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Crónicas de una petisa neurótica

No sé si vos sos una de esas chicas de 1,80 que desesperan por poder usar esos tacos tan lindos de las revistas pero que sienten que así sólo le quedan disponibles los jugadores de básquet. O de esas tan peques que se ponen tacos de veinte centímetros con zapatos que acaban siendo más grandes que vos y terminás dando el look de “érase un zapato con una mujer pegada”. Como se imaginaron por el título, yo pertenezco al segundo grupo con mi metro sesenta y mi actitud de “sí, te miro inclinando la cabeza para arriba, y qué” que me ayuda a que nadie se atreva a decir ni mu cuando voy del brazo con mi amiga de 1,80 que encima es la única mujer de esa estatura que se anima a usar tacos de 20 centímetros (no botas porque aduce que le acortan las piernas (¿?)). Incluso frente a la imagen ridícula de una niña de tres años (una a la que le crecieron demasiado prematuramente los pechos) junto a su mamá modelo, las dos tenemos levante.

Crónicas de una petisa neurótica

Pero este post no se trata sobre jugadores de básquet, zapatos de moda y modelos que te ayudan a cruzar la calle. Sino sobre una historia, de esas tan extrañas que pareciera que deberían pasarme a mí para que pueda contarlas.

Nunca en mi vida me habían descalificado por ser bajita. Y cuando digo nunca es nunca con mayúsculas, pero me da la sensación que les grito si las pongo. Se da más ser discriminada por alta que por petiza dado que el hombre suele querer sentirse masculino y, quizás por falta de autoconfianza, se siente menos hombre al dejar de tener la ventaja corporal de su lado. El hombre, ese animal que prepara sus manitas en posición de amase, prefiere tener menos centímetros cuadrados sobre los que ejercer ese arte. No me aduzcan “pero con calidad”, por favor. Quizás es el síndrome del pizzero que quiere tener algo que quepa en sus manos y no sentir que en cualquier momento lo mandan “al horno” a él. Se me ocurren miles de metáforas inapropiadas, pero como este es un post “propio” las dejo para el imaginativo colectivo.

Nunca en mi vida (y cuando digo Nunca es nunca) me habían descalificado por ser bajita. NUNCA. Ahí está, lo escribí gritándolo y todo. Hasta aquel día que comencé a hablar con un X con una gran motivación de mi parte: procrastinar todo lo que pueda sin caer en el hueco del aburrimiento. Hueco que se me estaba acercando peligrosamente sin que mis musas volvieran a mí como para comenzar a hacer lo que era para ayer (frase para bloggeros si las hay). ¿Qué quedaba frente a la no respuesta de mis amigos, familiares y conocidos? Un acto desesperado. Escribirle a un extraño.

La respuesta llegó rápida y concisa. Como es de esperarse, no me respondió con frases largas hasta que terminó de inspeccionar todos y cada uno de los centímetros de mis fotos de perfil. Casi me hizo reír. Frente a la invitación de ir a tomar un café tenía bien clara mi respuesta “No, solo estaba aburrida y me dio curiosidad”. Esa frase cierta pero que a los ojos de alguien del sexo masculino estoy casi segura que se traduce con una sola palabra: “histérica”. Pero el argentino porteño no se acobarda frente a ello, sino no le quedan mujeres y tampoco se queda a si mismo. 😉

Cuando finalmente llegó el momento de la invitación, que fue bastante rápido para mis necesidades de procrastinación, vino pegada a un “¿Cuánto medís?”. Y de repente la pantalla se convirtió en un desierto con bolas de pasto seco girando y girando…. Y como es mi imaginación, le agregué un coro de grillos. Mis dedos son rápidos con el teclado y mis vueltas también. “¿Por qué? ¿Vos cuánto medís?”. Resulta que ostentaba metro ochenta y siete y que tenía un problema con las chicas bajas. No sólo ya se había tomado el café conmigo, sino que en su mente ya me había llevado a la cama y estaba pensando en tener hijos. Y después nos dicen a nosotras…

