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Cagadas viajeras – Un post colaborativo sobre mierda

Con el pasar de los años, los viajes y las experiencias, ya sin vergüenzas respecto a cosas relacionadas a mi cuerpo y su naturaleza, se convirtió en uno de mis temas recurrentes. Caca, pupu (como le decían las enfermeras en Camboya) o mierda (shit), como le dicen mis amigos gringos… Digámosle mierda, saquémonos las mejillas ruborizadas y hablemos con naturalidad de un tema del que deberíamos saber más, como tantos otros que vivimos a diario pero siguen siendo tabú.

Cada vez que hablo de esta materia a veces marrón (a veces no), más me doy cuenta lo poco que sabemos, los que no somos médicos, sobre nuestra propia caca y sus cambios. Ayer, un amigo dijo en una reunión: “no sabía que se podía hacer caca menos de una vez al día y que esté bien ni que puede tener otro color y no significar mucho, deberíamos hablar más de esto”. Así que me puse a investigar, a preguntarle a una amiga que es médica y a otros blogueros sobre sus experiencias caquísticas hasta que me animé a escribir este post. La idea es compartir conocimientos sobre las frecuencias, las formas, y el color adecuado de la caca; qué remedios tomar si no se puede acceder a un médico (siempre es mejor consultar a un profesional) y experiencias en viaje para que vean que todos pasamos por situaciones embarazosas. La idea es aprender, ayudarnos y reírnos un poco de un tema que debe ser tratado con seriedad pero también con alegría. Después de todo, ¡cagar está buenísimo!

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¿CUÁN BIEN CONOCES TU MIERDA?

Texturas de la Caca

¿Cómo funciona el “sistema de creación de caca”? Una vez que ingerimos y digerimos la comida, las heces pasan por el intestino grueso (colon) y el exceso de agua es reabsorbido antes de su compactación en el recto. En general necesitamos 16 horas para que el alimento se convierta en caca y sea expulsado del cuerpo pero cada organismo es distinto y no se puede estipular una cantidad de tiempo “sana”. Hay gente que hace caca entre 1 y 5 veces cada día y otros pocas veces a la semana. Yo soy del último grupo. Fui al doctor y me dijo que en mí es normal porque tengo “transito lento” lo que significa que mi organismo tarda más que otros para terminar el proceso. Cuando voy me lleva menos de un minuto terminar de hacer una enrome cantidad de caca, nunca tengo dolores ni contratiempos y la textura y el color de mi caca es normal por lo que me encuentro sana. En mí hacer pocas veces a la semana es normal. Todos somos diferentes.

Para los tipos de textura de la caca existe la Escala de heces de Bristol que fue publicada por primera vez en 1997. Ha sido criticada dentro de la comunidad de investigación gastrointestinal pero este sistema aún permanece en su uso para medir la eficacia de diversos tratamientos para enfermedades intestinales.

De acuerdo con la escala, los siete tipos de heces son:

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Una octava textura no desplegada usualmente en el gráfico es cuando tu caca es blanda, oleosa y se pega al borde del inodoro. Puede llegar a significar (no necesariamente) que tu cuerpo no está absorbiendo adecuadamente las grasas. Hay diferentes enfermedades, como la pancreatitis, que pueden producir esto. A no asustarse e ir al médico por las dudas.

Colores de la Caca

Ante todo hay que tener en cuenta que cada ser humano es diferente y en consecuencia los colores “normales” varían según cada uno y su dieta alimentaria. Lo que pongo a continuación es lo que en general es cierto, pero antes de hacer cualquier inferencia o temblar de miedo, conviene consultar al médico. En particular no prestaría mucha atención si tu caca es verde y comiste algún vegetal de este color, o si es rojiza y te la pasaste a remolacha y tomates. Hay que tener en cuenta qué se ingirió esa semana. Dicho esto, pasemos al análisis de los colores.

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ESTOY DE VIAJE Y EL DOCTOR ESTÁ LEJOS

No es una buena idea auto-medicarse y menos sacando información de internet (touché), pero es importante estar informado.

La diarrea del viajero es producida mayormente por bacterias, pero también por virus y parásitos intestinales. Se puede contagiar al ingerir agua, alimentos contaminados, por inmersión en ríos y lagos o piscinas que fueron mal potabilizadas. Para prevenirla seguir los pasos sugeridos en CÓMO PREVENIR.

