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Introspección viajera

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La vida va tan rápido que me vuelve adicta a la cámara para más tarde poder rever mis pasos. Me permite poder volver al pasado y procesar lo que me enseñaron aquellas estrellas fugaces, con nombres que el tiempo borra de mi mente.

Casi no puedo recordar nítidamente la semana pasada. Todo quedó guardado en mi memoria como si hubiera ocurrido años atrás. La gente cambia. También los paisajes, el clima, los colores, las compañías, los sonidos, los idiomas, las formas, las camas…. Mi almohada actual no me deja dormir bien y me hace recordar aquella tan mullida de hace dos décadas/días atrás.

Todos los perros, todos los gatos y animales me recuerdan a uno solo: estoy comenzando a entender la unidad del mundo. Todos necesitan cariño y a todos trato por igual.

La gente es distinta. Mis relaciones se volvieron más puras, afectivas y aniñadas. En China se habla en voz alta, en Tailandia si hablo más alto que un susurro (uno nítido) piensan que los maltrato. Cada vez que me muevo de lugar tengo que cambiar las formas completamente. Desde como hablo, actúo y me visto hasta el idioma que uso. Dejar muy atrás el pasado cercano es mi forma de decirme que ahora estoy acá, no allá.

Cada vez vivo más el presente. No sabría decir si es bueno o malo, simplemente es así. Un olor rico me hace estremecer de placer, un golpe entre los dedos del pie se siente como el fin del mundo. El mundo se siente de forma intensa. Aunque intente decirme que todo pasa no importa porque lo único que veo es el presente, el aquí y ahora. Como un niño, uno pequeño, voy por la vida aprendiendo y plasmando sensaciones nuevas en mis recuerdos.

De forma contrapuesta, siento que viví mil vidas aunque soy consciente que me faltan mil más.

Es difícil que todo se vaya, pero es la forma rápida de asimilar el ciclo de la vida: todo se va y cosas nuevas vienen (siempre). Estoy en un curso acelerado de aceptación. A veces es duro. Me gustaría poder generar una relación más intima. También me hacen falta los cariños, ya sea de una amiga o de un compañero de vida. Disfruto cada abrazo como si fuera el primero y el último. Y sufro cada pelea como si fuera para siempre, por eso no me peleo más con la gente a menos que me hagan daño. No más orgullo, no más enojarse por cosas superfluas. Si un mosquito me molesta me pongo Off, no lo mato ni me enojo. No es su culpa.

Y hablando de culpas, dejó de tener sentido hace tiempo esta palabra. Si alguien hace algo que no me gusta tiene sus motivos aunque me parezcan inválidos. ¿Y entonces la culpa es de su mamá que lo trató mal y lo hizo sufrido? ¿O de su abuela que educó a su mamá con maltratos? Veo cadenas de consecuencias en todo. Si alguien no me gusta me alejo. Nadie tiene la culpa y al mismo tiempo la tenemos todos contando desde el principio de la humanidad hasta nuestros tiempos.

Viajar me hace ver todo lejos y todo cerca. Comprendo un poco más, a veces, pero estoy lejos de saberlo todo. La inmensidad no se abarca porque es infinita (el cambio constante la hace así). Se disfruta, se siente y se comparte.

Viajando veo la vida desde una moto pasando rápido al lado mío. Y cuando la comparto se me va en un soplo de alegría.

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7 comments

  1. Hermosa reflexión y muy cierta.
    Un abrazo viajero.
    Laura

  2. Gracias por tan hermoso mensaje! Para pensar y tomar conciencia que la vida pasa y que hay que hacer algo hermoso con ella.

  3. Hermosa entrada! Conocí hoy tu blog y no me puedo despegar! muy lindo y te felicito! un abrazo y los mejores deseos!

  4. Que cierto es: todo se va y cosas nuevas vienen (siempre) …. Exitos!!!!

  5. En este tipo de posts es donde veo a la Guadalupe más auténtica! Gracias por compartir tu vida con nosotros

    • 🙂 Gracias a vos Candelaria!!!! Me da mucha alegría que estos post introspectivos sirvan también. Es un riesgo mayor que los de info útil pero también saber que le hacen bien a alguien o le gustan a alguien es una mayor recompensa para mí. Se siente una compañía, un viajar acompañada.Un abrazo grande!!!

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