres peajes de 10.000 guaraníes cada uno. De Trinidad a San Cosme hay dos peajes más con el mismo coste. En cuanto a los buses no sabría decirles pero si alguien sabe se agradece la información para ayudar a los que lean los comentarios.

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Estoy sentada sobre un hormiguero que es tan duro que por más que le des patadas no se daña en lo más mínimo. La zona está plagada de estos montículos.
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Tallas de San Cosme.

DÓNDE HOSPEDARSE

Los alojamientos en Paraguay me resultaron caros en relación a lo que acostumbrás pagar en los países limítrofes (excepto Argentina). El Hotel A Las Ruinas nos pareció el más conveniente por estar frente a las Ruinas de la Santísima Trinidad. Cobran 60.000 guaraníes por persona con desayuno. Por lo que me dijeron los mochileros, en San Cosme se puede negociar por el mismo monto de dinero.

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Uno de los lugareños actuales desmalezando.
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Las calles son de greda excepto por las principales que están adoquinadas. El pueblo es tranquilo para pasear.
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Dos personajes del camino. El señor, su perro y su caballo llevando fruta para vender.
En la zona también son famosas las Dunas de San Cosme y Damián. Lo más económico que conseguimos fue con la prefectura del pueblo por 300.000 guaraníes la lancha para 6 personas. No te cobran menos aunque seas solo uno debido a el gasto de gasolina y los permisos.
Para leer sobre las misiones desde la perspectiva de Tati presionen sobre Siguiendo las huellas de los Jesuitas.

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3 comments

  1. Un excelente post Guada! Estoy de 100% de acuerdo con la idea de pensar esto en el contexto adecuado. Muchas veces cometemos el error de no hacerlo.

    Sin contar tus posts poéticos, este sin dudas es el que más me gustó del blog.

    Abrazos,

  2. Soy algo parecido a un motociclista ateo y bohemio. Tipo que mira para adentro. Ver “La Misiòn” me abriò la cabeza sobre muchos temas religiosos, eclesiàsticos y polìticos, y siempre quise conocer las misiones en el Norte argentino y en Paraguay. LINDÌSIMO LO QUE ESTAS HACIENDO, ENVIDIABLE.

    • Hola Aldo!!! A mí me pasó algo similar pero con los jesuitas en persona. Se les sale el amor por los ojos, es increíble. Y ver la misión me hizo entender un poco más. Hace poco mataron a un jesuita que vivía como aborigen con los aborígenes en la selva de Ecuador porque estaba denunciando el abuso a las comunidades por parte de las petroleras que quieren tomar la zona. El hombre parecía uno más y hablaba la lengua. Me dio tristeza. Ojalá haya muchos más como ellos. Un abrazo grande y buenas rutas!!!!

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