En caso de diarrea es fundamental:

  1. Hidratarse con soluciones salinas orales. Si tienes vómitos bebe de a sorbos hasta ver al médico. Puedes tomar: agua mineral, sales para hidratación, caldos salados, té, agua de arroz, agua de coco. El suero bebible ayuda a reponer fuerzas e hidratarse con las sales y el líquido necesario.
  2. Lavarse las manos antes y después de ir al baño.
  3. Seguir una dieta. Algunos alimentos permitidos son: arroz, compota de manzana, pan tostado y té. Evitar las frutas frescas, verduras, productos de trigo integral, frijoles, alimentos grasos, bebidas con cafeína, bebidas con gas, azúcar y cualquier otro alimento que produzca gases o sea alto en fibras.
  4. No intentar adivinar, ¡consulta al médico!

De todas formas si la diarrea no para, algo hay que hacer. Si el médico está lejos tenés dos opciones que deberías llevar en tu botiquín para poder tomar en orden de tener energía suficiente para viajar al médico:

  • Loperamida: es importante no abusar de este medicamento y no tomarlo más de dos veces. Si no funciona mientras se sigue la dieta, se descansa y se hidrata el cuerpo, entonces la otra opción es el antibiótico.
  • Ciprofloxacina 500 o Norfloxacina 400 por 5 días (antibiótico): Si tenés fiebre, moco o sangre en las heces o la duración de la diarrea es de más de tres días.

Hay que tener en cuenta que todos los medicamentos tienen contraindicaciones y que hay que saber administrarlos. Lo mejor es ir a un médico especialista en medicina del viajero, o al tuyo personal, antes del viaje para que te diga si puedes tomar estos medicamentos en caso de emergencia y cómo detectar cuándo usar uno o el otro. Siempre se debe consultar al médico luego.

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CÓMO MANTENER TU CACA SALUDABLE

No es tan complicado en casa pero en viaje a veces uno no come tan bien, no hace ejercicio o no toma suficiente agua. Lo que deberías hacer es:

  • Hacer una dieta alta en fibras (aprox. 25 gramos por día).
  • Hidratarte mucho.
  • Hacer ejercicio diariamente.
Siempre aconsejo salir de viaje con un seguro de medicina del viajero por si tienes algún inconveniente que requiere de internación, sobre todo en países caros. Hay un montón de compañías que brindan este tipo de seguros, yo viajo con International Assist.  

CAGAR EN VIAJE: CONSEJOS

  • Siempre llevar papel higiénico para limpiarse por las dudas de que no haya (pasa incluso en baños de familia).
  • Llevar bolsas. Sí, bolsas de plástico.
  • Perder la vergüenza y animarse a la naturaleza.
  • “Si vas a cagar en un baño público, tirá un poco de papel sobre el agua, para no correr riesgos de salpicarte el culo con esa agua con restos de orina o caca ajena.” – Tati de Caminando Por el Globo.
  • “Mi vida cambió cuando estaba viajando en mi kombi (sin baño) y descubrí que en lugar de aguantarme la caca hasta encontrar un baño, podía hacer en una bolsa acuclillada. ¡Que feliz me hizo! Aconsejo poner arena o tierra en la bolsa y luego hacer, para que se mantenga abierta la bolsa y no haya riesgo de pérdidas.” – Tati de Caminando Por el Globo.
  • Si viajás en moto, bici o a pie, tené a mano alguna toalla o pachimina para poder preparar algo para taparte (estilo carpa o biombo) mientras haces al costado de la ruta.
  • “Cuando estoy pedaleando siempre tengo un rollito de papel higiénico en el bolsito del manillar y una bolsa como para poner mis papeles y llevarlos hasta donde encuentre un tacho de basura. Ya de por si no es ecologico dejar nuestro recuerdo en el pasto como para que encima dejemos el papel.” – Vir de Por las Rutas del Mundo.

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HISTORIAS BLOGGERAS DE CAGADAS VIAJERAS

En este mundo de bloggers a tiempo completo, nos conocemos casi todos. En uno de los grupos privados de Facebook estuvimos bromeando sobre el tema y se me ocurrió hacer un post colaborativo. Un montón de bloggers se sumaron y me mandaron sus experiencias. Estuve dos semanas riéndome sola mientras armaba el post. No agregué ninguna porque sinceramente no tengo una historia a la altura. Van con fotos para que les pongan cara. ¡Que las disfruten! Y suerte con intentar no visualizar demasiado.

