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Entre la Santa y la Fe – Venezuela

Estaba rumbo a Caracas pero un poco sin ganas porque allí se me terminarían los días de soledad y libertad. Más adelante extrañaría también a Caracas y su gente. Hemingway pensaba que la vida del escritor es solitaria y tenía más razón de la que me gustaría reconocer. Solitaria y tormentosa, porque para escribir sobre ciertas cosas tenés que estar tan cerca de ellas como para sentir tu aliento caliente en la mejilla.

Sudamérica fue duro para mí y creo que el resto de Latinoamérica también lo será. De a ratos pierdo mi fe en la raza humana, de a ratos la encuentro. Santa Fe actuó como un respiro y una devolución de fe.

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Los pueblos pesqueros y su ritmo de vida me atraen desde que viajo.

Llegué al puerto, sobre la playa, y tuve que manejar cuatro metros en arena hasta la puerta del hospedaje. Detesto la arena aunque sean 4 metros, pero todo salió bien.

El pueblo es pequeño y todos se conocen. A pesar de ello las ventanas exhiben temblorosas rejas, a veces de colores, a veces desvencijadas. La moto no entraba y no podía quedar fuera si quería volver a verla. La guardaron en el restaurante.

Dos noches pasaron entre olas turquesa, un pausado correteo acuático tras los pelícanos que se movían adecuadamente rápido para no dejarse tocar pero suficientemente lento para una foto. Los barcos pesqueros se mecían mientras el mar nos cantaba una canción de cuna.

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Los animales también.
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Puedo pasar horas intentando tomar una foto y viéndolos moverse.
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Horas que me enseñan.
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Los pelícanos son como ratas, la gente los aleja porque se llevan el pescado.

A pesar del bullicio propio de los mercados sentía calma. Un señor rescató un gatito que no paraba de maullar del miedo que le daba el abismo que lo separaba del suelo. Me acerqué para explicarle cómo sostenerlo pero no me hizo caso y la mujer me miró de reojo. Los vendedores fueron amables conmigo y todos sonreían más allá de la poca variedad de frutas y verduras. Sacaba una foto de los barcos cuando escuché a dos pescadores cantar. Sostenían una botella de ron y a su alrededor se habían abandonado las actividades para presenciar la escena. Uno actuaba de mujer despechada y el otro de hombre herido. Entre una canción y otra de Manzaneros y algún desmayo fingido, la multitud reía y aplaudía. Me dejé llevar por la alegría generalizada.

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Se trabaja charlando y riendo.
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Reparando redes.
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Ice Tea en Venezuela.
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Caras del mercado.

Más tarde caminando por la orilla del mar un hombre que me habló me presentó a todos los que estaban mirando la playa desde la puerta del hotel. La dueña charló sobre el país y me dijo que si necesitaba guardar la moto podía llevarla allí sin costo. Antes de despedirme el hombre me ofreció prestarme sus patas de rana y equipo de snorkel. ¿Por qué tanta amabilidad? Porque sí. Unos metros más allá una familia que chapoteaba en el agua me llamó y me pidió que no continuara al siguiente barrio, velaban por mi seguridad. La gente había sido demasiado amable como para pensar que algo malo podría pasarme. Santa Fe es Venezuela, tierra de contrastes.

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Un barrilete casero.
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Correteando como niños.
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“Señorita por allá no vaya” me dijeron.
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Cada día igual, a veces se disfruta la quietud.

Por la noche los callejones oscuros me dieron un poco de miedo y corrí los doscientos metros que me separaban de la comisaría, sobre la calle principal. Cuarenta minutos haciendo fila para el pan y cuando llegué se había acabado. El supermercado estaba abierto pero solo para la venta de arroz que había llegado unas horas atrás. Una multitud se agolpaba en la puerta, agitando las rejas en señal de impaciencia. Una noche más de hamburguesas en la calle, pensé, y me dirigí al carro de comida.

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Esa mirada indagante.

 

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Limpiando para poner pescados sobre la mesa.

