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#2 El viento siempre está – Viajando a Rio Gallegos

Llegué a Madryn y me quedé un día en casa de una familia muy solidaria que me recibió con los brazos abiertos, un destornillador para arreglar la manija de mi freno y mucha información sobre el sur.

Madryn es tan lindo que me llamaba a quedarme. Su gente con acento porteño pero su tranquilidad sureña, su mar azul, la playa, el calor y sus casas bajas pero pintorescas hicieron que dude sobre seguir ruta de esta forma, rápida e inclemente con mi memoria. El frío me obliga si quiero llegar al sur.

Familia Puerto Madryn
Despidiéndome de una familia motera que me recibió. Aprendí mucho de madryn, del sur, de manejo y de peces.

Al día siguiente me calcé la poca ropa de invierno que me quedó luego de que me robaran gran parte de mi abrigo en una estación de servicio (gasolinera) por confiada. La gente me da tanto que compensa para no amargarme por esas cosas. Una mala noticia después de mil buenas no se siente y menos si es algo material. Es verdad que hace falta publicidad de los buenos actos y eso es lo que intento transmitir. Desde que comencé a viajar todos los que me cruce se dieron cuenta de que “hago camino al andar” con poco y me fueron ayudando a equiparme. Tanta gente buena, tantos platos de comida, camas y techo que tengo alegría y sorpresa para esparcir. Siempre hay cosas buenas, hasta en los momentos difíciles. Basta con levantar la mirada y dejar de entornar los ojos.

Sabía que tenía solo un día para prepararme y hacer frente las inclemencias de estas tierras hermosas y bravas. Partí a las 8:30 AM rumbo a Comodoro Rivadavia. 430 kilómetros de gasolineras vacías parando para usar la gasolina que había cargado, siguiendo el consejo de la familia que me hospedó, en mis dos bidones auxiliares. Cada vez que paraba alguien me reconocía y me preguntaba si era la que salió en el diario. Es extraño que te reconozcan y a la vez gratificante la sonrisa y calidez que te brindan. Un señor motero me vio pasar por el edificio de su trabajo y me siguió hasta donde paré a cargar el tanque, para compartir unos minutos. Más tarde, varias veces tuve que encajar mi mano enguantada dentro del casco para secarme las lágrimas. ¿Lágrimas? Sí, la emoción a veces es más fuerte. Tenía tanto miedo de mi tierra amada y estoy descubriendo que “mi pueblo” también es solidario; estoy comenzando a amarlo pero esta vez por su gente.

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El sur está plagado de brasileros en BMW que van camino a Ushuaia. Y eso que ya no es temporada porque me dijeron que en enero están por todos lados. Fue lindo escuchar de nuevo ese acento alegre.

También lloré por esas cosas que te brinda la moto y que a veces siento que solo una persona que ha salido montada en solitario puede comprender. Intento en vano una y otra vez describirlo con palabras. A pesar del ruido del motor no me siento aislada como en un auto (carro), parte del mundo me abraza y me protege. Los guanacos levantan sus cabezas frente a mi presencia, el viento me arrulla (a veces demasiado), los ñandúes corren a un lado con el ruido de la bocina y las montañas me brindan la infinidad misma. Quisiera poder ver a otro sintiendo lo mismo a la par, pero comprendí desde un principio que hay regalos que son solo para disfrutar en solitario, para henchir el alma.

Las ráfagas de viento eran fuertes. En un momento temí por Sami dado mi poco conocimiento de su andar. La quinta entraba pero no quería llevarme a más de 80 km/h mientras que en cuarta iba como mucho a 90 km/h. ¿Se rompió? Me preocupé hasta que entendí que la cuarta hace más fuerza que la quinta y puede más contra el viento. Una moto que levanta hasta 120 km/h apenas llegaba a 90, y si es que llegaba. El viento no me dejaba pararme y apenas atinaba a bajar la cabeza para usar el parabrisas como protector ya que mi cuerpo hacia de vela y empujaba la moto aún más de costado con riesgo de salir de mi carril. ¿Esto es el famoso viento patagónico? Ni por casualidad. Era leve y de todas formas sentía que debía tener cuidado. Gracias al cielo que no soplaba a 90 km/h como a veces suele hacer.

Los camiones y los autos fueron implacables, algunos por falta de conocimiento y otros por falta de interés. Si conducís, intentá, por favor, usar el carril contiguo para pasar una moto. Su equilibrio es frágil si hay viento y pasar rápido a su lado puede generar un movimiento del manubrio que derive en un accidente. Sobre todo aquí y sobre todo si manejás un camión ya que arman remolinos y ráfagas enfrentadas en su cola. 430 kilómetros de esfuerzo con paisajes que ameritaban parar un poco, aunque no podía dado el horario. El reloj seguía girando. 4 PM llegué a Comodoro cansada, con frío, feliz y con un poco de miedo de los vientos mucho más fuertes de los que conocí hasta el momento que me esperaban hasta Rio Gallegos.

