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Dali – Mi amor platónico

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El casco antiguo de Dali se quedó con una partecita de mi corazón. Fui con la intención de quedarme tres días y terminé alargando mi estadía, como todos los que arriban a sus puertas.

Se trata de una antigua ciudad amurallada con casas de piedra en la que las tiendas y bares se mezclan con la vida del lugar. Las señoras caminan con enormes canastos en sus espaldas rumbo al mercado y, cada tanto, ves a viejitas lavando fruta en los canales de la calle principal. Sacando las chicas que trabajan en turismo, aún se ven un montón de lugareños en ropas típicas de su etnia.

El primer día caminé por la calle principal (Fu Xing Lu Road) atestada de tiendas y turistas. Allí me encontré con un hippie finlandés que tocaba instrumentos en la calle o vendía artesanías y fotos. Así se hacía la vida, de lugar en lugar y de sonrisa en sonrisa. Todos querían una foto con él porque era rubio, de ojos celestes y muy hippie (extraña combinación para un occidental en China). Iba camino a un hostel llamado Los Cinco Elementos en el que se quería quedar por la comida vegetariana y orgánica que servían (era budista). Me habló de un centro en Dali donde los artistas pueden alojarse a cambio de compartir su arte. También de un monasterio alejado donde un monje hace seminarios para aprender Tai Chi. Lo acompañé a su hospedaje mientras hablábamos de la vida y le invité un yogurt (estaba increíblemente flaco).

Alquilé una bicicleta bastante molesta con la patita que se le bajaba cada dos minutos y subí sobre la ciudad. Encontré un barrio muy bonito y pudiente de casas de dos pisos cerradas con altos paredones. Tenían jardines y ventanales de punta a punta. Las calles se encontraban vacías, sin niños jugando en las aceras. Luego tomé el camino cuesta abajo hasta llegar a los campos de cultivos. Nadie parecía muy contento de que tomara fotos pero tampoco se negaron. Dos trabajadores descansaban cerca de la calle de tierra. Consulté si podía entrar a los cultivos. Uno de ellos me preguntó si tenía un cigarrillo y le dije que no pero que le sacaba una foto. Click. Sonrió frente a su propia imagen reflejada en la pantalla. No hablaban inglés. Me alejé y me saludaron con la mano balbuceando alguna palabra alegre de despedida en chino.

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Aventurándome sin bici y sin zapatos entre los cultivos, me invadió una sensación de conexión. Me sentí del mundo y sin límites. El sol brillaba rodeado de un cielo azul sin polución. Antes me hubiera parecido raro leer la oración anterior. La mayor parte del viaje por China transcurrió bajo un cielo turbio y gris que no permitía que llegara un poco de calor.

Estaba cansada de la patita que se caía una y otra vez. No conseguí un piolín por lo que la devolví. Luego a caminar por la Ren Min Lu Road, sin saber que se tornaría en uno de mis paseos favoritos, sobre todo a la hora de comer. La bauticé la calle hippie ya que ves un montón de artesanos vendiendo en la calle con un estilo muy rastafari. También hay restaurantes a la calle con sillas que son tan pequeñas que parecen para niños.

En una esquina había una chica morocha de rulitos, de una edad parecida a la mía, regateando un pote de miel. ¿Latina? Parecía dominicana. Volví tras mis pasos y le pregunté en español completamente segura que me iba a responder en el mismo idioma. Así fue. Su pronunciación era perfecta y con acento latino pero no podía diferenciar de qué país (reconozco que tampoco me destaco en ese arte).

Resultó ser una mezcla extraña de culturas. Sus padres eran palestinos-Israelitas pero ella vivía desde hace muchos años en París. Había viajado por España y Latinoamérica donde aprendió a hablar español. También sabía árabe, hebreo, francés, inglés y estaba aprendiendo chino. Cada lengua la hablaba sorprendentemente bien. Consiguió un año sabático en la firma para la que trabajaba (es abogada) y decidió pasarlo viajando por Asia. Enseguida me encantó su estilo extrovertido y amigable. Con el pasar de los días se transformó en una buena amiga que quiero conservar. Tiene una forma de pensar muy liberal por lo que me sentí como en casa con ella desde el primer segundo. A veces me pasa que me cruzo con personas con las que tengo mucha afinidad y siento que las conozco desde hace tiempo.

