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Ait Ben Haddou, Juego de Tronos y las enigmáticas cuevas – Marruecos

Me habían hablado mucho de Ait Ben Haddou y me dio curiosidad caminar por ésta antigua ciudad que formaba parte de la vieja ruta de comercio entre el Sahara y Marrakech.

Contrariamente a la creencia de muchos, se trata de un Ksar, una antigua ciudad de barro fortificada, y no de una Kasbah, que luce más como un castillo.

Vista panorámica desde lo alto del Ksar.
En una de las casas te dejan entrar. Esta es la terraza del segundo piso.

Tanto por lo hermosa como por lo bien conservada que está, es uno de los sitios más mimados del sector cinematográfico. Aquí se filmaron tomas de Lawrence de Arabia (1962), La Última Tentación de Cristo (1988), La Momia (1999), Gladiador (2000) e incluso la serie Juego de Tronos (Game of Thrones), entre otras.

Nombrada Patrimonio Mundial, hoy en día es uno de los puntos turísticos de Marruecos que no sé si debería recomendar. Si bien es un ejemplo de la arquitectura típica meridional y el lugar visualmente vale la pena, los oportunistas mercaderes pueden llegar a arruinar la experiencia. El Ksar está repleto de tiendas de suvenires de re-venta a precios altísimos, para los que viajamos un poco más por el continente, y algunos vendedores pueden llegar a ponerte en una posición incómoda haciéndote intentar esquivar sus besos o abrazos. Muchas amigas me habían comentado sobre esto en otros lugares turísticos del país, como Marrakech, pero no lo creí hasta que lo vi. Es importante entender que no tiene que ver con la cultura, como dije en otro post: donde hay dinero los maleantes se juntan. La hospitalidad marroquí sigue allí afuera, en las tierras donde aún no se habla inglés.

Creo que me enamoré más de los colores del paisaje.

Cada vez que alguien se acercaba a hablarnos al final terminaba intentando vendernos algo. No está mal en sí, pero cuando te pasa más de diez veces al día ya no te dan ganas de conversar con nadie más. La solución: dedicarse al trabajo atrasado. Estuvimos casi todos los días desde las ocho de la mañana hasta la cena trabajando con las computadoras. Antes habíamos trabajado también pero no tanto como aquí porque la conexión era un poco mejor y me permitía subir algún video mientras editaba el siguiente.

Tantas horas encerradas nos dieron ganas de salir a explorar de nuevo. En el hotel había un cuadro con dos Kasbahs, una cascada y una cueva. Pregunté si se encontraban en los alrededores. La Kasbah de Tamedakhte estaba a 6 kilómetros y la de Telouate a 50. Decidimos visitar la primera porque, a una distancia a pie de una hora, se encontraban también las cuevas.

Los detalles superiores de la Kasbah de Tamedakhte son bellísimos. Sin embargo se encuentra muy destruida. Sobre el edificio de la izquierda se encuentra su distintivo nido de cigüeña.
Camino a las cuevas.

La Kasbah de Tamedakhte estaba muy derruida y se utilizaba como establo. No nos llamó demasiado la atención por más que en otros tiempos posiblemente haya sido un lugar digno de historias de amor.

Un señor vestido con una túnica blanca que contrastaba con sus modernos anteojos de sol, nos comenzó a hablar. Le explicamos que no teníamos dinero pero que queríamos ir a las cuevas, por lo que agradeceríamos que nos dijera hacia dónde deberíamos caminar. Se ofreció a llevarnos por el placer de hacerlo. Nos miramos y suspiramos aliviadas, al fin salimos del acoso constante de los vendedores.

Así era uno de los pisos de las cuevas, y así nuestro guía. Si lo ven contrátenlo. Habla solo francés pero se hace entender mucho.

Después de caminar durante media hora vimos unos agujeros de un metro treinta en mitad de un cerro pequeño de tierra roja. Trepamos por la montaña y entramos por uno de ellos. Caminamos agachadas a lo largo de un pasillo recto con pequeñas habitaciones cavadas en la arcilla a cada lado. El pasillo tendría unos diez o doce huecos habitacionales. Otra cavidad en el techo nos permitió subir a otro nivel con la misma estructura. Más arriba otro agujero nos llevó al siguiente. Eran varios pisos con vista al valle.

El nómade nos explicó en francés que hace mucho tiempo atrás vivían personas allí. Entendí que eran bereberes pero luego en el hotel me dijeron que portugueses. Me pregunto cuándo fueron realmente utilizadas y quiénes fueron sus habitantes. Nadie supo decirme mucho sobre ellas, ni siquiera Mr. Google. Tampoco sobre el campo de piedras levantadas que, según el bereber, era un cementerio judío. En los tiempos en que Ait Ben Haddou funcionaba como ciudad de trueque en las rutas de comercio, la ciudad tenía un vecindario judío. Esa fue toda la información que pude obtener entre los locales e internet. Las cuevas nos dejaron más incógnitas que respuestas pero sin lugar a dudas fue la parte que más disfrute de la zona.

Nos despedimos de Ait Ben Haddou para continuar rumbo al Sahara Occidental.

Con una vista así…

HOSPEDARSE EN AIT BEN HADDOU

Si se llega sin reserva, hay que tener en cuenta que la mayor parte de la gente no se queda más de un día y hay muchos hoteles en los alrededores por lo que las tarifas son negociables. Allí me hospedé en Maison D’hotes Nouflla que es medianamente económico y queda cerca del Ksar. Hay hoteles de más categoría y lujos en internet. Es un sitio fácil para encontrar alojamiento cómodo, si bien no barato.

Ait Ben Haddou desde un hueco en la parte superior del Ksar.

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2 comments

  1. Hoy estuvimos con el mismo guía visitando los alrededores y cuevas y ¡genial! Nos comentó que las cuevas sirvieron de refugio en la década de los 20-30 en la guerra de los árabes contra los bereberes. Por si solventa algo la duda que mencionabas. La zona muy recomendable siempre y cuando se huyan de las concentraciones y lugares más turísticos.

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