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De El Calafate a Bariloche – Un camino de solidaridad y enseñanzas

Quiero escribir sobre mi salida de El Calafate y la memoria me falla. No por monotonía sino por tener demasiadas vivencias en menos de un mes que se me vienen todas juntas a la cabeza y se superponen, como si fueran caramelos que guardé en el bolsillo y con el calor del sol se pegaron unos con otros. De todas formas la vida de viaje es rutinaria; la rutina es el cambio constante, la introspección, contar todos los días tu historia y preocuparte por dónde dormirás ese noche, la gasolina y que alcancen las monedas para la comida, o al menos para unas galletas (masitas) que también se han vuelto parte del viaje. Hagamos el intento, que salga lo que quiera, de a cuenta gotas por el embotellamiento de recuerdos.

Salí de El Calafate, al sur de Argentina, un viernes bien temprano. La noche anterior había nevado y el suelo estaba cubierto de hielo, tenía que esperar a que derrita para no arriesgarme a una caída. Me fui a la YPF a despedirme de un nuevo amigo de la Agrupación Guanaco Macho. Un café para calentar el cuerpo, abrazos y una sorpresa: me pagaron la nafta que me llevaría hasta Gobernador Gregores. Eso me permitió hacer dos días seguidos de viaje en dirección al calor y poder pagar agua caliente en la ruta. Antes $100 no significaban mucho, hoy son 250 kilómetros de viaje plagados de aventuras o un poco de comida. Entre gasolina y comida elijo la primera, ya me conocen. Aunque estoy más responsable con mi cuerpo/templo. ¿Un mimo? Comprarme un paquete de papas fritas o poder tomarme un té en un café para usar wi-fi. Pero no ocurre tan seguido. ¿Quejas? Ninguna. Hace tres años era una maraña de nervios acelerada; hoy siento paz y cuando se me va me la devuelvo en ruta. La ruta me vuelve solitaria, pero creo que es sólo que me lleva a mi esencia. Te da más de vos, te potencia en todo sentido y te vuelve lo mismo por dentro y por fuera; sin piel de camaleón, sin camuflajes que valgan.

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Uno de los paisajes desérticos de la ruta. Se ven guanacos, ñandúes, liebres, zorros colorados y de esas bolas de yuyos que giran como en el lejano oeste.

El Camino hasta Gregores fue durísimo. 76 kilómetros del peor ripio que vi en mi vida (lo están asfaltando). Llegué a un desvío y me dijeron que tome por un camino que no era. Había una loma de piedras gruesa. Dudé primero del camino pero luego de mi misma. La pasé en primera y se fue Sami al piso. Debajo de las piedras había un pozo. Nota mental: chequear el camino a pie primero cuando sé que está feo. Como no puedo levantar a Sami con toda la carga y estaba en un lugar muy desértico, caminé tres cuadras llorando por la torcedura del pie: Sami me aprisionó la pierna contra las piedras. Una familia en una camioneta me ayudó a levantarla. Como estaba rengueando me preguntaron si estaba bien, les dije que sí y emprendí la marcha por la ruta correcta. Tardé una hora en reponerme del dolor pero no era grave.

Apenas comenzó el ripio tuve que desacelerar a 20 km/h. Si seguía así iba a tardar tres horas y llegaría de noche. Imaginá piedras enormes, cada tanto un cerro de tierra a un costado y mucho silencio excepto por el de tu moto rebotando y golpeándose contra el suelo. Crucé 10 vehículos y nadie iba a más de 30 km/h. Así de feo. De a ratos paraba por el cansancio de mi hombro y para descansar la mente. Hace año y medio que no entreno el cuerpo debido a los dos accidentes que tuve, y lo noté. Me dio fuerzas para comenzar de nuevo con las flexiones, elongación y aeróbicos.

Esta fue la primera vez que le hablé a Sami para que juntara fuerzas y no se rompiera en el medio. De a poco la estoy comenzando a ver como alguien más, no sólo un montón de pedacitos de metal. Me dijeron que esta ruta cambia mucho de un día para el otro dependiendo si llueve, pasan la máquina o levantan el camino y crean un nuevo desvío. Me confundí varias veces cuando aparecían bifurcaciones y tuve que hacer malabares para retomar la vía. Cuando terminó el ripio suspiré y entré a darle “gas” (acelerar) a fondo para llegar con luz. A fondo, en Sami cargada, significa ir como mucho a 100 km/h. Igual lo logramos.