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Plantar un pino en el Taj Mahal – Lucía de Algo que Recordar

Había leído tanto sobre ese histórico monumento erigido al amor que mis expectativas eran enormes. En mi guía había toda una sección con comentarios de los sentimientos de otros viajeros al ponerse por primera vez delante del Taj Mahal: “una lágrima en medio del universo”, “la mayor obra arte jamás construída”, “supera todas las expectativas de la imaginación”… Estaba dispuesta a escribir en todos los foros sobre cual había sido mi maravillosa experiencia cuando por fin cumpliera mi sueño de infancia de ponerme delante del Taj Mahal.

Era mi primera vez en Asia y en cuestión de 7 días el wáter y yo éramos uno. El día de visita al Taj Mahal me encontraba tan mal que mis compañeros de viaje me dijeron que me quedara descansando. Me negué en rotundo. Llegar hasta aquí para perderme ese momento no entraba en mi cabeza. Agarré un rollo de papel higiénico y eché a andar con los demás.

Como era de esperar en medio de la visita, entre fotos con los lugareños, calor y humedad tuve que salir huyendo en busca y captura del baño más cercano que por supuesto entre los nervios y el gentío no encontré. Pero como la necesidad apretaba en aquel momento de tensión, mis ojos empezaron a escudriñar la zona a toda velocidad. No me quedó otra que meterme en uno de los jardines detrás de un árbol, pedirle a Shiva que a ninguno de los 10 millones de indios que estaban allí de visita se les ocurriera venir hacia la zona 0 en el momento del delito y hacer lo propio. No me imagino la cara del pobre jardinero que se encontró con aquello.

Después de mi crimen, seguí con la visita y me mareé dos veces con el consiguiente tumulto a mi alrededor. Aquello terminó de hacer evidente que al día siguiente sí que me tenía que quedar descansando.

No me atreví a escribir en ninguna parte lo que fue “mi historia de mierda” pero con el tiempo y para consolarme he asumido que pocos pueden decir que “plantaron un pino en el mismísimo Taj Mahal”.

El año pasado volví a Agra con Rubén en nuestro viaje de 8 meses por Asia (massalaHDtrip) y fuimos al amanecer al Taj Mahal. Para esa experiencia sí que no tengo palabras. Lo que sí puedo contar es que esta segunda vez fue sin retortijones.

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Habitación compartida – Flor de Ruta del Mate

En el verano del 2011 hice el Camino de Santiago con una amiga, eran 5 etapas que al final hicimos en 6 días. Caminábamos tranquilas, parábamos en todos los puestos a comer nuestra empanada gallega y cervecita de cada día, comíamos todo tipo de marisco y pulpo que nos cruzábamos, degustábamos las delicatessens locales como si no hubiera un mañana, todo acompañado de una birra, o tres. Dormíamos en albergues de más de 15 camas que se llenaban de gente que viajaba en bici y caminando.

Eran las 4 de la mañana cuando me desperté, no sabía si estaba teniendo una pesadilla horrible o si lo que estaba sintiendo era realidad. Cuestión: me había cagado encima.

Estaba envuelta en mi bolsa de dormir, sentía el olor nauseabundo que venía de adentro y era asqueroso. Lo hecho, hecho estaba y lo que tenía que hacer era pensar bien los pasos a seguir: estaba en un albergue, los peregrinos estaban durmiendo, mi amiga en el decimoctavo sueño, la habitación estaba oscura, recordé dónde estaba el baño, busqué una toalla, salí de la bolsa de dormir, me tapé con ella y así como estaba medio en pelotas y medio cagada me fui al baño corriendo dejando un olorcito rico de rastro.

Agarré la ducha y me empecé a lavar a mí y a la bolsa de dormir. Le di la máxima presión que podía, como quien limpia la fachada de una casa. La bolsa no quedó limpia del todo, la dejé medio escondida fuera del albergue (tenía la seguridad de que nadie me la robaría) y me volví a dormir como pude.

Al día siguiente había que continuar caminando, así que fui a la Farmacia, me tomé una pastillita mágica y pude continuar viaje, suprimiendo todo lo rico que venía comiendo hasta ahora e incorporando pavo, yogurt, arroz blanco y agua con limón a la dieta.

Cuando terminamos nuestro peregrinaje y llegamos a la Catedral, abrazamos muy fuerte al Santo. Le agradecí que me haya dado la fortaleza (o fortasec) para continuar y llegar a terminar mi Camino.
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La cueva de las Manos – Luciano de Mi Mundo en dos Ruedas

Vamos a lo primero. Un tip de cuando uno ganas de ir al baño y está en un hostel, y sabe que uno va “fuerte” de cuerpo, en ese caso, para mi debería avisar que va al baño, y si lo hace a última hora, mejor. En ese caso contaría con un plus, de ser el último y el avisar como que lo ayuda el refrán popular que dice “el que avisa no traiciona”.