No soy vos, soy yo. Pero esta vez era cierto. Había tenido una cita con una chica que le llegaba al ombligo a duras penas y quedó “traumado” (adjetivo elegido por él, yo lo hubiera calificado distinto). A pesar de que estaba segura de pasarle el ombligo, me dio las buenas noches y el pésame con un “mañana me levanto temprano”. No era él, era yo, claramente, que me los elijo para el manicomio. Investigador tenía que ser. Y aquí es donde les pido disculpa a todos los integrantes del CONICET y de todos los equipos de investigación del mundo. Aunque les pido por favor que me presenten uno que no tenga alguna peculiaridad muy notoria. Sólo para conocerlo, lo prometo. Porque siempre que hablo o me enrosco con alguien con ese rótulo termina siendo un personaje, a veces uno divino y otras… dejémoslo en “no tanto”.

Le dije directamente que me descalificó por baja y me respondió que sí. Diez minutos después, una amiga, cuando le conté destornillándome de la risa, me escribe: “mándamelo a mi que lo descalifico por boludo”. Y mirá que me han dicho que soy muy flaquita, que hablo mucho, que de atrás soy un amigo más… mil cosas, pero lo de bajita me quedó como la anécdota de la semana.

Tengo ganas de escribirle para decirle gracias por la inspiración y las risas que provocó por un día entero pero de repente me encuentro con mi macabra mente maquinando. A veces me siento muy mujer, o muy humana. Chiche que no puedo tener y quiero, no para jugar con él, sólo para saber que puedo. Por ende, con el veneno del porteño en mis venas confundiéndome la mente (no soy yo, es él), las preguntas me llenaron el coco. El coco es peligroso. Te atrapa a veces. Te quedás cautiva en un laberinto sin salida. Es una trampa tenebrosa. “¿Será que en realidad es una táctica para que quiera lo que dije que no quería por el mero hecho de no poder tenerlo? ¿Será que está buscando que le pida ir a tomar un café yo? ¿será que es todo una táctica para tenerme entre sábanas? ¿Pero y si no y termino siendo una inchapelotas? (el infaltable). No voy a escribirle, que se c.! No. No voy a escribirle….. ommmmm, no voy a….. ommmm”. Mierda. Me tiene pensando en él de alguna forma. Que bien la hizo… (y quizás el tipo realmente no sabe ni que “la hizo” mientras me enrosco).

Crónicas de una petisa neurótica

Bien porteña, bien mimada, bien táctico o boludo (pero por las dudas caigo)… bien neurótica. Otra que “La loca de mierda”. Y no puedo evitar pensar que Disney nos cagó la vida.

#LiberemosAlCoco

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15 comments

  1. Como te entiendo! hahaha
    Mido un poquito menos que vos y me encanta mi estatura. La primera vez que sali con mi novio yo tenia puesto unos tacos de 15 cm y hasta hoy dice sentirse estafado. El mide 1,87 y, tras 3 años de relación, aprendió a lidiar con los 30 cm de diferencia. 😉

    • jajaja sos la prueba viviente de que se puede Lua!!!! 🙂 A mí me resultó una anécdota digna de contar porque nunca me sentí petisa…. la primera vez que ser pequeña me juega en contra para algo (el que se agacha a dar el beso es el otro siempre :P). Por muchos años más de noviazgo y felicidad linda!!!

  2. Pobre, no tiene ni idea de lo que se esta perdiendo conocer. “A cada persona se mide por el tamaño de su corazón” decía Palo Pandolfo con los Visitantes.

  3. Guada lamento escuchar q en el momento en q el pibe se transformó en un completo idiota te empezó a gustar . Pregunto , eso donde te pone a vos ? Por lo que decís en lo q relaciones concierne te sentís bien ahí siendo idéntica a este pibe cuando te pateó . Hay q abrir mas el corazón !!!

