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“In Dios” en La Gran Sabana venezolana

¿Qué te puedo contar? No sé por donde comenzar. Estoy en mi carpa, en medio de La Gran Sabana venezolana, en un campamento aborigen junto a una cascada. Hoy es el cumpleaños del que me invitó y suena, nada a lo lejos, “por ti me he vuelto un poeta”, mientras los niños corren con mangos en la mano riendo y hablando en un idioma que no comprendo pero que suena dulce.

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Todos los días un poco de río.
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Lavarse los dientes, bañarse, tomar agua…

“Quisiera ver un cometa” y al son de la música me aparecen esos ojos que como el café me desvelan y me hacen sonreír tontamente. Sacudo la cabeza, no es eso lo que quiero contarte. Esta vez la historia no tiene acento madrileño, tampoco venezolano. Es un cuento pemón, un cuento de la tierra porque solo ella crea encuentros increíbles.

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Colores y texturas.

De Santa Elena de Uairén conduje derecho y con prisa hasta Rápidos de Cormorán. Tenía pensando parar varias veces pero la lluvia intensa y el frío que me calaba los huesos me hicieron cambiar de opinión. Perdón, no paro de estornudar. El frío se me metía entre la ropa y tuve que parar en busca de abrigo térmico pero la campera estaba empapada por dentro por lo que no me sentí mejor.

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Casa pemón.

Frené en busca de gasolina pero la estación estaba de duelo porque había muerto uno de los paisanos. Mi cara de decepción se notó. No sabía si volver hacia atrás para acampar o quedarme allí. De cualquier forma toda la comida que podría encontrar eran unas empanadas fritas con poco relleno. Una pareja joven de artesanos argentinos que había saludado previamente se estaban subiendo a una camioneta y el hombre que les hablaba se dio vuelta para mirarme.

-No hay gasolina hasta dentro de cuatro días.

-¡No! – cara de desesperación – No llego a la próxima bomba, tengo como mucho para 50 km más.

-Si te quedas aquí podemos ayudarte con algunos litros y seguro alguien más lo hará pero también puedes quedarte en nuestro campamento.

-¿A cuántos kilómetros y cuánto cuesta?

-Nada, como invitada. Aquí después del puente. Serán 20 kilómetros. Mañana habrá una fiesta por mi cumpleaños y puedes acampar allí. Hay una cascada.

-Genial. Mil gracias. Te sigo con la moto.

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Paré por abrigo y aproveché para recorrer el río.
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Mi cascada por unos días.
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Un poco más abajo, una más grande con piscina natural.

Pocas palabras. Me daba confianza que hubiera un italiano, aunque tuviera cara de traficante de mujeres (claramente no lo era), dos venezolanos con mucha pinta de turistas y los dos argentinos que también aceptaron la invitación sin pensarlo demasiado. Conté cada kilómetro. Si eran más de 25 debía parar porque sino no me iba a alcanzar para volver a la gasolinera. Fueron menos.

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El italiano contemplativo.

Llegamos y nos recibieron niños curiosos correteando a nuestro alrededor. Armamos las carpas bajo un techo circular y salimos a recorrer el río. Tenía frío y el agua estaba helada, para mi gusto. La falta de sol no ayudaba. No me bañaría por unos días. “Baño turco”, como decía mi tía.

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Subiéndome a árboles con los niños.
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Jugando con las mariposas.

Por la tarde vino el toro. En realidad la camioneta del tano lo trajo ya muerto, envuelto en una bolsa repleta de sangre. Le sacaron el cuero y las tripas pero me fui lejos por la impresión de la sangre. No soporto el olor a muerte. Subí un árbol, me perdí entre cientos de mariposas y me reencontré en el reflejo del agua. Los argentinos tenían mate. Un sorbo me trasportó a la casa de cada amiga y las charlas hasta el anochecer. Hoy no sería la excepción.

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El toro en la camioneta del tano.
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Acabo de decidir que dejo de comer carne roja.

El día siguiente fue extraño, quizás por la borrachera de los presentes… el alcohol es una droga silenciosa y poco combatida. Comenzó con una visita a cuatro cascadas, una más hermosa que la otra. El tano manejaba como si estuviera en medio del Darién con un Land Rover. No quería que camináramos y se adentro por terrenos difíciles pero la camioneta aguantó. Estas tierras te despiertan un poco el Indiana Jones. Nadaron en cada piscina mientras me llamaban seguros de que no iría. Los pozos de agua cristalina eran profundos. El sol comenzaba a calentar la tierra pero aún no lo suficiente para un chapuzón. Me maravillé con el silencio y con nuestra madre tierra, tan generosa y tan paciente. Me pregunté cuando se le terminaría la paciencia.

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Agua cristalina.
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Mis fotos no le hacen justicia a los lugares.
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Las piscinas naturales son la principal atracción del área.

Al volver nos encontramos con un montón de gente comiendo y bebiendo. Ayudé llevando platos y hablando con los invitados. Acudieron de diferentes partes del país para el festejo. El toro estaba rico. Me dieron de probar una especie de pan duro hecho con yuca que es originario del país y lo llaman casabe. La bebida típica de ellos la mantuve lejos, ya sabía lo que me costaba tragarla.