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Ren Min Lu Road llena de artesanos y gente paseando.
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Vendedora ambulante de verduras. Ren Min Lu Road.
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Una chica haciendo un grafitti, dos hablando, gente sentada en los escalones dejando pasar el día… una tarde típica. Ren Min Lu Road.
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La calle principal, de sur a norte, con sus negocios, motos y gente de shopping.
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Negocio de ropa. Ren Min Lu Road.
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Verdulería. También venden peces, animales marinos, sapos y capullos de rosas.
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Extrañamente, Dali está repleta de perros grandes como este siberiano que mira a través de la puerta. El resto de China está cubierto de perros pequeños.

Caminamos unas cuadras, alquilamos dos bicis (por la mitad del precio que en mi hostel) y fuimos a dar una vuelta alrededor del Lago Erhai. Tanto el lago como los charcos de los cultivos reflejaban el cielo casi con exactitud. Parecía que hubiera bajado a darse un chapuzón. Después de todo “arriba y abajo” sólo tiene sentido cuando tenés cabeza y pies.

Los niños de las aldeas corrían las bicicletas gritándonos “Hello”, las abuelas nos saludaban diciendo “Ni Hao” o con un movimiento de cabeza mientras cargaban canastos enormes y pesados. Los ancianos también trabajan sin importar la edad que tengan. Nos apenó un poco esto porque sabíamos lo dura que es la vida del campo para el cuerpo.

Las calles estrechas y sin pavimento nos llevaron frente al lago. Volvimos por un camino de tierra y rocas entre cultivos. La noche nos colocó un velo de sombras al llegar a las tres pagodas. Un par de fotos, risas y de vuelta a Ren Min Lu Road a devolver las bicis.

En una intersección del camino decidimos de forma aleatoria y terminamos frente a frente con un amigo de ella que había conocido en el sudeste asiático. No existen las casualidades. Quedamos en encontrarnos para ir a cenar.

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En el campo llevan a los niños de esta forma. Este señor estaba diciendole a su hijo que mirara la cámara.
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Señoras trasladando las compras del día.
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Una tarde de verano en Dali, volviendo en bicicleta por la carretera.
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Estos dos personajes salieron corriendo de su casa en busca de mimos y a tirarme del vestido.
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Un arte muy peculiar. Con una sartén y un palito hacía estos elaborados animales de caramelo.
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Los señores se ponen a jugar Mahjong u otros juegos de mesa en las aceras.
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En una esquina de la Ren Min Lu Road hay una panquequera con este gatito. Les ponen mini-correas o los meten en jaulitas.

Más adelante me presentó a una pareja de estudiantes (ella china y él holandés) que vivían en Holanda, a un señor inglés que enseña en Dali y a su profesora de chino con la que salimos varias veces a cenar. Hicimos un buen grupo por un par de días saliendo a comer sopas por un dólar, empanadas y demás cosas que servían en los lugares baratos que mi amiga conocía. Ninguna de las dos tenía un presupuesto alto y siempre preferíamos gastar el dinero en otro tipo de lujos como viajar un poquito más allá.

Alguna tarde la transcurrimos sentados en los sillones del Bad Monkey Bar hablando con los extranjeros que viven en Dali y con sus gerentes ingleses. Suele ser un lugar de reunión para los occidentales y está plagado de personajes con historias interesantes. Muchos están casados con mujeres del lugar. Se quedan para abrir un negocio y llevar una vida tranquila. Otros son profesores de inglés, estudiantes de  chino, guías de turismo o simplemente van a hacerse un tratamiento de acupuntura para dejar de fumar. Cada historia un mundo.

Recuerdo que un día fuimos con su profesora a un restaurante de una familia musulmana. Quedaba dentro de una casa construida alrededor de un patio repleto de plantas en el que habían colocado mesas para los comensales. La cocinera era la abuela: una viejita que nos miraba con interés intuyendo que ella era musulmana también. Se cubría la cabeza con una túnica larga de color intenso. Pedimos sacarnos una foto a su lado y aceptó. Cuando le dijimos que era linda se fue corriendo a su habitación para volver con una fotografía antiquísima de cuando era moza. También trajo una túnica que nos puso alrededor de la cabeza, al estilo musulmán, para una segunda toma. Al irnos nos cobró la mitad de lo que seguramente costaba y se despidió efusivamente en su idioma dándonos una tarjeta del lugar que ninguna de las dos puede leer aún.

Ser musulmán en China no es tarea fácil. Son muy poco aceptados y, en el pasado, sufrieron fuertes persecuciones por parte del gobierno comunista que no tolera las religiones. Asimismo tampoco son árabes y muchas veces comienzan a intentar aprender el lenguaje para poder decir las plegarias. Esta señora de más de setenta años estaba asistiendo a clases pero sólo para poder comprender el Corán. No esperaba aprender la escritura.