    • Mati era en broma el post!!!! De hecho no le escribí. Generalmente si alguien no gusta de mí tampoco me gusta. Si alguien gusta de mí quizás me gusta. No suelo tener ni paciencia ni poco amor propio a la hora de elegir a alguien, por lo menos no en los últimos años. Lección aprendida. Pero quería mostrar lo complejos que somos a veces sin necesidad alguna. Nuestra mente se enrolla y nos hacemos problemas por cosas que no tienen ningún sentido. “Lo llamo yo… pero ya lo llame 3 veces y él sólo una…. pero tengo ganas”, “mm…. estará saliendo con otro porque yo sólo la veo a ella”, hay que preguntar, aceptar y actuar según lo que sentimos! Hacemos lo mismo con los problemas que sí son reales, mucha de nuestra angustia es culpa de ello y no del hecho en sí sino de los árboles de posibilidades que tejemos y los “y si tal cosa o tal otra”. Pensá que tengo dos operaciones más del hombro por delante y no ando angustiada por ahí, mirá si me voy a hacer problema porque alguien no quiere salir conmigo por bajita jajaja. Ni por casualidad. Es imposible gustarle a todo el mundo como es imposible que todo el mundo nos guste a nosotros. Ante un “no” simplemente hay que seguir adelante porque en algún momento vendrá un “si” de una persona que a uno le guste de verdad. Pero a veces admito que uno se enrosca sabiendo que no tiene importancia y sólo porque le resulta divertida la idea. 🙂 Respondí?

  4. Te reís de él pero te dolió. Es tu mecanismo de defensa al sentirte rechazada quizá. La verdad fue muy confuso todo, como contradictorio pero me atrapó. Después de todo es una historia contada desde el punto de vista de una mujer y, sin que lo tomes a mal, es natural que tenga contradicciones. Aún así, me gusta más este estilo de escritura que no es el que más acostumbrás.
    Te iba a mandar un beso, pero mejor no, porque sos muy baja… jaja!! un beso!

    • jajaja, no es el que más acostumbro porque no tengo un estilo… soy medio ecléctica. Igual el punto era que nos complicamos al pepe. Para mí fue sólo una anécdota que me hizo reír mucho y me encantó (me divirtió el día). Generalmente cuando algo me duele me lo tomo exactamente al revés, hago algo o se lo digo. Por ejemplo si me dicen que tengo un diente chueco, si me duele me pongo aparatos o lloro o me enojo pero no me río. 😛 Medir 1,60 no me molesta nada porque soy toda chiquita y proporcionada, quizás si se hubiera metido con otra cosa sí. Aunque ultimamente me importa todo medio un pepino en cuanto a las críticas del cuerpo (es muy nuevo esto). Tampoco me río de él sino de toda la situación y el post era en tono jocoso a propósito, pero también hacia la neurosis femenina (o humana más bien). Igual ahora que lo pienso es un garrón tener que parecer un arco para darle un beso a tu chica :P.

  5. A todo esto, al tipo le preocupaba tu tamaño. Deberías haberle preguntado por SU tamaño (no la altura por supuesto).

  6. Yo también mido 1.87, pero siempre me sentí cómodo saliendo con chicas mas bajas por la tranquilidad de saber que si te quieren dar un beso de prepo, no llegan 🙂

  7. Pues que no se haga el gigante tampoco! 1,87 es considerado normal en EE UU o Grecia, donde el común de la gente es alta.
    Mi novio es tip Joey Ramone, por lo alto y flaco: mide 1,97 y yo 1,62. Jamás fué una complicación!!! (a pesar de que tenga dolores de columna por tener que agacharse tanto para besarme jeje)
    Un salame más, no merece mayor análisis.
    Saludos y buen viaje!!!!

    • jajaja a mí me hizo reír muchísimo!!! Incluso de mí misma con los planteos mentales. Pero vos sos la prueba viviente de que se puede y no es complicado. 🙂 A no hacerse problema con los complicados y seguir de largo con sonrisa. Gracias y feliz 2015 para ti y tu pareja!

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