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Colores de un día sin sol.
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Puedo sentarme horas escuchando el sonido del agua caer…

Los comensales rotaban, algunos se iban y otros venían en reemplazo. Al anochecer ya estaban todos borrachos bailando excepto el italiano y los venezolanos que se fueron a dormir. El cumpleañero me sostuvo la mano frente al fuego y me contó que provenía de una tribu tradicional. Con su hermano mayor escaparon porque querían estudiar. En la ciudad los indagaron sobre su procedencia pero siempre contestaban “somos de por allí”, señalando hacia el horizonte. Varios años después regresó a la tierra que lo vio nacer y construyó su familia allí. “No sabe quien soy yo, pero le contaré”, me dijo con cierto misterio. Aparentemente estaba hablando con alguien importante en la zona. Importante para quién y por qué, no lo sé. Los minutos pasaron hablando de nuestra religión a la Madre Tierra y a la energía del cosmos. Me contó que aún hacen rituales y conservan sus tradiciones. Me contó que no le molesta que le digan “indio”:

– ¿Sabes inglés? Bueno, IN-DIOS, “en Dios”. Me están diciendo que estoy en Dios. –sonreí.

Alguien lo llamó urgente, venía la torta. Me sostuvo la mano y mirándome a los ojos me confesó que no hay casualidades en la vida. Se fue y no volví a hablar con él porque a la mañana siguiente los únicos que estábamos despiertos éramos los que nos teníamos que ir y algún que otro niño que me saludó de lejos con la mano. Me hubiera gustado escuchar más sobre los mitos de los pemones de la Gran Sabana.

No hay casualidades. Me hacía falta la conexión con la naturaleza y el mundo. La Gran Sabana y su gente hizo que me sintiera “indio”, in-Dios.

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Aquí hay que hacer un esfuerzo muy grande para no conectar… casi que te lleva como el agua…

QUÉ VER / HACER EN LA GRAN SABANA VENEZOLANA

La Gran Sabana es la zona más segura de Venezuela y me atrevería a decir de Latinoamérica. Es muy sencillo hacer camping libre pero también se puede pagar tres dólares por alojamiento en alguna casa Pemón. El Hotel en Rápidos de Cormorán a principios de 2016 costaba 4 dólares.

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Cada kilómetro cuadrado contenido en La Gran Sabana es alucinante para recorrer despacito. La gran atracción, altamente recomendada por mis amigos, es la subida al Monte Roraima famoso en el mundo entero. Son 6 días de subida y bajada, bastante exigente, para una vista y una experiencia de ensueño. Los tours son caros (a partir de 150 USD) pero si vas por tu cuenta hasta La Gran Sabana podés negociar con los pemones y hasta pagar 50 USD por todo el trayecto, claro que menos organizado y “lujoso”.

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Otra de las excursiones es el Salto del Ángel, el más alto del mundo (979 metros). Se puede ver desde una avioneta o realizar una excursión desde el puerto Ucaima (Canaima) navegando durante tres horas y luego caminando una hora a través de la selva para llegar al mirador.

También hay un montón de cascadas y lugares mágicos de fácil acceso desde la carretera. Los recomendados son la Quebrada de Jazpe y el Salto Kamá, entre otras. La gran mayoría tiene carteles indicándote el camino. Si las querés ver todas podés pasarte un mes entero.

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14 comments

  1. Espectacular lugar!!! Gracias por compartirlo con el mundo y a seguir disfrutando de Venezuela.

  2. Casualidad…. ? Destino…? Lo que sea, tenias que conocer uno de los paraisos de nuestra madre tierra….Buenas rutas Guada !!…. Conseguiste combustible? abrazos desde mza….

  3. Una Argentina diciendo “no comere carne roja”? Eso no tiene sentido.

  4. Antonio Ruiz

    Hola Guada
    te odio!!
    NOOOOOO , es una broma pero es que la patada que le das a los “clichés” es tan fuerte que me duele culo!
    Sueño con cruzarme contigo por las carreteras de este mundo y tomarnos un mate un helado.
    un fuerte abrazo y
    Hasta Pronto Catalina

    • 🙂 odio es una palabra fuerte y para eliminar de nuestro vocabulario. Tengo mil clichés pero de a poco y entre todos me ayudan a romperlos! Así que gracias a ustedes. En enero posiblemente de una charla por Baires, si andas por allí invitadísimo. Abrazos!!!!

  5. Holaa!! qué linda experiencia! tengo vista la zona para un viaje atravezando latinoamerica por el medio! pero no sabia lo de los pemones y menos que te pueden acompañar al Roraima!!
    Espero poder escucharte en enero!
    Beso grande!
    Daniela de Junin (B)

    • Hola Dani! Si, a mí me ofrecieron incluso ir gratis pero necesitaban más gente porque iría como ayudante. Pero como no podía quedarme hasta la temporada alta no fui. Muchos de ellos son los mismos guías.

  6. me encantas!

  7. Asombroso todo, desde como se dan las cosas hasta la naturaleza! Hermoso!!! Prejuiciosamente no puedo evitar pensar que el hecho de que seas mujer ayuda jajaja.
    Salute Guada! Algun dia zarpare tambien.
    Gus SB.

    • A la pareja de argentinos y a los dos venezolanos con el italiano también los habían invitado sin conocerlos. 🙂 Ser mujer a veces ayuda a veces no. Tiene más que ver con la actitud. Abrazos!

  8. Que lindo Guada! viajo con vos….las sensaciones que trasmitís en tus foto, en tus palabras….me hacen sentir estar en cada lugar, momentos que vivís……seguimos viaje…besos!

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