Uno dice “Asia” y se imagina algo un poco más unificado. O por lo menos a mi me parecía así. Como al decir Latinoamérica. Pero en estas circunstancias te das cuenta de las barreras, lingüísticas en este caso, mucho más altas que entre la mayoría del resto de los países que al menos comparten un alfabeto común. Árabe, hebreo, mandarín, tailandés y otros idiomas asiáticos tienen hasta las letras diferentes.

Viajar te hace conocer gente dispuesta a entender tus raíces y a explicarte las suyas. En cada lenguaje y cultura hay una concepción distinta del mundo, los deberes, las formas de hacer y pensar, el rol de cada persona y las edades, entre otras cosas. Aprender te da la opción de elegir, entender, comprender, aceptar y mutar. Doy gracias por cada persona que entra en mi vida. Esta será una amistad que cultivaré a distancia, lo sé. Algún día la volveré a encontrarla en otra parte del mundo.

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La señora musulmana de la que les hablé, sonriente.
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Izquierda: puerta tradicional. Derecha: artesana de la Ren Min Lu Road.
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A la salida del colegio con un perro siguiéndolo. Los escolares usan uniformes que cambian según el nivel.
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Señoras que pasan por las calles con canastos vendiendo fruta.
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Bajando por una calle paralela a la de las casas lujosas me crucé con esta señora, cuesta arriba.
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Saliendo de la ciudad antigua por la puerta sur te encotnrás con una sucesión de calles repletas de lugares donde trabajan la madera.
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Esta foto me encanta. Una señora preparando los cilindros de carbón que se utilizan para el fuego.
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Una niña que trabaja en turismo vestida con un traje tradicional.
Perro Dali China
Bad Monkey Bar se llena de occidentales. Uno de ellos siempre va con este perro gigante que te da la pata frente al pedido de su dueño.
Para saber un poco más sobre Dali pueden entrar en: Dali:Info útil y Lago Erhai: el espejo del Cangshan.

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8 comments

  1. Me encantaron las fotos de los perros.. Son divinos!.. Que afortunada eres de poder visitar estos lugares, y gracias por compartir tu experiencia..
    Pd. Deberias anexar alguna fotito de las personas que conoces, nos quedamos con la duda de como se ven!jeje.
    Saludos.. Buena suerte!

  2. Estamos camino a Dali muchacha!! con mucha lluvia pero muy contentos! 🙂

    • Increibleeee!!!! 🙂 Que lo disfruten mucho!!! Vayan a dar vueltas por ahí en Bici y mandenle un beso enorme a esa ciudad que se lleva mis pensamientos. Lo van a pasar genial. Ojalá les toquen días soleados.

  3. Quiero saber porque esa foto de la señora laburando con carbon te gusta tanto?? A mi me impacto a decir verdad. Como ya me conoces; en seguida pense en las enfermedades asociadas al trabajo y todo lo que implica laburar con carbon 🙁
    Muy lindo Dali…me gustaria “volver” algun dia, ya que con tu relato siento que pase un dia alli 😀

    • Hola Vic! Porque no tenía idea de las implicancias y me gusta la foto (los colores) pero no necesariamente lo que implica. En China trabajan mucho incluso cuando son viejos, es importante el esfuerzo. Y las muejeres hacen trabajos pesados en construcción y otros ámbitos l oque me sorprendió mucho porque en nuestros países los hombres ocupan esos lugares. Ese tipo de trabajos es malo para ambos sexos, el cuerpo se daña. No tenemos que olvidarnos, cada vez que consumimos algo, que esa gente está detrás de ello. Incluso en nuestros países pasa esto.

  4. buenas noches!
    cuantas ganas de ir!! en menos de 2 meses viajo para china…!!!
    no sé si fue en este post o en el otro sobre Dali que hablas de un espacio de arte en cual podías quedarte en cambio de producción artística? creo que es que te habías encontrado con un europeo que estaba parando ahí….tendrás más información sobre ese lugar?
    porque en mi viaje a ese país y esas regiones del suroeste estoy con ganas de conocer la actividad artística que se genera, sobretodo en los circuitos lejanos a las grandes urbes….
    Un abrazo! esperando tu respuesta!

    • Hola Manon! Es en uno de los dos artículos que tengo sobre Dali en la parte de China. La puedes encontrar en el blog. Sólo tengo la info que puse pero creo que dije el nombre. Ahora ya no me acuerdo. Si preguntas allí te van a saber decir también. En el Monkey bar. Hablan inglés. Uno de los pocos lugares que no tendrás problemas con el idioma.

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