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De Ushuaia a El Calafate y el día más duro del viaje

¿Les conté que soy friolenta? Pues les cuento. El trayecto hasta Río Grande transcurrió sin anécdotas pero al día siguiente emprendí la marcha a Río Gallegos y fue durísimo. Salí con Pablo a las 9 de la mañana y llegamos 8:30 de la noche. Llovió casi todo el camino. Con el traje de lluvia parecía una bola negra y la gente se sorprendía cuando me sacaba el casco y veían rasgos de mujer. Más ropa no me entraba y aún así las manos y los pies se me dormían del frío. La primera parte de ripio la pase con cuidado porque las ruedas se resbalaban y apenas lograban enderezarse de nuevo. Ese mismo ripio que en el camino de ida había pasado a 80 km/h. Luego se tranquilizo pero íbamos a 40 como mucho porque Pablo ya había perdido tornillos de la Gilera a la ida y quería cuidarla. En una parte estaban pasando una maquina que dejó un montículo enorme de tierra que él cruzo relajado y yo, por apurarme para alcanzarlo, hice lío y no agarré bien la huella: con Sami al piso. El señor chileno del camión que tenía enfrentado salió disparado del miedo para levantarme. Primero vinieron las preguntas sobre mi estado que, con el susto que él tenía, parecían truenos: “¿Está bien? ¿Se encuentra bien?”. Luego preguntó sobre la moto y juntos pusimos a Sami de pie y seguí camino. Pablo estaba volviendo pero ya no era necesario. No pasó nada, otra caída en cámara lenta mientras la manejaba muy despacio. Aprendí en el viaje que todos nos caemos alguna vez y por lo general en circunstancias parecidas a las mías. Antes pensaba que era yo por inexperta pero me di cuenta que es parte por atolondrada y parte porque a veces sucede.

Además de la lluvia, el barro y la caída lo feo fue que, entre el frío y el cansancio, de tanto temblar me quede dormida; tanto que cuando retomamos el asfalto me desperté casi al costado de la ruta. Enderecé a Sami sin caerme pero Pablo estaba lejos como para poder parar. La situación me sobrepaso y me puse a llorar lo que logró que estuviera despierta hasta llegar a la balsa para cruzar. El llanto sirve para no dormirse, le encontré un fin útil. Le dije que no se aleje porque estaba asustada, ya no sabía que hacer para no dormirme. Cada dos minutos se me cerraban los ojos y no había canción que me despierte. Intentaba gritar dentro del casco, cantar bien alto, moverme, pararme, hacer flexiones con los brazos… pero nada resultaba. No llevamos la carpa así que teníamos que seguir camino.

El señor que hacía entrar a los vehículos dentro de la balsa era chileno y se acercó para pedirme que tirara la moto para atrás y hacia la derecha. Abrí mi casco y le dije que podía hacia delante y a la derecha porque como la calle estaba empinada no me daba la fuerza para tirarla hacia atrás. Se quedó perplejo al ver mi cara. “¡Es mujer! ¿Sabe? Aquí las únicas mujeres que pasan van sentadas allí” – me dijo señalándome el asiento trasero de la moto. Se quedó hablando conmigo, me contó que es de Punta Arenas, ese lugar donde van los argentinos a comprar cosas muy baratas, y que es amante de los cuatriciclos. Finalmente llegó el barco y nos despedimos. Nos hizo pasar primero.

Quedaban 150 kilómetros por delante. Conté cada uno como si de eso dependiera mi vida. No puedo explicarles la desesperación que te agarra con el frío, el sueño y el sol que está cada vez más bajo, alumbrando menos. Mi vida dependía de no dormirme. Podría haber parado pero iba a sufrir el frío, no tenía dónde tirarme a dormir sin la carpa y además se iba a hacer de noche, aumentando el peligro. El último tramo sopló como si el fin del mundo fuera a llegar. Mi moto se inclinaba para un lado y para el otro, dependiendo de dónde le pegara la ráfaga de viento. Pasaron algunos camiones y allí comencé casi a rezar pidiendo que no pasen más porque me desestabilizaban a tal punto la moto, a causa del viento, que no sabía si iba a poder sostenerla.