Con respecto a anécdotas de viajes por el interior de argentina, no se si da para publicarla, pero acá esta.

Un día en medio de un viaje, pasado el mediodía y con algo de hambre, veníamos con las motos por el medio de Catamarca, y vimos un restaurante de ruta, rodeado de camiones, ahí se come bien y barato me dije, y así fue. Paramos con un par de amigos, y la verdad que comimos 10 puntos y a un super precio. Pasada la sobremesa y a punto de salir de vuelta a la ruta, con un amigo pasamos al baño. Yo a orinar y mi amigo a cagar.

Entramos al baño, orino, y nos quedamos atónitos con lo que veíamos. la pared detrás del inodoro, cómo poder decirlo, parecía la pared de la cueva de las manos, el mejor arte rupestre que jamás había visto, eso era arte.

Un cristiano, no solo se había limpiado con las manos, al no tener papel, sino lo que aun no entiendo cómo pudo haber cagado tan alto. Un misterio sin resolver.

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Angie o “la que caga y engorda” – Angie de Titin Round the World

Nunca tuve problemas para ir de cuerpo –dirían los médicos– y justamente por eso nunca fue algo que me haya preocupado en mis viajes. Soy de esas personas que comen y cagan. Con la “desgracia” que debo cagar los nutrientes o las vitaminas porque cago como desgraciada y engordo como forra en la misma proporción. Pero en fin, que no era eso de lo que íbamos a hablar.

Si bien en general cagar no es un problema para mí (post-desayuno es la mejor hora), hubo dos situaciones viajeras que me han cerrado el culo (?).

Eran mis primeros meses en Corea del Sur, no tenía plata y me lancé de lleno a la dieta mochilera por excelencia: pan y arroz. Pero claro, haber pasado días con dicha dieta hicieron que mi organismo se viese forzado a tres días sin ir al baño. Suceso que derivó en una batalla inhumana de media hora que no puede llevar otro nombre que parto soretístico (sangre incluida). La pasé tan mal que mientras daba a luz semejante monstruosidad prometí nunca más negarle una fruta a mi cuerpo aunque me salga 5 dólares.

Y la otra situación fue la primera vez que tuve que ir en una letrina. ¿Alguna vez te imaginaste un baño público con agujeros en el piso (hasta ahí nada del otro mundo) pero sin puertas? Bueno…bienvenido a algunos países de Asia.

Estaba viajando en el tren por Siberia, Rusia. Estos trenes (los transiberianos) tienen unos sistemas de baños medios raros. Los cierran y los abren con horarios de mierda. Cuestión, me estaba re cagando y hacía una hora que el baño estaba cerrado y lo iban a volver a abrir en 1 hora más. Por suerte paramos 15 minutos en una estación de un pueblo muy pequeño. Salí corriendo del tren buscando el baño y cuando entré…imagínense mi sorpresa cuando me encontré por primera vez con las letrinas.

No estaba buscando un baño lujoso ni nada por el estilo (venía desde Mongolia), pero…una puerta mínimo.

Entrar al baño y ver los agujeros en el piso, sin puertas que los dividan fue de lo más shockeante. Es más, había dos viejas cagando y ni se inmutaron con mi presencia. Yo estaba que me hacía encima. La dudé…me dio vergüenza…no sabía si ponerme de espalda y que me vieran el culo y lo que iba a salir de él…o ponerme de frente y sufrir algún contacto visual. Opté por lo segundo y apenas me puse en cuchillas el miedo a lo desconocido desapareció e hice mis necesidades como si estuviese en mi casa tranquila.

Y si tuviese que elegir un modus operandi (?), me quedo con el “baño” de Mongolia: en la intemperie. Donde encuentres un lugar que te haga feliz. Definitivamente es mi preferido, te sentís un dador de abono total.

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Secretos de la Ciudad Prohibida – Ivan de Apeadero

Acabábamos de llegar a Pekín y estábamos entusiasmados. Tras dejar las cosas en un hostel justo enfrente de la plaza de Tiananmen, nos lanzamos a visitar dicha plaza y acto seguido entramos en la Ciudad Prohibida.

