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Carta a un amor etéreo

Te creí lobo pero eres viento patagónico. Ese viento que sopla solitario y roza la cara de cada muchacha que se aventura en tus tierras, haciéndola estremecer y gemir por las noches. Ese viento que levantó mis sábanas, arqueó mi empeine y puso amaneceres en mi oído mientras rodaba sobre el ripio. Las ruedas giraban y mi corazón latía cada vez más fuerte. Me llevaste volando a Madrid y de allí a las nubes.

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Te convertiste en una brisa agradable que me sacaba el calor del mediodía y me hacía sonreír por las tardes. Brisa presente, día a día, acostumbrándome, amansándome. No había momento sin tus ronroneos y tus camelos. Vientos de mimos. No sé si amé más tu soledad o tu comprensión de la mía, tu libertad o tu comprensión de la mía. No sé si me enamoraron tus caricias o tus lejanías.

Bajé de la montaña y noté tu ausencia. Te busqué detrás de los eucaliptos de colores, en los ríos del Amazonas y en las cascadas de La Gran Sabana. No estabas. Probé lobos pensándote lobo pero me encontré carente de tu forma bruta de zarandearme de un lado al otro sin hacerme daño.

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Volviste en forma de murmullo pero quedaste en murmullo, como el aleteo de las mariposas en otoño. Un árbol me contó que escuchó decir a un pájaro que otra chica lloraba por ti. Pusiste poesía en sus cabellos mientras conocías la timidez que se escondía bajo los míos. Luego me enteré de otros llantos y me di cuenta que eres viento. Viento patagónico por la tosquedad de tus movimientos. Viento solitario que rueda de continente en continente y de mejilla en mejilla, pero que rara vez vuelve a la misma. Permíteme sacudirme la esperanza, a veces es mejor quedar desnuda. Viento que susurra una historia de amor que se debe soñar con los ojos cerrados y olvidar en cuanto sale el sol. Los míos estaban abiertos e intentaste advertirme. Viento solitario que no miente pero miente. Cuentan más los detalles que las palabras, ¿o acaso aún no te diste cuenta vos que viajás tanto por el mundo? Así y todo no hay reproches ni dolores, solo que a veces… te extraño.

“¿De qué sirve viajar sin amor?”, me pregunté. Y me di cuenta que el viaje hace que el amor se ensanche y abarque al todo, por eso no puedo olvidarte. Te escuché ayer soplando en la colina. Pensé en correr hacia vos pero estabas feliz rodando de copa en copa. Te miré a lo lejos y te dejé feliz porque te quiero. Te quiero libre. Te quiero, viento.

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14 comments

  1. Uf, qué intenso Guada… Yo que recién comienzo el viaje también me pregunto si sirve de algo viajar sin amor. Supongo que las respuestas irán saliendo en el camino. ¿Sabés? Apenas comencé a leerte se me vino a la memoria un poema de Federico García Lorca llamado “Preciosa y el aire”, escrito en 1928. Dice así:

    Su luna de pergamino
    Preciosa tocando viene
    por un anfibio sendero
    de cristales y laureles.
    El silencio sin estrellas,
    huyendo del sonsonete,
    cae donde el mar bate y canta
    su noche llena de peces.
    En los picos de la sierra
    los carabineros duermen
    guardando las blancas torres
    donde viven los ingleses.
    Y los gitanos del agua
    levantan por distraerse,
    glorietas de caracolas
    y ramas de pino verde.

    *

    Su luna de pergamino
    Preciosa tocando viene.
    Al verla se ha levantado
    el viento que nunca duerme.
    San Cristobalón desnudo,
    lleno de lenguas celestes,
    mira la niña tocando
    una dulce gaita ausente.

    Niña, deja que levante
    tu vestido para verte.
    Abre en mis dedos antiguos
    la rosa azul de tu vientre.

    *

    Preciosa tira el pandero
    y corre sin detenerse.
    El viento-hombrón la persigue
    con una espada caliente.

    Frunce su rumor el mar.
    Los olivos palidecen.
    Cantan las flautas de umbría
    y el liso gong de la nieve.

    ¡Preciosa, corre, Preciosa,
    que te coge el viento verde!
    ¡Preciosa, corre, Preciosa!
    ¡Míralo por dónde viene!
    Sátiro de estrellas bajas
    con sus lenguas relucientes.

    *

    Preciosa, llena de miedo,
    entra en la casa que tiene,
    más arriba de los pinos,
    el cónsul de los ingleses.

    Asustados por los gritos
    tres carabineros vienen,
    sus negras capas ceñidas
    y los gorros en las sienes.

    El inglés da a la gitana
    un vaso de tibia leche,
    y una copa de ginebra
    que Preciosa no se bebe.

    Y mientras cuenta, llorando,
    su aventura a aquella gente,
    en las tejas de pizarra
    el viento, furioso, muerde.

    F.G.L.

    Un abrazo!

    • Gracias Marcelo! Creo que uno se da cuenta que no sirve pero también que el amor genuino deja libre y no es bilateral sino de vos hacia todo. Entras en amor con el mundo o lo contrario que en definitiva es lo mismo. Mi sentir. 🙂 Hermoso poema!!!

  2. Bellísimo poema!!!transmite mucho, llega y te lleva de viaje con cada palabra..gracias por compartirlo Guada!

  3. Muy lindo Guada, anuda la garganta.

  4. Y tu, a dos ruedas, ensanchando horizontes y alma…

    Y entendiendo el verdadero sentido de del amor sin límites, del compromiso que construye realidades

    Sigue disfrutando como tu sabes!!!

    Abrazo inmenso desde Madrid

    Sara

    • 🙂 Sara. Que ganas de abrazarte de verdad. Vos sabés de quien hablo y quién es aquel que se quedará para siempre en mi vida tenga el rol que tenga porque le amo sin importar eso. Y a vos también. Nos vemos por allá. Un beso enorme para ambos!

  5. Hermoso. Me lo esperaba antes de empezar a leer, pero una vez más me sorprendiste.

    Abrazos,

  6. Que bien, pinchando varias URL de pronto llegue a tu blog Guadalupe, y me ha hecho reflexionar tanto sobre la vision de lo que queremos hacer, y por sobre todo del cuestionamiento de una vida “correcta” con el trabajo en la oficina, etc etc… y lo que realmente te llena y apasiona.
    Me ha inspirado y confundido tambien con todo lo que tengo… Sin duda tus palabras llegan, a mi al menos me llegaron…
    Gracias Guada y que sigas en tu viaje personal, abrazo!

  7. Martin Albertus

    Hermoso relato. Más o menos viajados, mas o menos golpeados, mas o menos resucitados, TODOS tenemos ese viento que sabemos libre y aún así atamos al alma con un hilo de añoranza.
    Apenas lo terminé de leer se me vino a la mente la letra de una canción de uno de mis grupos favoritos (Marea) que, no por nada, se llama “Ojalá me quieras libre”. Va un fragmento:

    “…y sé que no habrá sedales
    cuando te hiera mi ausencia,
    ojalá me quieras libre,
    ojalá me quieras,
    yo te querré deshecho,
    te querré en la roca viva,
    te querré en todos los versos
    que no quieran tus pupilas,
    yo te querré en la acequia,
    te querré en la cumbre fría,
    te querré cuando el fantasma de tu voz venga a por mí.”

    • Que lindo Martin!!!! Gracias. 🙂 Y me encantó a frase “TODOS tenemos ese viento que sabemos libre y aún así atamos al alma con un hilo de añoranza”. Muy cierto. Somos libres, pero en la forma en que elegimos nuestras ataduras.

  8. Me encantó! Gracias!

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