Las imágenes de filas, la escasez y la inseguridad me llevan a cuestionarme el por qué de las risas, la alegría y la solidaridad. Pareciera correr por las venas de los venezolanos y por las calles del pueblo. Me crucé con una señora con un rosario colgado. ¿Será la fe de que pronto todo irá mejor? La fe obra milagros.

Caracas me esperaba. Me di vuelta para mirar el turquesa y un pelícano bambaleándose sobre un barco voló a mis pies. El sonido del mar me relaja. Será un hasta pronto mar, hasta otra orilla del mundo.

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Mismo barco, diferentes días.

DÓNDE HOSPEDARSE Y COMER

Santa Fe queda relativamente cerca de Cumaná y de Mochima desde donde salen lanchas a Playa Blanca, el lugar más lindo del parque.

Me hospedé en “Café del Mar”, sobre la playa y a pocos metros del puerto y el mercado. Las habitaciones más baratas son básicas pero cuentan con baño, ventilador y wifi. Pagué 1’000 bolos la noche que en ese momento era 1 USD.

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El restaurante de mi hospedaje.

El mercado de frutas y verduras está cerca además de minimercados y del puerto pesquero (muy pequeño) donde se compra pescado fresco y por poco dinero una señora te lo cocina. Por la tarde, cerca de la comisaría había un carro que vende hamburguesas con, poca carne, huevo y tomate por 600 bolos. También vende panchos. Muy cerca del carro está la panadería. Los panes grandes costaban 150 bolos.

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Un bar sobre la playa.
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Verduras del mercado.

En la entrada del pueblo hay una panadería donde venden los “cachos” de jamón y queso más ricos de Venezuela (180 bolos). Al menos eso me contó un amigo argentino que me recomendó el pueblo.

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Hasta pronto mar.

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8 comments

  1. Que demencial las situaciones que se repiten en esa nación exportadora de petróleo donde el combustible es mas barato que un alfajor en Uruguay o Brasil ! Y lo que mencionas del vaivén de tu fe sobre la raza humana me pasa…solo que son mas los momentos que la pierdo…gracias a Dios siempre tengo algún animalito cerca. En verdad no se si ya no la he perdido del todo.
    Abrazo

  2. Antonio Ruiz

    Hola Guada
    cuando te des una vuelta por Francia te darás cuenta que algunas palabras han perdido su “lado oscuro”y se emplean sin animosidad entre amigos (me permites que sea uno de tus amigos virtuales). Y por otra parte escribir en castellano con mentalidad francesa para cambiar ideas con una argentina se me hace un poco difícil algunas veces y me sale el tiro por la culata. Pero disfruto mucho con tu viaje y tu forma de ver las cosas. En cuanto venda mi piso me voy sin fecha de vuelta y estoy utilizando mucha information tuya. No te dejes los videos (el mototaxi es estupendo) y si vuelves a poner algún que otro poema de vez en cuando tampoco estaría mal.
    Un fuerte abrazo Guada y
    Hasta Pronto Catalina
    Toni

    • Hola Toni!!! Estás en Buenos Aires o en Francia? Ojalá pronto se venda. 🙂 Quizás nos encontramos por ahí y me enseñas un poco de francés que soy terrible con ese idioma. Entiendo que se hace difícil. Si traduces exacto lo voy a comprender porque tengo amigos franceses y el humor no es muy diferente al nuestro, o al mío al menos. Sos el primero que me pide poemas. Gracias. Los tenía olvidados. Mucha luz para el comienzo del comienzo y para la ruta. Un abrazote!!!

      • Antonio Ruiz

        De momento estoy en Francia (Nice) esperando que alguien me compre la casa. Según el tiempo que tarde empezare con un viaje por Europa pero me gustaría pasar las navidades 2016 en Buenos Aires.
        Un fuerte abrazo Guada y
        Hasta Pronto Catalina

  3. que copadas las fotos, salvo porque siempre hace calor allí, seria deprimente vivir para siempre en esa playa.
    gracias por compartir.

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