Al poco tiempo de estar en el interior de este símbolo de China fue cuando Núria empezó a notar que sus tripas empezaban a moverse un poco más de lo habitual. Echamos una rápida ojeada para localizar un baño y ni rastro de ninguno. Preguntamos y ni siquiera fuimos capaces de hacernos entender. Los movimientos intestinales iban a más. “¿Qué hacemos? ¿Volvemos al hostel?”. Lo intentamos, pero no pudo aguantar ni 50 metros…

Quién haya estado en China sabe como de brutal es la densidad de población allí. Y quién haya estado en la Ciudad Prohibida sabe que ahí dentro la densidad poblacional habitual se duplica. Pues que nadie me pregunte cómo se lo montó Núria para de pronto desaparecer dentro de un arbusto del jardín de la dinastía Qing y salir un minuto después sonriente con una bolsa llena de mierda sin que ningún visitante ni ningún guardia la vieran.

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La cueva y la marea – Andrea de Viaja la Vida

Hace unos años tuve una mala experiencia en el mar, aunque sé nadar, me bloqueé y me desesperé. Casi me ahogo, hasta que me salvaron, y desde ahí sigo amando al mar pero con mucho respeto.

Hace un tiempo, caminando sobre una playa (no sería buena idea decir cuál) me vinieron los nervios del mar, ya que debíamos caminar por una hora hacia otra playa y la única forma era sobre la arena, a un costado de las olas. Nos habían advertido que debíamos hacerlo cuando la marea esté bajando. Estábamos a buen tiempo, pero yo no dejaba de imaginarme que se aproximaba un tsunami. Todo era mental. Hasta que mis nervios llegaron al punto límite y mi panza empezó a hablar, o mejor dicho, a gritar. Todavía nos faltaba mucho para llegar y lo que más necesitaba en ese instante era un baño, empezaba a sudar frío, veía la playa como si fuera eterna, las olas del mar reventaban y era como un golpe más para mi intestino. No aguanté más, y tuve la suerte de la naturaleza divina, la playa tenía hermosas cuevas, creo que fue la sensación más linda saber que era el baño más cercano del camino, no dudé ni un segundo y le dije a Samir que cuide la “puerta” y la marea, él me decía que el mar estaba aún muy lejos, que cagué tranquila.

Entré, no sabía dónde colocarme, habían muchas piedras, mientras más entraba, se volvía más oscuro y pensé que me quedaría sin trasero y bueno, entre equilibrio y malabares con el papel higiénico y mi mente, lo logré! Me liberé, estaba renovada. Creo que fue uno de los alivios más grandes de este mundo.

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Ambos lados – Valen de Un Poco de Sur

Todo sabemos que viajando nos puede dar de todo, o el descontrol infinito o el estreñimiento más horrible y si te acostumbras a viajar te acostumbraras a ambas cosas. Espero que tengas la suerte de que la primera no te pille en un bus de 13 horas porque sinceramente es un sufrimiento indescriptible; Así fue nuestro trayecto de el Calafate a Los antiguos, un bus a las 4 de la mañana al que me subí descompuesta. Me senté al lado del baño, por eso de al menos sentirme menos mal por sufrir yo más mi mierda pero aún con la preparación que llevaba. botellas de agua, bolsas de plástico, calcitas de repuesto y dos rollos de papel higiénico el viaje fue horrible… Pero ven, sobreviví y estoy aquí para contarlo y les prometo que el resto de pasajeros del bus también. El truco está en aceptarlo y asumirlo bien preparado.

Otro de los problemas comunes es que no puedes hacer y ya, porque vete a saber tu que, y claro, si eres de los que, como yo, solo va al baño muy de vez en cuando los días se pueden volver eternos. Cuando llegamos a Santiago hice las cuentas y me había pasado 18 días sin hacer del cuerpo, la verdad es que no acudí a ayuda médica porque no me encontraba mal y como les decía voy al baño cosa de una vez a la semana así que solo me había saltado unas 3 cagadas por lo que solo contaba los días un poco anonadada, tenía intención de acudir a la farmacia en cuanto dejásemos la carpa.

Una vez en la ciudad el farmacéutico me dio una botella con polvitos “para matar caballos” y me dijo que estuviese un día en casa preparada para lo peor… Me tomé la botellita y aún así me costo un par de horas pero tampoco no hubo drama, eso sí, desde entonces que llevo laxante en el botiquín por aquello de que uno nunca sabe y con temas de salud tampoco hay que tentar la suerte.

La de la foto soy yo, tomándome el laxante, para Jesper el tema era un acontecimiento, me lo puso en modo coctel, el lo probó y se fue cagando durante medio día…

Así que tranquilos, no se bautiza uno como viajero hasta que no pasa por ambos lados.