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Esa noche desde el camión… no les adelanto shhh. A seguir leyendo. 🙂

Las últimas dos horas de viaje fueron duras porque ni la música ni las paradas lograban hacer que dejara de cabecear del sueño. Cuando veía que no podía contra el cansancio paraba a despabilarme un poco. Además, muchos me hicieron señas de que mi rueda delantera “flameaba” (con esto me refiero a que se movía demasiado de un lado al otro). Cuando la miraba estaba derecha y bien. El problema es que tengo 60 kilos todos sobre la rueda trasera y distribuidos bien detrás. Mis 45 kilos no alcanzan para balancear un poco el peso lo que hace que la rueda delantera quede casi suspendida. La rueda liviana, a su vez, provoca inestabilidad en el volante y es más difícil de controlar. ¿Peligroso? Un poco, tengo que ver cómo lo soluciono.

En Comodoro una familia que no conocía me iba a hospedar. Él trabajaba en el hospital y salía 5 PM por lo que me tocó esperar una hora en una estación de servicio (gasolinera). Justo cuando me mandó un mensaje diciendo que venía por mí, me llamó uno de los camioneros que estaban descansando en su vehículo. Me ofreció un mate y comenzamos a conversar sobre los viajes y la vida. Se rió a carcajadas cuando le dije que había viento, al parecer era un día hermoso. También se preocupó cuando se enteró que hace tan solo dos años aprendí a conducir moto y me pasé el último año accidentada sin poder aprender un poco más. Le pregunté hacia dónde iban y pronunció las palabras mágicas “Rio Gallegos”. Apenas le consulté si podía cargar a Sami e ir con él le consultó a su compañero y comenzaron a planear cómo subirla al camión que no tenía rampa. El señor que me iba a hospedar llegó y entre mil pedidos de perdón míos subió con Sami a una loma de tierra y, con un poco de malabares, la ataron entre los tres al camión. Quedó amarrada. Entre abrazos, agradecimientos y sonrisas del tipo “no puedo creer lo que me está ocurriendo” (bastante común en estos días pero manteniendo la intensidad del primero) me subí al gigante enlatado que me llevaría a destino. Con Sami nos ahorramos más de 800 km/h con vientos fuertes. Muchos me dirán que “así cualquiera” pero a veces se trata de saber las limitaciones propias y no jugar con la vida por terquedad o intentar auto-demostrarse que se puede. Yo sé que puedo, pero prefiero evitarme malos tragos. El viento al otro día soplaba tan fuerte que había tirado un camión en la entrada de la ciudad. De a poco aprendo mis límites, lo que no quiere decir que luego no los supere: siempre por más.

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El camión tiene cama, agua, anafe, televisión para pasar DVD’s, un buen equipo de música y acá hasta mate. Un lujo necesario para alguien que puede pasar dos meses durmiendo allí solo y bañándose en las gasolineras (te cobran 20-30 pesos).

El viaje en camión duró casi dos días. El camionero fue simpático y amable. El camión es muy cómodo, con una cama de una plaza colocada detrás de los asientos, televisión para ver DVD’s, equipo de música y lugar para poner el mate. Mi instinto porteño me dice que por las dudas, más allá de las intenciones, siempre deje en claro que no soy una niña indefensa. Antes de subir al camión puse en Twitter una foto de ellos con la matrícula del vehículo y le hice saber que la gente estaba pendiente, que a muchos les gustó la foto y que me hayan ayudado. A veces peco de confiada, pero de desconfiada creo que no. Mejor sentirse segura cuando viajás sola y ésta es mi forma. El viaje transcurrió entre risas, mate, galletas e historias de vida. Agradezco de todo corazón a ambos camioneros que me trataron tan bien y se preocuparon por mi bienestar a cada momento.

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Con Pablo al lado de Caprichosa, su Gilera que hace honor a su nombre. 😛

Ahora en Rio Gallegos finalmente tengo tiempo para escribir un poco, me hacía falta. Otro bloggero motero me acompañará a Ushuaia por los caminos de ripio. Acá en el sur pueden pasar 200 kilómetros sin señal en el teléfono móvil por lo que la compañía me deja más tranquila frente a un posible accidente. No creo que pase nada, de a poco voy aprendiendo y entendiendo el arte del motociclismo. Pero siempre es mejor prevenir, sobre todo en moto. Entro cada vez que puedo a la página de WindGuru para chequear la dirección y la velocidad del viento para poder elegir el mejor día para continuar. “El viento siempre está”, me dijeron; el viento siempre está, te lo puedo asegurar. Solo queda pedir al cielo un viento clemente, de esos que te empujan por detrás.

