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El insuperable deseo de caer : pensamientos derivados de un viaje

cielo avión altura

“Aquel que quiere permanentemente llegar <más alto> tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? […] El vértigo es algo diferente al miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.”

La insoportable levedad del ser – Milan Kundera

Irremediablemente cada tanto me invade un miedo profundo hacia todo lo que viene. Un miedo tan grande y tan parecido al vértigo que me recuerda las palabras de Kundera.

¿Miedo a qué? Miedo a fracasar, miedo a no poder ayudar a quienes quiero, miedo a quedarme sin recursos… miedo a estar tomando las decisiones equivocadas. Miedo a caerme y hacerme daño, miedo a no poder levantarme, miedo a no querer levantarme. Y como el escritor predice, a veces siento esas oscuras ganas de caer, de que pase lo peor, para poder librarme del miedo que me atrapa. Me pregunto si esto es cierto, si es sólo eso o, como Ana, en realidad tengo “un deseo insuperable de caer” porque en el fondo necesito que me levanten.

¿Aquél que cae está diciendo “Levántame”? Me dio un escalofrío de los feos, de esos que te hacen tiritar por un segundo y te dejan turbada sin entender bien qué se apoderó de tu cuerpo. Me acordé de mi mayor caída, la física. De la impotencia, los gritos, el intentar levantarme y no poder hacerlo. Y una caída física lleva a una mental. Me acordé lo que se sintió dejarse ayudar porque no quedaba más remedio. Y me acordé del incesante “hacer” y “seguir adelante más allá de todo” en el que me meto una y otra vez, sin saber salir de ello. Ese andar sin descansos, sin tiempos para titubear.

¿Será por eso que caí? ¿Para parar, descansar, sentir que otro se hace cargo y no tener que responder por un tiempo ante mi ser que pareciera tener el freno descompuesto? ¿Para que me levanten? ¿O para finalmente tirar el miedo al fracaso al tacho porque el mundo al final de cuentas siempre te levanta? Te levanta si querés levantarte. Pero este vértigo quizás puede arrastrarme al punto final de la caída, aquel en el que decís “basta a tanto jaleo, a tanto esfuerzo en pos de algo que no sé qué es”. ¿Será que el vértigo se funde con el miedo en una misma cosa ininteligible? ¿Será que indefiniblemente somos arrastrados hacia ellos? ¿Con qué fin? ¿Superarlos?

Y las preguntas siguen, se auto contestan, reformulan y se vuelven a preguntar. Me dirán que en realidad el vértigo te atrapa sólo cuando sufres una desconexión con el mundo, cuando se rompe el vínculo que te hace sentir que todo estará bien porque hay algo que vela por ti. Los creyentes en Dios dirán que es cuando perdés la fe. En mi cabeza lo reformulo diciendo que es cuando perdés la conexión con “el todo”. Acaso tengan el mismo significado pero estén escritos en dos idiomas distintos. Pero no es esto. Cuando perdés el vínculo, la fe, como si fuera la señal de la televisión (intermitentemente se va y uno se encuentra bailándole al viento para recuperarla y ver su serie favorita), te invade el vértigo, pero no te lleva a caer. El día en que mi cabeza tocó suelo de forma indeseada, al menos conscientemente, sentía una conexión con el mundo inmensa. Tan inmensa que algo me decía que venían tiempos difíciles, que algo iba a suceder, por lo que intenté tomar todos los recaudos que pude, mas no los suficientes.

Las ganas de desconectarme y dejar de ser una hormiga trabajadora (ladrillo, ladrillo, ladrillo y hasta que toques el cielo… que claramente no sucede nunca porque el cielo no es tangible), tampoco. Como verás, tengo más preguntas que respuestas, lo que regocija un poco a mi parte cínica. Aún cuando caí no deje de perder el control sobre la situación, de sobre pensar las cosas y dar instrucciones precisas. Mi mente se volvió más rigurosa y eficiente frente a la necesidad por la falta de libertad física. Desde la cama de la guardia coordinaba los pasos a seguir a través de Skype con el seguro médico, con mi familia y con el cónsul argentino en Tailandia mientras esperaba que me metieran al quirófano toda ensangrentada. El dejarme “levantar” fue demasiado literal. Sólo dejé que me levanten y me trasladen: para la logística estaba yo. En ningún momento apagué mi motor y descansé. En ningún momento me dejé sostener el alma. Esa autosuficiencia, ese descansar fingido, ¿tiene un costo?