Finalmente llegué y me tire en la bolsa de dormir suspirando. Estoy viva y el frío se fue. Gracias. Pablo no lo sufrió, llegamos a la conclusión que hay personas para cada clima y el mío es como el de Indonesia. Necesito ese clima cálido para disfrutar a pleno el día. Siempre pensé que el sol y el calor condicionan mucho la vida de la gente. Los países con tasas más altas de suicidio son los que tienen menos días con luz, la gente de países cálidos parecieran sonreír más y estar relajados; en cambio, en las ciudades frías los lugareños rigen su vida según el clima, como en Ushuaia y Rio Gallegos. Cada día me convenzo más de ello.

Desafío ruta 40
Mi primera vez en la 40. No tenía idea de lo que venía cuando saqué esta foto.

Al día siguiente salimos rumbo a Calafate. Impresionada por los paisajes paré en uno de los miradores con vista a un mar de tierra con lagos turquesa entre colándose, como si fueran dedos en vez de pequeñas dunas que cuando se cierran acaparan montículos de agua. Creo que siempre me causará el mismo efecto tranquilizador llegar a la montaña. Caminos en zigzag con bajadas empinadas y paisajes eternos y la mente que comienza a ralentizar el paso para dar lugar a la mirada fija en blanco, esa que te deja suspendido de una nube y retornás solo ante un evento abrupto.

La Esperanza Patagonia
Les juro que es aún más hermoso.

Pasando La Esperanza el viento era tan fuerte que paramos, colocamos las motos con cuidado y ambas se cayeron del lado de la pata que las sostiene. La de Pablo dos veces. Bromeé diciéndole que era por karma, por no ayudarme a tiempo a levantar la mía. No se podía siquiera hablar de lo fuerte que aullaba el viento. Seguimos camino.

Pablo La Esperanza Patagonia
Y se le rompió la manija de freno, pero en El Calafate había un fanático de Gilera que le dio una igual (esto de las motos antiguas creo que va).
El Calafate moto sami
Comí Calafate y volví. La leyenda es cierta. 🙂
El Calafate nube
Cada atardecer era así. No me cansaba de mirar el cielo.
El Calafate cielo
Y desde la ventana veía para este lado, estos colores.

La estadía en El Calafate transcurrió tranquila: un poco de paseo y mucho trabajo para el blog frente a una enorme ventana con vista al Lago Argentino. Ya había estado aquí pero fui de nuevo a las pasarelas del Perito Moreno. Aún no sé si me impresiona más el glaciar o el bosque a su lado. Creo que desde las pasarelas el bosque, pero caminar por dentro del glaciar te deja con la boca abierta y la mente volando entre azules y blancos.

El calafate ventana
Mi oficina en la ciudad. Con esta vista la inspiración viene fácil.
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Mi segunda vez en el glaciar y aún me deja congelada. 😉
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Aquel puntito a lo lejos es un barco grande de pasajeros. La inmensidad de los hielos azules en la foto no se aprecia.
Glaciar Perito Moreno Pasarelas 2
De repente se escucha un estruendo, como un trueno, y ves caer una masa enorme de hielo. Se forman olas expansivas que parecen pequeñas hasta que ves cerca un barco y cómo lo sacude por más lejos que esté.

La ciudad la noté muy cambiada. Creció hacia los lados y para arriba, le hicieron una costanera y un montón de negocios nuevos. Sigue linda, pero no me gustó el cambio. Va a terminar convirtiéndose en una enorme ciudad de cemento en vez del pueblito simpático, verde y escondido por el que se hacía pasar, porque de escondido no tenía demasiado con la cantidad de turistas que intentaban ir. La agrupación motera Los Guanacos Macho nos recibió con entusiasmo y calidez. Se llama así porque el guanaco macho por lo general es el que cuida la manda desde lo lejos, en solitario.

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Caminando a la orilla del lago.
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Contemplativo. Parecía triste o conmovido por el paisaje que le hizo parar. Dos minutos antes estaba sentada en el mismo lugar y con la misma cara de plenitud.
El Calafate costanera
Sigue lindo, pero me la cambiaron. Antes era todo verde.
El Calafate gaucho
Me sorprendió ver alguien a caballo por estos pagos. Luego vi dos gauchos en un paraje en la 40 que también usaban caballos. Mi sorpresa se debe a que hoy en día se usa mucho moto o cuatriciclo para trabajar en el campo. Los caballos cada día son más raros.