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Cagar o vomitar – Tati de Caminando por el Globo

El más más largo que me tocó hacer en Cuba, lo hice en un camión, al mejor estilo de ganado (en todos los sentidos). Era la forma más barata de viajar. Nos subimos a un camión lleno de cubanos, éramos los únicos extranjeros. La mayoría del viaje transcurrió muy incómodo, pero dentro de los límites imaginarios.

Cuando faltaban un par de horas para llegar, comencé a sentir un dolor de panza tremendo y unas ganas de cagarme encima incontenibles. Pensaba que me cagaba ahí, tal como las vacas que viajan en camión y te salpican el vidrio con mierda. Comencé a sudar frío. Tenía ganas de tirarme por la ventana. Lo juro, no exagero. Hasta pensé en quedarme en un pueblo del campo en medio de la noche. Trataba de liberar gases pero no me aliviaba y tenía miedo de que se me escape algo. Finalmente llorando llegué a la terminal nacional de Baracoa. La terminal de este tipo de transporte es demasiado precaria. Me dirijo al “baño”. Eran las 5 de la mañana, todo oscuro y sin agua. Entre tinieblas pude ver un inodoro completamente sucio. No sabía si cagar o vomitar, pero opté por lo primero.

Agarré mi papel higiénico. Saqué bastante y llené el inodoro de papel, adentro, porque si me salpicaba una gota del agua hedionda de ese inodoro, me moría. Descargué allí mi alma entera y salí corriendo como huyendo de un gran crimen y le dije a Javico: no preguntés y corramos! 

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La cagada que me costó una coima – Pila de De Libros y Viajes

¿Alguna vez les pasó que tuvieron que pagar una coima por una cagada? Bueno a mí si.

Eran las 5 de la mañana y estaba sentado en una Combi viajando desde Malasia hasta Tailandia. No sé si fueron los nervios de pisar un nuevo país, la Coca Cola con papás fritas que había comido de desayuno, los jugos frutales exprimidos que había tomado en los puestos callejeros de Penang la noche anterior o la comida picante de los restaurantes indios-malayos, pero la cuestión fue que a los cinco minutos de salir hacia la frontera siento un fuerte revoltijo en mi panza. Algo en mi interior quería salir y lo quería hacer en ese momento. No estaba dispuesto a esperar. Un incomodo sentimiento inundó mi cuerpo.

Me hago encima, le dije a Laura con el último esfuerzo que tenía para pronunciar palabras.

Ella me miró con los ojos muy abiertos. Sin dudarlo un instante le pidió por favor al conductor que frenara urgente. El chófer, con muy poco inglés, le explicó que estábamos cruzando un puente y que no había sitio donde parar. Laura le imploró, le rogó, le suplicó explicándole que era inminente frenar porque su novio, o sea yo, se cagaba encima arriba la camioneta ante la atenta mirada de más de 20 personas que viajaban junto a nosotros. El conductor notó la desesperación en la voz de Laura y ni bien tuvo la oportunidad frenó en una estación de servicio sobre la autopista. Yo bajé corriendo, empujando a todos en mi marcha. Apretando los glúteos. Frunciendo y desplazándome como una geisha en apuros. Cuando llegué al bendito baño, evacué todo eso que me estaba molestando. Fue una gran alivio. Una sensación única e irrepetible. Después de 45 minutos y un certero manguerazo, ya que no habia papel, solo una manguera colgando al lado del inodoro, volví con una sonrisa de oreja a oreja. Continuamos viaje. Las personas que viajaban con nosotros me miraban con una mezcla de compasión y temor. Volvimos a la autopista y un patrullero nos hizo seña de parar. El conductor frena y se baja. Se pone a hablar con el oficial a cargo. Hace ademanes ampuloso con los brazos, nos señala, se agarra la cabeza y de pronto vuelve con cara de enojado. Abre la puerta y sin ningún pudor me grita a la cara:

-“¡Estaba prohibido frenar en la estación de servicio y ahora la policía me está pidiendo una coima. Tu cagada me va a costar muy caro!”
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Profanar lugares sagrados – Laura de Folkqueando

Purita vive en la planta superior del Dispensario Parroquial de Antigua, Guatemala (es un establecimiento de asistencia médica llevado por la Parroquia). Nada más llegar, nos dijo que iba a darnos unos tarritos para analizar nuestra orina y heces y ver como andábamos de salud después de año y medio por Latino América (miedo me daba porque no le hemos hecho caso a Marina, la doctora de sanidad exterior, en casi nada, solo en que es mejor beber cerveza que agua). Al día siguiente le entregamos los tarros y a medio día ya subía Purita diciendo que Chema no tenía nada, pero yo tenía amebas. ¡Amebas yo! pero si a mi no me duele ná… pero bueno, fuimos a hablar con la doctora y me dijo que eran quistes de amebas y por eso es asintomático, pero en cualquier momento revientan y se vuelven locas (eso explicado con mis palabras que me gustan más que las de la doctora).