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Los bomberos con su buena onda entre mate y mate.

En Gregores no tenía donde dormir, hacía frío y además estaba con bronquitis. Los bomberos me recibieron con mate y sonrisas pero no me podían alojar por ser parte del cuerpo de policía y no tener mujeres en el grupo. Regla impuesta desde arriba que no podían quebrar sin sanciones en reprimenda. Estaban preocupados por mí. Uno me ofreció su casa que, como tenía guardia, no iba a usar. Finalmente me consiguieron una cabaña de turismo sin cargo y me dijeron que si volvía a la noche tendría comida. No volví, estaba muy cansada. Aún recuerdo esas caras afables saliendo de trajes ignífugos emparchados. A veces me sonrío. No creo en las fronteras pero sí en la gente y me pone contenta saber que entre los que se educaron en mi cultura hay gente buena, gente positiva y solidaria que abraza al que tiene frio, le brinda un mate al que necesita un oído y, si no entiende, pregunta en vez de juzgar. Así quiero ser yo, así soy. Ese es el lenguaje que entiendo.

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En el puesto de vialidad pasando Gregores me encontré esta cocina junto a un señor que me sirvió unos mates y me dio torta frita. Hizo un canasto enorme porque siempre recibe viajeros cansados del viento. Allí hay camas y reciben gente sin costo alguno. Casi acepto y me quedo la noche, pero la ruta llamaba: quería llegar a Esquel.
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El hermoso gatito que me encontré en Gregores. Su hermano todo blanco durmió conmigo entre ronroneos.

El agente de turismo me insistió para que me quedara dos días más y que hiciera un poco de prensa del lugar. Me dejó con dos gatitos mimosos y se despidió entre “quedate y quedate”. Al otro día me desperté temprano y, ni bien el sol calentó un poco la tierra, emprendí la marcha. Perito Moreno me recibió con manzanas en los árboles, asado y una cama calentita para mí sola. Dos días de descanso, remedios y comidas. Una cama como la de casa, con acolchado, sábanas limpias y almohada mullida.

De Perito Moreno a Gobernador Costa (puros gobernadores que quedaron en la memoria a causa de pueblos con su nombre) pasé dos desvíos de ripio que pareciera que los hizo alguien que detesta a los motociclistas. Fueron trece kilómetros nada más pero, con la cantidad de autos que me sumían en una nube de polvo y me obligaban a parar, se hicieron eternos. Para mí el que es malo es tonto porque la vida te enseña que tarde o temprano todo vuelve, lo que le hagas a los demás y al mundo te lo hacés a vos mismo indirectamente. Pasar rápido por al lado de una moto por camino de tierra o ripio es sinónimo de que te importe tres pepinos el otro; al menos en mi cabeza, que admito es tozuda. Ya no me enojo porque entiendo la ley de la vida un poco más que antes. Aunque sí quisiera poder charlar con ellos y explicarles que un minuto de su vida puede significar un año de la mía con un hombro roto. Mirá si justo hay una piedra enorme y no la veo por el aluvión de tierra que levantaron y me caigo. Pero el que no conduce moto no lo sabe, también juega la ignorancia de pensar que es como si fuera un coche. Me paso horas explicando a la gente la importancia de tener en cuenta la vida del prójimo y no pasar en curva o respetar las leyes de velocidad. En esto sé que posiblemente pienses distinto, pero he visto tantos accidentes en estos días que se hubieran evitado respetando las leyes que reforcé mi creencia (tozuda, tozudísima).

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José. Bajito, simpático, con mejillas gordas y actitud pícara. ¿Se nota que me gustan los gatos?

A Costa llegué casi de noche y mi tos se hizo aún más fuerte. Es un pueblo de cuatro mil habitantes pero luce como uno del lejano oeste hollywoodense. Fui a los bomberos pero no estaba el jefe y como cierran de noche no pudieron ayudarme. Mi segunda opción era la comisaría. Me atendió una señora que heredó el uniforme azul por su marido fallecido. Cuando le pregunté si podía tirar una bolsa de dormir en el suelo del alero de la comisaría me mandó con su hija. Estuve todo el día charlando, jugando con las nenas y con este gatito mimoso que casi me lo llevo a rodar por el contiente, José.