Aquí nos separamos con Pablo. Su proyecto es Argentina y yo quiero subir rápido a Bariloche y lograr llegar al calor antes de que nieve. Estoy contenta y sorprendida porque llegué al fin del mundo. Ahora para el norte a esos climas que disfruto. Otro año será el sur de nuevo, en verano.

El Calafate duende
Un guía me decía que debía tener cuidado con los “duendes” del camino pero viajando sola creo que es al revés. 😉
El calafate a pura vida
Repleta de pura vida, no me siento feliz: soy feliz.

Ushuaia – Río Grande

Derecho por la RN3 y sin contratiempos. Ojo, mirar en Windguru el clima porque los vientos pasando el paso Garibaldi pueden ser muy fuertes (de más de 100 km por hora).

KM: 215

Gasolina: 6 litros

Río Grande – Río Gallegos

La vuelta fue terrible para mí. La enduro es alta y agarra el viento. No miré bien en Windguru y salí con lluvia. El ripio con el barro y las piedras fue feo, sobre todo por el frío que me dormía las manos y no me dejaba maniobrar bien. Lo principal es salir con buen clima. El ripio posiblemente para mayo de 2015 ya no esté. Tuvimos que esperar otra balsa porque la que estaba llevaba combustible y por ende no subía autos y motos. Además el viento llegando a Río Gallegos fue fuertísimo. Recomiendo no salir con mal clima. Chequear la velocidad de las ráfagas.

KM: 375

Gasolina: 14 litros

Río Gallegos – El Calafate

Tomé la RN3, luego la RP5, la RN40 y por último la RP11 para arribar a la ciudad. Para llegar al centro hay que pasar la rotonda hacia el puente y cruzarlo. La ruta fue sin contratiempos hasta La Esperanza donde se puede cargar gasolina y queda aproximadamente a mitad de distancia. Luego los vientos comenzaron a soplar fuerte. Me detuve a un costado de la ruta, coloqué la moto bien y de todas formas el viento la tiró del lado de la patita. Seguí con el viento porque no paraba. Llegando hay muchas curvas y algunos miradores muy lindos en los que recomiendo parar para sacar algunas fotos y conectar con el lugar.

KM: 340

Gasolina: 10,5 litros

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8 comments

  1. la casuela de cordero de pura vida si que esta buena

  2. Guada, viví tu descripción del frío, tus caidas, tus vivencias y me pareció que me llevabas con vos
    Me encanta viajar, sola o acompañada, pero no tengo tu coraje para afrontar lo que venga, llorando o riendo, pero siempre plena
    Adelante amiga viajera! Seguí compartiendo tus experiencias que nos hacés sentir muy vivos y con muchas ganas de conocer gente y lugares!

    • Anaaaa!!!! 😀 Me pusiste contenta. Vos también sos plena! Se te nota en las letras. Salí una vez al día a hacer algo que te guste sin trabas ya sea bailar en el colectivo sola, abrazar un árbol, gritar, correr, abrazar… lo que sea. Yo no me animo con todas pero algunas me las imagino y me río sola. Otras de a poco las hago aunque me miren, como decirle buenos días al sol y que lo quiero mucho. A veces algunas manías nos hacen bien, mejor quedarse con esas y sacar las otras. 😛 Te mando un abrazo gigante y un gran sol para tus días!!!

  3. Guadalupe; bien por vos , por tu viaje , por lo que vivis y contas , soy motero y viaje un poquito , cuidate
    comprate una carpita y no viajes al limite del cansancio ,todo puede esperar.
    No se si lo pensaste ,pero te recomiendo enfaticamente que subas por la carretera austral del lado chileno ,hasta Futaleufu y entres a Argentina por Trevelin ,no te vas a arrepentir .
    Suerte , buen viaje.
    estani.

  4. Excelente post! Recien descubro tu blog, pienso seguirte!
    Bueno viajes 🙂

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