Necochea – Bahía Blanca

Agarré por la ruta 228 hasta Tres Arroyos y luego la 3, ambas en buen estado.

KM: 370

Gasolina: 10 litros

Bahía Blanca – Viedma

Agarré por la ruta 3, en buen estado con algunos desvíos.

KM: 300

Gasolina: 8 litros

Viedma – Las Grutas

Agarré por la ruta 3.

KM: 190

Gasolina: 6 litros

Las Grutas – Puerto Madryn

Agarré por la ruta 3. Hay que tener cuidado porque a mí en Marzo de 2015 me tocaron varios desvíos de ripio por estar asfaltando y además, de a pedazos, está en mal estado. Además fijarse bien por qué acceso conviene entrar, el primero es menos complicado.

KM: 270

Gasolina: 10 litros

Puerto Madryn – Comodoro Rivadavia

Agarré por la ruta 3, hay que mirar en WindGuru el pronóstico del tiempo porque a partir de aquí comienza el patagónico que sopla fuerte y de a ráfagas. La ruta tiene muchas subidas, bajadas y zig-zag con curvas peligrosas. Cuidado con los camiones y con la gasolina ya que mi moto pasó de consumir 2,7 litros cada 100 km a 4 litros. Por otro lado, conviene cargar incluso los bidones auxiliares porque hay dos gasolineras en el medio del camino que no suelen tener gasolina. Consejo: pará en cada gasolinera y cargá así sean sólo dos litros por las dudas.

KM: 430

Gasolina: 18 litros

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13 comments

  1. Eso de señor motero que salio del trabajo, si lo decis por la edad me mataste jajaj

  2. marcelo troncoso

    Amiga, te voy siguiendo, que hermoso viaje te felicito !!!. Cada día que pasa aprendes algo sobre tu moto y sobre la gente del sur que es muy cálida a pesar del viento frio del sur ja! . Cuídate mucho Guada un beso enorme !

    • Tal cual Marce! Y a Sami cada día la amo más. Hoy me pelie con Pablo porque le tocó el ahogador y se lo dejo puesto jajaja, ya la cuido como si fuera un caballo. Los de Latitud 54 Sur me iban cuidando detrás, me los encontré en la panadería esperando y me dijeron que vos les habías dicho. Sos un amor!

    • Tal cual Marce! Y a Sami cada día la amo más. Hoy me pelie con Pablo porque le tocó el ahogador y se lo dejo puesto jajaja, ya la cuido como si fuera un caballo.

  3. JORGE GRYNCWAJG

    GUADA: CON MI HIJO ESTAMOS SIGUIENDOTE CON MUCHA ATENCION,, LO UNICO QUE TE PIDO QUE TE CUIDES MUCHO Y QUE TODAS LAS PREVISONES QUE HAGAS SIEMPRE NO LAS CONSIDERES DE MAS, CUANDO JOVEN TAMBIEN TUJVE LINDAS EXPERIENCIAS Y SIEMPRE REPITO QUE EL SOLDADO QUE SE CUIDA SIRVE PARA OTRA GUERRA. MUCHA SUERTE !! Y VAMOS…. QUE NO HAY ENTREGA….

  4. Marcelo Guerra ( Marcelo Mika )

    Hola Guada !! muy buen relato, muy osada tu aventura, como dice Jorge, nunca dejes de ser prevenida, dicen que las personas prevenidas tienen menor propencion a los accidentes u otros tipos de fatalidades.

    La verdad que yo siempre confio en las personas, como vos, o como cualquiera que sea buena persona, confiamos porque consideramos al otro como a nosotros mismos, pero tomar precaucion no siempre alcanza, a veces es mejor tomar distancia, sin prejuzgar pero sin arriesgar o sin tener que estar atento y precabido.

    En este punto ya sabes a que me refiero, al subir al camion corriste un riesgo enorme, mas que si hubieras recorrido 800 km de ruta, por mas foto que envies, al momento de una desgracia sera una foto mas, y alguien podra argumentar, la bajamos en tal lado, y nos despedimos…

    Por favor no te confies tanto, suena un tanto cargoso no ? pero esto siempre me lo decia mi abuela.
    Te mando un gran abrazo, cuidate y se feliz. 😉

  5. Te felicito por tu viaje por la región mas hermosa del país! Seguro cuando estes llegando a Ushuaia vas a pasar por el Paso Garibaldi uno de los paisajes ruteros mas hermosos del sur!
    Hablando de road trip, te dejo en mi blog un posteo con soundtrack si te gusta para disfrutarlo en tu viaje!
    https://conurbanadeviaje.wordpress.com/2015/03/21/vengo-a-proponerles-un-soundtrack

    Saludos y cuidado con los vientos patagónicos! 🙂

  6. eduardolujan

    te sigo desde que saliste y admiro lo que estas haciendo, cuidate y segui porque los sueños se siguen. te admiro guada.

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