Esa noche, mientras me cocinaban las mejores pizzas caseras que comí en mi vida sin dejarme siquiera ayudar lavando los platos (insistí con ganas), me enteré que me había abierto las puertas de su casa porque no le pareció seguro dejarme en la comisaría. Me explicó que la gente de Costa es buena pero que vienen a trabajar en la fuerza muchos policías de ciudades lejanas que, como no son de allí, no siempre tienen buenas actitudes. Cuando me vio sola abrió sus alas de mamá pata y decidió resguardarme. Ella cree que a la gente hay que ayudarla, después todo vuelve. Me contó al menos cinco historias, felices y tristes, que llevaban a esa moraleja. Ayudó a un viajero ciclista diabético que murió llegando a México porque lo pisó un camión (en Facebook Una bici Mille Speranze). Lo recordaba con cariño y me hablaba de él como si lo conociera de toda la vida. Otra historia de cómo si se quiere, se puede; y mejor pronto porque nunca se sabe lo que depara el futuro.

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La ven seria pero es que está posando. En realidad es un amor de persona, cálida y amistosa. Las apariencias engañan a veces.

La señora también cocina empanadas para vender. El hijo pesca así que hasta mayo, donde se termina la temporada porque los peces comienzan a poner huevos y reproducirse, las hace de salmón, ¡y con tapa casera! ¿Tienen idea de todo lo que se trabaja en Buenos Aires para al final del día terminar pagando un dineral en un restaurante bullicioso por un poco de salmón? Acá lo pescan y cocinan compartiendo con la familia. Algunos prefieren el restaurante y la oficina, otros el río y la cocina familiar. Ambas me parecen válidas si uno elige teniendo en cuenta que existe la otra opción. La hija sabía de esto. Había vivido en diferentes lugares del país, ciudades y campos. Finalmente decidió volver al pueblo que la recibió por primera vez, cuando nació, y pasar las noches tomando unos mates con su mamá mientras cocinaba. Me contó sobre su vida, sus nenas y sus pensamientos esotéricos. “Los años son cada vez más cortos; me di cuenta observando la luna y sus ciclos durante meses” – me dijo dejándome perpleja. No era astrónoma y tenía pocos conocimientos sobre el tema pero había sacado un montón de conclusiones sobre el mundo, que después verifiqué en internet, mirando el cielo, con paciencia, como se hacía antaño. Me hizo reflexionar mucho, pero no sobre los días, sino sobre la gente. No hace falta un título universitario, que no es más que un papel a veces mentiroso, para saber sobre un tema. Sólo mucha curiosidad, esfuerzo y paciencia. Sigo pensando sobre la economía y sobre el mundo que nos inventamos, ese mundo de papeles que valen horas de arduo trabajo, ya sean títulos nobiliarios, billetes o acciones de la bolsa; ese mundo que tapa a este otro mundo, el que respiramos y pisamos; el que nos enseña sobre lo que somos. La gente de campo y de pueblos pequeños me lleva hacia él. Me enseña que basta con observar el cielo y el viento para saber si va a llover y si la tierra necesita riego; que basta con observar el mundo natural para poder conocer lo más profundo de nosotros mismos y la interacción de las cosas. Quisiera que nos enseñaran, de una forma práctica, sobre esto en la escuela. ¿Qué importa la historia si no nos conocemos a nosotros mismos ni a nuestros vecinos? Ambos mundos tienen conexión, pero no nos enseñan sobre el puente que los une ni nos hacen ver que hay una gran diferencia entre ellos. Empecé a desvariar, embrollarme y tomar recodos un poco peligrosos. La ruta me da tiempo para pensar aunque a veces me gustaría tener alguien con quien hablar de estas cosas y pulir los pensamientos. Me dieron ganas de hablar con mi amigo Axel que siempre esclarece mi mente y trae risas al ambiente. Axel no está. Recordé la canción “Laura no está” y la tarareé durante dos horas.

Al día siguiente seguí ruta y entré en Esquel donde terminé de curarme. Ya lo conocía pero no la entrada desde el sur. Los colores de las montañas y los árboles me dieron ganas de parar en cada curva y contra curva pero la pata de Sami (moto) era demasiado larga y no me permitía parar en cualquier banquina desnivelada sin riesgo de que se caiga. ¿Si pasás por aquí me compartís una foto?

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A pocos kilómetros de El Bolsón ya comencé a ponerme alegre con los paisajes que me encontraba.