Un día fuimos al Volcán Chikabal, para ver la Laguna sagrada que hay en el cráter del volcán. Es el centro de la cosmovisión Mam (pueblo maya), y el volcán y la laguna están protegidos por los nahuales (representaciones de elementos de la naturaleza), seres espirituales que protegen a las personas desde su nacimiento.

Bueno, ya tocaba bajar a la laguna, por unas escaleras en medio de la naturaleza, todo súper verde, en ese lugar sagrado, cuando… de repente y sin avisar me crujen las tripas, y yo de un brinco me perdí entre los arbustos (por suerte llevaba papel higiénico en la mochila…) porque mis amebas habían decidido hacer acto de presencia en ese maravilloso lugar S A G R A D O, donde estaban esa semana de culto, con rezos y ofrendas, así que yo dejé varias ofrendas también, porque ya fue un no parar, y a cada rato desaparecía del camino, mientras todos admiraban esa maravilla de lago, para ocultarme en el bosque a odiar a las malditas amebas y orar a los dioses para que parara.

Por suerte, ya soy medio ninja y nadie me vio ni oyó. A la vuelta le contamos a Purita, que se partía de risa y comencé a tomar mis pastillitas naranjas para deshacerme de estos malditos bichos que no extrañaré.

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Viajar en bicicleta – Vir de Por las Rutas del Mundo

Yo nunca tengo problemas para ir al baño. Es más, la relación es “cuando tengo ganas, tengo ganas y punto”. Es verdad que en casas donde te reciben te puede dar pudor. Me ha pasado más de una vez que no tengan desodorante e incluso que quedé las dos últimas hojas de papel higiénico y ahí no quedó otra que empezar a abrir los armarios para encontrar el repuesto. Si no… ¡siempre tengo algún paquete de pañuelos!

En la ruta, al principio, buscaba ir detrás de árboles y arbustos como para que no se me vea desde los autos o camiones. Pero se ve que esto de viajar en bicicleta me hizo perder la vergüenza porque ya a lo último no me importaba si había árbol o no.

Es más, una vez, aguanté tanto para encontrar un buen lugar (?) que terminé haciendo como una carpa improvisada entre la bicicleta y mi campera y listo. Y para rematar lo bizarro del momento, pasó un camionero y tocó bocina y yo lo saludé mientras hacía “eso”.

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El Moji y el exorcismo – Alberto y Noemí de Two and The Road

Soy Alberto Frost, cámara, fotógrafo, informático, motero y bastante nómada y junto a Noemí Casquet, pareja, socia y compañera de viajes (periodista por si os lo preguntabais), decidimos crear hace un par de años Two and the Road. De forma paralela hemos estado luchando en secreto por un programa de TV llamado SexRiders del que estamos plenamente orgullosos.

La anécdota se puede situar temporalmente en las navidades de 2015, bastante reciente. Como todo nuevo proyecto, el nuestro dependía de ligar muchos cabos a la vez, todo ello sumado a un presupuesto de lo más limitado, por lo que nuestros desplazamientos para reuniones o encuentros profesionales tenían lo que podría llamarse glamour cero. Como moteros que somos, nos desplazamos siempre en moto.

Salimos de casa a las 4 am rumbo a Madrid, preparados para recorrer los casi 600 kms de carreteras secundarias. Con la salida del sol se empieza a notar el cansancio. Nos detenemos en Calaceite, donde aprovechamos para degustar el jamón de Teruel.

Acabamos de desayunar y tras los primeros kilómetros mi estómago empezó a rugir, algo no había caído demasiado bien. Yo soy de los que lleva siempre un rollo de papel de WC en su mochila y otro en las maletas de la moto. No tengo problemas en ir sembrando pinos por el mundo. Esta actitud es a menudo reprobada por Noemí, por lo que decidí callarme. Unos minutos después, la situación se puso crítica. Para los que no hayan estado nunca en Aragón, se trata de una región de lo más yerma, en la que crecen pocos y dispersos árboles, al menos en la zona sur donde nos encontrábamos.