Y acá es cuando les rompo la ilusión de la chica del alma libre que flota por el mundo en armonía. Aunque creo que ya habían sacado esa imagen de tu mente. La mayor parte del tiempo, cuando viajo, me siento libre y salvaje; pero la armonía viene y va. La armonía no es como la sonrisa y la felicidad, cuesta más, demanda más de mí. Quizás mis ganas de caer van por ahí. Porque creo que quedó claro mi inclinación a pensar en que Kundera está en lo cierto y que cuando caemos en el fondo lo hacemos para que nos levanten. La pregunta es qué queremos que levanten. Cuál de todas las partes que cae, porque a veces lo hacen todas al mismo tiempo. Quizás al descubrir esto halle mi respuesta de “para qué” caí.

Freud dijo que el sueño no es sólo un mensaje del inconsciente sino que es una actividad estética, un juego de la imaginación con un valor en sí mismo. Kundera lleva este pensamiento más allá: “Porque es así como se componen las vidas humanas. Se componen como una pieza de música. […] Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aún en los momentos de más profunda desesperación.” Me quedo con este pensamiento. Con la idea de que somos todos artistas que modelan su propia vida cual un poeta su obra maestra. Te dejo a vos hilarlo con la temática central: con el vértigo, con el deseo de caer. Aunque hay que tener cuidado, desear caer no significa desear tocar el suelo.

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24 comments

  1. Muy buen post Guada, me gustó mucho tu reflexión y nuevamente me vino a la mente el deseo de leer ese libro 🙂

    • Gracias Marian! El mérito se lo lleva Kundera. La verdad que cada 3 capítulos necesito cerrar el libro para meditar un par de cosas. Creo que a muchos les debe haber pasado lo mismo. Lo recomiendo. 🙂

  2. muy bueno! yo tambien tengo ese sentimiento a veces y no lo procesé hasta que leí el libro de kundera y dije “wow, esto es lo que me pasa!”. Son muy interesantes las preguntas que te haces, y seguro siempre más valiosas que cualquier respuesta, ya que no hay certezas. Saludos

  3. Grande Kundera, grande “La insoportable levedad del ser”, y grande tu post! Da mucho que pensar… inevitablemente lleva a preguntar-se.
    No me canso nunca de releer pasajes del libro… Tu reflexión sobre el deseo de caer me parece muy buena y sincera.
    Gracias por desnudarte y compartirlo
    Un abrazo

    • Ese libro es impresionante. Y las cosas caen cuando uno las necesita creo porque hace mil que me lo recomendaron. El post surgió como una necesidad, como algo que debía ser en consecuencia del capítulo del libro. Gracias a vos Alicia. Abrazos!!!!

  4. Excelente tu post!!!! Voy a comprar el libro porque a mi también me pasa… Muy buen post!!!!

  5. complicado, escribí y borré varias veces, no me van a entender. No te caigas, al menos no de nuevo, mirá que tu levedad ya debe ser por naturaleza bastante leve. Beso

  6. Araoz, tenga cuidado por que si se cae se puede romper otra vez la patita!… chistes de lado, buen post, me gustan tus reflexiones catárticas.

  7. ViajarOmorir

    Justo estoy leyendo el libro de Kundera, lindo post!!

  8. Mucha suerte con todo. No te conozco, pero te admiro. Nunca supe bien qué fue el famoso accidente. Escribiste algo sobre eso? Un beso grande.

  9. La respuesta que buscas desaparecerá en una nada del pasado que poco ya te importará, en el momento que te levante la persona que vos queres que te levante.

    Imaginatelo…

    El momento: Estas caída y viene esa persona… se acerca por la derecha y ya empezas mandar y mostrar que “no es para tanto” y que “vos podes” pero rápidamente te das cuenta que es un dulce y no te conviene la coraza justo ahora; podría alejarse.
    Bajas las defensas… y te das cuenta que sí… estas fragmentada, y va más allá de esta caída.
    Lo asumis ahí: Estas rota y esta él también… lo ves y se dibuja una leve sonriza en tu rostro, te gusta.

    Por otro lado, a la izquierda tuya hay una hoja escrita, recién escrita es este post… tu vida, hasta ese momento.
    Miras la hoja, están las preguntas, los mil dilemas…
    Es sólo que ahora las volves a reformular en un segundo ¿Estoy rota… ¿Era real la fragmentación… ¿Tenían sentido estas preguntas… No me la habré complicado?

    Giras la cabeza y del otro lado… vez algo mucho más simple: él.

    Y esta preocupado por vos, su cara lo refleja… mientras vos, en realidad, estas pensando “ay… que lindo que es.”

    Por dentro ya te reis y del supuesto dolor te olvidaste. Pero lo usaras como excusa unos minutos más: “Uh… sí… estoy rota en mil partes, curame plis, estoy cansada… necesito descansar” Y de pronto saldrán lágrimas de tus ojos; que te sorprenderán…

    El pensará que son por el dolor de la caída…

    Pero no… llorarás de alegría, porque alguién llegó a vos.

  10. Excelente libro y excelente reflexion! Saludos desde Arg!!!

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