Fueron días de descanso y risas con mi nueva amiga y anfitriona. Tengo un montón de cosas que procesar de nuestras charlas, ninguna que quiera compartir; algunas vivencias quedan para mí sola por lo menos mientras las sigo procesando. Pasó lo mismo con El Bolsón. Allí, a causa de un encierro por lluvias, mi soledad explotó y se descontroló como el volante de la moto cuando se te raja una cubierta, es la mejor metáfora que se me ocurre a estas horas de la noche. Al día siguiente salió el sol, como si hubiera sabido que necesitaba su calor (siempre me devuelve el buen humor) y, junto a los paisajes de Lago Puelo dibujaron la sonrisa en mi cara.

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Caminando por ahí. 🙂
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Lago Puelo. Aquí cualquiera saca fotos impresionantes.

Venía desde Gregores sin amortiguación. En la ruta rebotaba, más que una chica en una moto parecía un canguro de metal con cabeza humana, por lo que llegar a Bariloche fue un alivio. También por lo que me mimaron allí entre la habitación con internet en el hotel, los paseos, las cenas y las charlas. Ver y hablar cada día con la misma gente también me hizo bien. En viaje la única persona con la que comparto en silencio es conmigo misma. También no hay con quien hablar sin tapujos más que con mi propia voz en off. Los que están a mi lado por lo general me ven un solo día o dos y casi nunca saltamos la barrera de la charla de dos personas que aún no se conocen. Están ansiosos por saber del viaje y de mí, por contarme de ellos o ambas. Yo a veces también. Cada tanto encuentro otra persona con la que no importa el pasado, sólo el presente y hablar sobre el mundo, sobre los sueños. Esas personas con las que basta con “ser” en el presente, no es necesario explicar, ni sentir ansiedad. Personas con las que construís de forma consiente y “de a dos” el tiempo juntos. No lo sé explicar, intento pero no me sale. Mejor dejarlo así. Siempre que intento explicar algo que no sé cómo termino diciendo cosas que llevan a interpretaciones contrarias o distantes a lo que me refería. Te dejo la idea de que, de vez en cuando, ver todos los días a la misma gente hace bien. Ahora entiendo lo que quería decirme mi amigo Israelita hace dos años atrás con “deberías probar viajar lento”. Además que hay que agregar que viajando lento se aprende más sobre la cultura y el movimiento en la vida del lugar. Lo haré más adelante. Por ahora voy rumbo al calor, soy un animal migrando por la llegada del invierno.

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Uno de mis amores, Bariloche. Descansando en una roca del circuito chico.

El intento resultó en una mezcla de recuerdos de cosas que pasaron y recuerdos de pensamientos. La barra del documento donde escribo me marca las 2’589 palabras y el reloj las 22:45 horas. Me voy a dormir. Me despido con algunas fotos que tomé en un curso gratuito de fotografía nocturna y light painting que dieron en Esquel, y al cual asistí, mis amigos de Travesía Visual. Feliz día, feliz noche y dulces sueños.

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Nada de esto está retocado.
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Se logra con luces, linternas y una exposición adecuada.
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Me encantan las estelas.

El Calafate – Gobernador Gregores

Tomé la RP11 hasta la RN40. De allí a Tres Lagos está asfaltado. Luego, hay que tomar el primer desvío a la izquierda saliendo del pueblo. No hagan como yo que seguí y agarre el de ripio de la derecha y tuve que volver. Por unos kilómetros se mantiene el asfalto hasta que llegan los 76 km. de ripio. Me dijeron que es muy cambiante su estado. A mí me tocaron piedras gigantes, mucho colchón de piedras chicas en el medio, todo suelto. Dada mi carga trasera tuve que ir lento. Acá rompí amortiguador y seguí así hasta Bariloche que lo cambiaron (no tenía arreglo). Ojo con los desvíos dentro del ripio. Siempre a la izquierda (me equivoque y tuve que hacer malabares). Esta parte la están asfaltando por ende puede que pronto no tenga más ripio. Tengan en cuenta que esto pasó en Abril de 2015. Los 115 km restantes son asfaltados y la bajada a Gregores tiene curvas y contra curvas.

KM: 370 km.

Gasolina: 13 litros

Gobernador Gregores – Perito Moreno

Tomé la RP25 y luego la RN40. La 40 en el sur tiene tramos buenos y tramos destruidos. Perito Moreno es chico y fácil para ubicarse.

KM: 364

Gasolina: 14 litros

Perito Moreno – Goberador Costa

Tomé la RN40. Después de Río Mayo (ojo con la bajada que es pronunciada) tomé dos tramos de ripio porque estaban arreglando la ruta. Fueron en total 13 km de ripio con piedras sueltas y colchones. Los camiones y autos aquí pasan rápido, mejor parar porque no ves nada. Hay una parte de la ruta que te hace sentir en una película futurista donde la humanidad llegó a su fin. Me dio la sensación que deben pagarle a los gobiernos para que la mantengan así las cinematográficas.