Mi sorpresa llegó cuando al hacerle saber mi problema a Noemí, me comentó que su estómago también estaba emitiendo quejas. Estábamos atravesando una zona de curvas bastante montañosa, pero desnuda de árboles, había que llegar como fuera a la siguiente ciudad, a unos 12km, Alcañiz. Imposible. En mitad de una curva había lo que parecía una especie de área de descanso abandonada. Frené bruscamente hasta meterme por uno de los huecos en el quitamiedos que daban paso a un pequeño terraplén entre dos rocas gigantes que ejercían de montañas. Allí, en mitad, había lo que parecía una especie de urinario público. Corriendo, Noemí se bajó de la moto, abrió la calota del casco modular y sin llegar a quitárselo empezó a vomitar en la parte frontal del urinario. Mientras tanto, yo me quité el casco, la chaqueta, cogí el papel de baño y fui corriendo a la parte posterior de la caseta. Me acuclillé y di rienda suelta al demonio que había en mi interior. Tal vez fuera el café, tal vez fuera el jamón, pero el resultado fue algo nunca visto. Tal era el tamaño, que tras gastar casi todo mi rollo de papel, estuve tentado de hacerle una foto a esa criatura que había nacido de mí, mientras simultáneamente Noemí sufría un autoexorcismo al otro lado de la caseta. Nuestros gritos y gemidos sincronizados debieron escucharse a kilómetros de distancia, de modo que, una vez liberados de nuestras cargas, empezamos a reírnos a carcajada limpia. Ese fue nuestro tema de conversación en los días venideros.

A la vuelta, pasamos por el mismo lugar, en el que decidimos parar. Allí seguía nuestra criatura, a la que, cosas del destino, decidimos llamar “Moji”, en honor a la venerada caca Emoji de Whatsapp. Esperamos que Moji guarde un rinconcito en su corazón para sus creadores, así como nosotros la recordaremos de por vida.

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15 comments

  1. jajajajajajajaajajajaja Que cagada, no?

  2. Lo q me extraña es q pocos hombres se animaron a contar sus intimidades. Uno hablando de una cueva q hizo otro y otro hablando de su novia. A hacerse cargo che, como Pila yAlberto!

    Por lo demás, muy completito el artículo, sobre todo para quien tiene vergüenza de ir preguntando a medicos sobre ello. Aunque después de varios viajes, esa vergüenza no existe más y se vuelve un tema común!

  3. Jajajajaja! Excelente post! Me encantó la forma de abordarlo y que hables abiertamente de un tema tan natural y común como es la caca.

    Me reí mucho con las anécdotas de otros viajeros, por suerte nunca me ha pasado alguna historia tan extrema como las que cuentan, o por lo menos no que yo recuerde. Pero es bueno saber que a cualquiera le puede pasar algo así y que por más desagradable que sea por lo menos quedará como una buena anécdota para contar en el futuro.

    Saludos!

  4. Jajajaja lo que me he reido con las historias!! Como dice el poeta:
    “Cagar es un placer,
    de cagar nadie se escapa,
    caga el rey, caga el papa,
    caga el buey, caga la vaca,
    y hasta la señorita más guapa
    hace sus bolitas de caca.
    Viene el perro y lo huele,
    gato y lo tapa.
    Total, en este mundo de caca,
    de cagar nadie se escapa.”

  5. El tema informativo sobre la caca no me gusto y no se me hizo necesario ni de buen gusto.Pero como me rei con las anecdotas de todos esos viajeros.Saludos ( :

  6. Antonio Ruiz

    papel higiénico y “el arte del buen cagar” de Quevedo : 2 elementos indispensables durante mis viajes. Ahora me llevare también este post. Eres como el rey Midas Guada : todo lo que tocas lo conviertes en oro hasta la caca que grande eres.
    Un fuerte abrazo Guada y
    Hasta Pronto Catalina
    Toni

  7. Todos cagamos, y en definitiva puede ser un martirio andarse aguantando las ganas.

  8. Te escuche en radio mitre, te busque en goolge y no puedo creer que lo primero que leo es esto… jajaja, es como ir a la casa de tu suegro por primera vez y a los 5 minutos le agarras el hombro y le tiras una frase al estilo “che… como andas de vientre?, sos transito lento?, yo estoy haciendo medio séquito últimamente” jaaj, este tema para mi todavía es medio tabu!.

    Me muero de ganas de viajar!!

    Saluditos!

  9. Me morí de risa.
    Voila! La mujeres también cagamos!

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