KM: 360

Gasolina: 13 litros

Goberador Costa – Esquel

Tomé la RN40 sin problemas (sonrisota por el descanso).

KM: 195

Gasolina: 6,5 litros

Esquel – El Bolsón

Tomé la RN40. Cuidado al pasar los puentes. En uno de ellos una de las vigas de metal cuando entras a uno de ellos estaba suelto y se levantó al pasar con la rueda trasera. Por suerte no se enganchó pero fue un susto.

KM: 164

Gasolina: 5,5 litros

El Bolsón – Bariloche

Tomé la RN40 y el viaje fue tranquilo. Mucha curva y contra curva con paisajes que te distraen.

KM: 130

Gasolina: 4 litros

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6 comments

  1. Hola. Impecable este último relato…como todos bah pero particularmente en este encuentro una síntesis de tu experiencia en el camino. Yo estoy cerca de partir y precisamente hacia Argentina como primer destino no bien termine el papeleo del Unimog Camper. Tal cual lo que refieres a la tozudez en cuanto a ” cosecharas tu siembra” o “todo vuelve”. La primera es mi sentencia de cabecera. Te mando un abrazo desde Uruguay.

    • Pienso igual y a veces hasta es extraño porque uno siembra por un lado y cosecha por otro… es como el dicho “todo vuelve” pero por diferentes lados. Un abrazo enorme y ojalá te traten tan bien como a mí aquí. El mate siempre une! 🙂

  2. Guada, !!Me atrapaste!!! Accidentalmente y lo digo de verdad, llegue a tu blog. Me encontraba como de costumbre en mi empresa trabajando en mi computador y al detenerme un minuto de mis actividades laborales para leer mis correos personales, en un link que había en un de esos correos y que active involuntariamente… !!Fuuaaaa !! apareciste ….. déjame decirte que esto fue hace horas y recién termino de leerte tanto a ti como a todos los que te escribieron, te repito me atrapaste.

    No se porque razón llamó mi atención el link, no se si por tu nombre, Guadalupe, nombre que me gusta mucho y me trae bonitos recuerdos o por el tema de las motos, pasión que recién empiezo a descubrir ya que compré mi primer caballito de acero, tan solo hace tres meses pero, te repito, no sé con exactitud porque me llamó la atención pero si se porqué me tuviste aquí sentado por tanto tiempo, a pesar de mis múltiples ocupaciones: Que relatos y vivencias tan, ni se como decirlo, …… en fin, Me atrapaste.

    Te felicito por ser quien eres y hacer lo que haces.

    Ahora debo dejarte, pero de verdad me gustaría poder contactarte luego y poder chatear contigo y conoce mas de ti y tus aventuras.

    Recibe un cordial abrazo con mucho cariño desde Bogotá, Colombia.

    Juan Carlos Reyes R.

  3. Hola Guadalupe! Estoy con un sonrisa hasta ahora por tener leído sus relatos desde El Calafate hacia Jujuy. Yo conozco todo el camino, porque lo hiso dos años atrás, en 2013 (febrero y marzo), desde San Pablo/Brazil – Ushuaia (RN-3) y Ushuaia/Punta Arenas/Torres del Paine/El Calafate….. Bariloche, hasta Jujuy por la RN-40. Fui con una moto posante (BMW R1150GS 2004). Lo que me encanta son sus relatos, la forma con que escribe, sus pensamientos, sus miedos, sus sueños, sus charlas con las personas y historias de ellas… Muy rico, muy encantador! No sé hasta onde va en su viaje, pero si le gusta venir hasta San Pablo, yo y mi família la invitamos a se quedar unos dias con nosotros, ok? Buenas rutas a usted y que sigue con Diós!

    • Hola Renato! Muchas gracias por la hospitalidad y sus palabras. Este viaje va a abarcar todos los países del continente excepto las islas (a menos que logre pasar sin coste). Pero tengo pensado recorrer solo el norte de Brasil, más si paso por allí les aviso. Un local siempre muestra de su país una cara más interesante y nutrida que la turística. Vi muchos brasileños por la RN3 camino a Ushuaia en BMW, que lindo viaje. 🙂 Un abrazo grande y buenas rutas para usted y toda la familia!!!

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